Caso Kombo Kolombia: aún hay interrogantes

Durante las investigaciones las autoridades sólo han detenido a un sujeto identificado como "El Erus", implicado en el hecho.

Monterrey

A un año de distancia, el asesinato de los integrantes del grupo musical Kombo Kolombia sigue sacudiendo las fibras más sensibles de un aparato de seguridad que a lo largo de 12 meses debe respuestas a la sociedad.

En enero del año 2013, la noticia que como reguero de pólvora llegó a todos los rincones de Nuevo León, el país y el mundo, llenó de angustia también al amplio sector de los espectáculos.

El 24 de ese mes, la desaparición de todos los miembros del grupo alertó a las autoridades estatales y federales.

A pesar de que el rumor recorría las redes sociales y los familiares de los músicos interponían la denuncia, para la Procuraduría de Justicia esta información tenía que ser corroborada por las investigaciones.

Posteriormente, las mismas autoridades decidieron emprender un dispositivo de seguridad para la búsqueda y localización de los integrantes del grupo.

Las horas pasaron y no había indicios, ni información alguna que ayudara a encontrar una pista para dar con ellos; las esperanzas de encontrarlos con vida comenzaba a disiparse.

Pero el amanecer del día siguiente, una ilusión hizo volver una esperanza, uno de los miembros del grupo de nombre Elmer Iván Cuellar, logró escapar de sus captores, caminó descalzo entre matorrales, cactus y plantas espinosas alrededor de dos kilómetros, llegó hasta un rancho ubicado al sur del lugar donde fueron asesinados sus compañeros.

Al amanecer, los dueños de esa propiedad solicitaron ayuda a miembros del Ejército y después agentes ministeriales confirmaba la presencia del sobreviviente.

La única referencia para dar con el lugar donde habían sido asesinados los integrantes del grupo era un molino de viento.

Finalmente localizaron un rancho denominado El Coyote; en una noria de 20 metros de profundidad por un metro de ancho, estaban los cuerpos de los músicos.

A doce meses de la tragedia, la Policía Ministerial del Estado continúa con las investigaciones, los detectives buscan respuestas, pero para ello primero tienen que detener a todos los involucrados.

Durante este tiempo, las autoridades detuvieron a un sujeto que sólo fue identificado como El Erus, un delincuente que participó en el múltiple asesinato.

Ante la Policía Ministerial delató al resto de los presuntos asesinos y dijo que todo fue ordenado por una célula del crimen organizado perteneciente a un cartel que opera en Tamaulipas.

A un año, la Policía tiene plenamente identificados a los criminales, cuenta con el nombre de por lo menos 10 sujetos que la noche del 24 de enero plagiaron al grupo en las instalaciones del bar La Carreta, en el municipio de Hidalgo, Nuevo León.

La Procuraduría de Justicia ha pedido colaboración a varios estados de la República, pero hasta el momento no ha habido respuesta, sin embargo al cumplirse un año de la tragedia podría dar buenas noticias.

Pero donde el dolor aún se respira y la nostalgia de lo que pudo ser continúa, es en casa del vocalista Carlos Alberto Sánchez Aguirre.

Rosa Isela González, su viuda, lo recuerda en medio de una habitación donde las fotografías la trasladan a ese tiempo de alegrías y amor.

Para ella fue muy difícil desde el primer día en que corrió la noticia "fue un proceso largo y frío, fue una angustia permanente", dijo mientras observa una de las fotografías de Carlos.

A doce meses de lo sucedido señala que: "Para mí fue como una pesadilla, despertar por la mañana y no verlo, pensaba que era un sueño".

Pero la realidad era otra, sin embargo expresó al ser entrevistada en su casa que si tuviera la oportunidad de volverlo a ver: "no le diría nada... solo..." pero la angustia y el dolor del perder al ser amado no la dejaron terminar la frase y sus ojos se llenaron de lágrimas.

Las huellas

La masacre de los integrantes del grupo musical fue ordenada por una célula del crimen organizado perteneciente a un cártel que opera en Tamaulipas, según reveló el único detenido.

En el rancho El Coyote, la noria donde se hallaron los cuerpos ya fue clausurada, los blocks que cubrían su alrededor fueron retirados y la maleza comenzó a crecer.

El local donde está La Carreta, sitio donde fueron levantados, luce abandonado, lo que en una ocasión era un barandal de protección, ahora luce como una estructura oxidada.