Las asoleadas no le quitan su amabilidad ni la sonrisa

Lupita de 34 años, tiene cinco laborando como tránsito en Torreón. Siente que es el rostro y el reflejo de una corporación y que así debe ser para atender al ciudadano.
María Guadalupe Aguilar de 34 años.
María Guadalupe Aguilar de 34 años. (Cecilia Rojas)

Torreón

María Guadalupe Aguilar de 34 años, llamada cariñosamente Lupita, tiene cinco años laborando como oficial de Tránsito y Vialidad de la Dirección General de Seguridad Pública y Protección Civil de Torreón.

Compartió que decidió acudir a la corporación ya que no tenía trabajo. Probó suerte y logró pasar todos los exámenes quedándose finalmente con el empleo con el que vive dignamente su familia.

"Trabajé casi en puras maquiladoras. La verdad gano más aquí que en cualquier otro trabajo que haya tenido y me gusta laborar", indicó.

Es orgullosa madre de una jovencita de 13 años y un niño de siete. Al principio de su trabajo como tránsito, se le dificultaban las cosas por los horarios, ya que tenía que estar en la Academia prácticamente todo el día.

Durante un año y medio fue de los tránsitos llamados pedestres y su crucero era periférico y bulevar Revolución. Las asoleadas eran muy buenas, pero eso no la hizo rendirse e incluso expresó que su trabajo no es de riesgo, pues nunca se ha sentido en tal.

Manifestó que le gusta todo en su labor diaria: la gente, dar vialidad a los vehículos y sobre todo, cuando la ciudadanía les manifiesta su agradecimiento por su trabajo.

"Lo peor es cuando nos toca ir a accidentes donde hay decesos, sobre todo si se trata de niños”, añadió.

Su trato es amable y sonriente siempre, porque siente que es el rostro y el reflejo de una corporación y que así debe ser cuando se atiende a alguien: "yo me quiero jubilar aquí si Dios quiere".

Y hablando de Dios, puntualizó que se encomienda a diario a Él, pues como en todos los trabajos "sale uno pero ya no sabe si va a regresar".