Ha visto de todo en 29 años de servicio

La Cruz Roja atiende 70% de los traslados de urgencias en todo Jalisco. Ha dado ayuda a otros estados y países.
Marco Hernández acudió como rescatista a Haití en 2010.
Marco Hernández acudió como rescatista a Haití en 2010. (Alejandro Acosta)

Guadalajara

Caminábamos y los cuerpos bajo nuestros pies iban brotando, […] íbamos con cuidado para no pisar”, recuerda Marco Antonio Hernández Escoto, quien ha visto de todo en 29 años de servicio en la Cruz Roja Guadalajara. Entre otras cosas, el estado de destrucción en quedó Haití, el país más pobre del mundo, sacudido por un terremoto en 2010 que dejó cerca de 220 mil muertos.

Este tapatío acudió como líder de la célula de la Cruz Roja. Además iban células de Bomberos de Guadalajara y de la Unidad Estatal de Protección Civil. Todo el grupo estaba capacitado en la búsqueda y rescate en estructuras colapsadas y Marco era miembro de esta unidad (BREAC). “Desde el principio sabíamos que no iba a ser fácil, […] 36 horas para poder arribar cuando debimos llegar en 12 [había filas para aterrizar] nos quedamos en República Dominicana y dormimos en el suelo, eso es lo de menos. El país estaba devastado. Imagine la calzada Independencia llena de cadáveres y de escombro, […] no podían transitar los carros, ni nosotros, íbamos brincando”.

Los tapatíos lograron cumplir con las órdenes, a cargo de los Cascos Azules. Había toque de queda. “Ellos nos escoltaban al lugar y nos marcaban el tiempo, no pudimos trabajar de noche”, dice. Así rescataron los cuerpos de personajes importantes ligados a la política (el suegro del presidente del país, entre ellos) y de gente común y corriente. Se dice satisfecho. “Cruz Roja tiene limitaciones para salir, pero a la fecha sigue ayudando, con gente, con centro de acopio”.

La experiencia en Haití lo marcó. Y aunque la magnitud varía “cada caso es una historia”, opina. Antonio Hernández no lleva la cuenta de los desastres que ha asistido. Los servicios cotidianos, son los accidentes viales en la zona metropolitana de Guadalajara, cuyo número ha visto crecer con los años, a medida que hay más avenidas y más vehículos. “Primero atropellados, luego choques”, enumera, tras mostrar las “quijadas” de la vida, con las cuales cargan los paramédicos de la Cruz Roja para poder rescatar a personas prensadas entre los fierros en que se convierten los autos.

Un conductor degollado, otro ebrio que no dejaba de insultarlo porque “se tardaba” en rescatarlo de la barranca de Huentitán cuando chocó y su carro quedó en un voladero; niños rescatados de inundaciones, una mujer de la colonia más miserable que le extendió todas las monedas que le quedaban agradecida porque ayudaron a su nieta, accidentada al caer de un columpio… “Yo le decía que no era necesario, más bien me daban ganas a mí de darle para el camión y ella se sintió herida porque pensaba yo me negaba porque era poquito, […] no señora, le dije, y tomé las monedas e hice lo que me dijo: me compré una coca”, narra conmovido, aunque sucedió hace años.

Marco Antonio llegó a los 15 años a la Cruz Roja, invitado por su hermana a integrarse al Comité de Juventud. Dijo que no era lo suyo. Tras una breve ausencia en las vacaciones de verano regresó y al paso del tiempo se convirtió en el coordinador de este comité, a cargo de 400 adolescentes. Cursó la carrera de paramédico y creció con la institución. Hoy es el jefe de Guardia en la sede del parque Morelos, donde permanece en turno de 24 horas, de dos a tres días a la semana, al pendiente de coordinar los servicios de urgencias.

“La vida de las personas está en nuestras manos, no podemos jugar con eso. Podemos cocinar y que se nos quemen los frijoles, pero con la gente no. Tenemos que prepararnos”, sostiene este tapatío, quien también es bombero, esposo y padre de dos niñas, y al que le sobran las anécdotas en torno a su labor.