Catalogan el arte mural de Nuevo León en un libro

Los investigadores Alberto Compiani y Víctor Cavazos realizaron el recuento.
"El mundo regido por la química", de Guillermo Ceniceros, en la fachada de Ciencias Químicas de la UANL.
"El mundo regido por la química", de Guillermo Ceniceros, en la fachada de Ciencias Químicas de la UANL. (Especial)

Monterrey

Parecería extraño que en pleno siglo XXI Nuevo León no tenga catalogado todo su arte. En lo que respecta a murales, este año vio la luz uno de los pocos esfuerzos por registrar lo que se tiene pintado en los muros, se describa la biografía de sus autores y se muestre el grado de conservación.

Los investigadores Víctor Cavazos y Alberto Compiani realizaron un esfuerzo por mapear la ubicación de los frescos más representativos del estado en el libro Murales, patrimonio artístico de Nuevo León.

Editado por Conarte, el documento nos presenta las obras de reconocidos artistas de todo el siglo XX como Gustavo García Gloryo, Crescenciano Garza Rivera, Federico Cantú o Guillermo Ceniceros.

"Son los murales más representativos, claro, bajo nuestro criterio, de Monterrey y el área metropolitana. Fuera de ella, son pocos los casos que existen en el estado", comentó Compiani.

Iglesias, escuelas y museos

El documento pretende ser una guía, lo más completa posible, sobre la historia de las piezas.

Nombre del autor y pequeña biografía, técnica utilizada, ubicación y estado de conservación son algunos de los datos. Sin embargo la escasa biografía existente hizo más difícil el trabajo.

"Hay pocas referencias, incluso hay dos autores de quienes prácticamente desconocemos su biografía, uno de ellos es el autor del mural que está en la cafetería del Tecnológico", apunta Compiani.

Salvo pocos ejemplos, los murales de NL poco o nada tienen referencia a los ideales marcados por el movimiento muralista mexicano y difundidos por Diego Rivera, Orozco y Siqueiros.

Los pocos ejemplos son los de Gustavo García Gloryo, que hoy se conservan están en el fresco inconcluso de la Casa del Campesino (lo terminó Crescenciano Garza después de la muerte de Gustavo) y en las escuelas Revolución, Francisco I. Madero y Abelardo L. Rodríguez.

Con el paso de los años la ciudad empezó a demandar de esta técnica artística, lo que provocó piezas de estilos originales (Ceniceros, Cantú o Fermín Revueltas), pero sin un eje temático que los uniera.

"En nuestra opinión son murales adecuados a los edificios con sus propias necesidades, no hay algo que los conecte en sí", opina el investigador.

En la ciudad hay murales en escuelas, universidades, museos, espacios culturales, iglesias, plazas y en el Paseo Santa Lucía, o al menos los registrados en el libro.

Comisión de Monumentos

Salvo contados casos, las obras murales existentes en la ciudad se conservan en buen estado. En el recuento presentado por el libro hay pocos casos en donde el deterioro sea mayor. El principal, quizás, es el de Guillermo Ceniceros en la biblioteca municipal de Monterrey La Ciudadela.

"Incluso la fotografía del libro demuestra ese deterioro. Tengo entendido que se logró sellar el edificio, además de que Conarte ha gestionado recursos para su restauración.

"Ya es necesario que una ciudad tan grande como Monterrey tenga un comité de monumentos que decida cómo embellecer ciertos sectores", señaló Compiani.