Con la Arena Monterrey a medias, Jaime Rodríguez da florido discurso a "la raza"

En un acto más popular que formal, con la Arena Monterrey a poco más de la mitad de su capacidad, fue inaugurado el gobierno de Nuevo León, encabezado por un independiente por primera vez en México.
El programa arrancó luego de una hora de retraso.
El programa arrancó luego de una hora de retraso. (Roberto Alanís)

Monterrey

En un acto más popular que formal, con la Arena Monterrey a poco más de la mitad de su capacidad, fue inaugurado el gobierno de Nuevo León, encabezado por un independiente por primera vez en México.

Ni la llovizna evitó que se llevara a cabo la cabalgata del evento inaugural; no obstante, sí se reflejó en la asistencia.

Además, el inicio de este acto –que no tuvo nada de protocolario–, comenzó una hora y cinco minutos después de la hora establecida.

Dos medallistas olímpicos, Daniel Bautista y Raúl González, El Matemático, cambiaron las pistas de carreras por la coordinación del acceso de invitados especiales, a quienes repartieron las invitaciones.

Dos horas antes empezó el arribo de los invitados especiales al evento, los alcaldes electos y salientes se confundieron entre los gobernadores de las distintas entidades federativas, entre ellos Miguel Ángel Mancera, titular del Gobierno del Distrito Federal.

A diferencia de la gente, ellos ocuparon el área donde se instaló el escenario circular en el que sólo subió el gobernador Rodríguez Calderón.

Como la espera a muchos se les hizo larga, la Orquesta Sinfónica de Monterrey "Esperanza Aztecas" interpretó cuatro melodías, empezando con el Huapango de Moncayo.

Destacaron los colaboradores principales como Fernando Elizondo Barragán, a quien se designará coordinador de Gabinete, quien por cierto arribó con sombrero puesto, pero al ubicar su lugar, se lo quitó y entregó a un asistente.

Manuel González Flores, flamante secretario General de Gobierno, prefirió estar de pie y hacer recorrido por el auditorio.

Los asistentes observaron por las pantallas al Bronco llegando a caballo hasta la entrada de la Arena, era el tiempo justo (11:55) para iniciar el evento a la hora en que se fijó.

Cuando algunos de los presentes empezaban a aplaudir reclamando la presencia del gobernador, Jaime Rodríguez apareció en la puerta de entrada al auditorio y se desgranó la ovación, como cuando los toreros hacen el paseíllo o los integrantes de un equipo de fútbol entran a la cancha entre ovaciones, porras y una algarabía general.

Tardó 12 minutos en llegar al estrado circular por los saludos de la gente del lado derecho del pasillo de acceso.

Su mensaje –que más una plática que un discurso– fue muy largo, haciendo gala del vocabulario popular, con algunas malas palabras, lo que le gustó a la raza.

Sus primeras palabras fueron: "¿Alguien de los aquí presentes recibieron un lonche para que vinieran? Y se escuchó un rotundo y prolongado: "¡Noooooo!".