Mendicidad infantil toma las calles de Saltillo

Lo mismo se les ve vendiendo dulces que pidiendo limosna en el exterior de tiendas de conveniencia, tocando algún instrumento musical, o simplemente estirando el brazo.
Padres de familia que utilizan a sus hijos para obtener el sustento del hogar.
Padres de familia que utilizan a sus hijos para obtener el sustento del hogar. (Infonor)

Saltillo

La mendicidad infantil se ha arraigado en Saltillo, alentada por padres de familia que utilizan a sus hijos para obtener el sustento del hogar, tolerados por autoridades que se muestran indiferentes ante un fenómeno que se da a la vista de todos, en la vía pública y de forma recurrente.

En un claro contraste con los mensajes publicitarios que diversas instituciones pautan en los medios de comunicación recordando que los niños tienen derecho a un sano crecimiento, educación, juego, cultura y deporte, los infantes que mendigan se han vuelto una presencia permanente en distintos sectores y establecimientos.

Lo mismo se les ve vendiendo dulces que pidiendo limosna en el exterior de tiendas de conveniencia, tocando algún instrumento musical, o simplemente estirando el brazo y una lata para pedir una moneda mientras su padre es el que toca. O los hay también que recorren sin falta tres veces por semana las mismas calles de colonias residenciales para hurgar en la basura.

Aunque los programas oficiales de protección y difusión de los derechos de niñas, niños y adolescentes ponderan que se busca promover estrategias encaminadas a generar cambio social para hacer de los derechos de los niños y adolescentes una práctica cotidiana en las familias y la comunidad, hay indiferencia ante quienes son llevados por sus padres a la mendicidad y la pepena.

Prácticamente todos los días, tanto en las mañanas como en las tardes, en la calle peatonal Padre Flores de la Zona Centro, en Saltillo, hay un hombre que toca el acordeón, en ocasiones lo acompaña una niña, en otras un niño, que aparentemente son sus hijos y se encargan de pedir una moneda a los peatones.

También es recurrente ver a una señora con su hijo en el Oxxo ubicado en la intersección de las calles Tezcatlipoca y José Musa de León, en la colonia Los Pinos, a veces pidiendo limosna por abrir la puerta, otras pocas veces ofreciendo chicles o cualquier otro producto.

Piden dinero en la calle y recolectan basura.


La pepena también es una forma de aprovechar la energía de los niños, así como la conexión por medio de lástima que generan con los posibles contribuyentes de una limosna monetaria o en especie. En colonias del norte de la ciudad, desde hace un par de años y sin falta, un grupo de pepenadores se dan cita los días lunes, miércoles y viernes –días de recolección de basura– para pepenar en las bolsas que esperan el paso de camión; de vez en cuando, incluso, tocan en las casas para pedir artículos que ya no usen que les puedan regalar.

El grupo lo componen adultos y niños de diferentes edades. Algunos de los menores ahora han tomado por costumbre instalarse en la sucursal de la cadena 7-Eleven ubicada en la carretera a los González y la calle Jazmines, para pedir dinero o comida a los clientes de la tienda. Este grupo está evidentemente bien organizado, ya que al terminar el "día laboral", una camioneta pasa por ellos. Antes de subirse, y con la caja de la camioneta abierta, seleccionan las cosas que les son de utilidad, para después, retirarse.

Dentro de la Ley para la Protección de los Derechos y Deberes de las Niñas, Niños y Adolescentes del Estado de Coahuila, el artículo 28 establece que "las niñas, niños y adolescentes tienen derecho al descanso, recreación, esparcimiento, deporte y juego".

En el caso de los niños que están en la mendicidad, esos derechos al parecer no se ejercen a plenitud.