Violencia intrafamiliar, detrás de desaparecidas

El fenómeno de la espiral de violencia ejercida en contra de la mujer por parte de sus maridos, concubinos y ex parejas deriva en su muerte o en desapariciones no voluntarias.

Guadalajara

Una carta en la que pide “no me busques porque ni yo sé a dónde voy” recibió María de Jesús Cuevas Reyes de parte de su hija, quien desapareció la noche del pasado 4 de enero. Desconcertada, pero creyendo que “se había ido de nuevo con su esposo y luego volvería”, a la mujer de 60 años no le quedó más remedio que hacerse cargo de algo más que le dejó la Chuya, como llama de cariño a quien de pila lleva su mismo nombre: sus tres niñas de siete, cinco y dos años. Los días pasaron y la Chuya no volvió. Pese a la evidencia escrita, María de Jesús presintió que algo andaba mal: nadie en el barrio la había visto ni sabía de ella. Ni familiares, ni conocidos ni amigos. Ni su marido Alejandro Sánchez Ruiz, con quien tenía apenas un año de casada y ya estaba separada.

“Poco vivió con ella. La golpeaba y yo varias veces lo corrí. Cuando me di cuenta le dije que no lo quería aquí… De una golpiza la mandó hasta la Cruz Roja”, narra María de Jesús. Asegura que su hija decidió no regresar con Alejandro, de 38 años de edad, y muestra la denuncia por violencia intrafamiliar que la Chuya presentó dos meses antes de desaparecer, la cual describe de su puño y letra hechos que le imputa a su marido, quien la interceptó en plena calle, iracundo porque se negaba a volver con él: “Me amenazó diciéndome que me iba a matar a mí y a mis hijas, que no son de él, sino de mi anterior pareja… y empezamos a forcejear, hasta que nos ayudaron unas personas… llegó la patrulla y el oficial me dijo que lo iba a retirar del punto para que yo pudiera poner la denuncia”.

María de Jesús se ausentaba temporadas para viajar a Los Ángeles, California, ocasiones que el marido de su hija aprovechó para saltarse una barda e introducirse a la vivienda. Lo acusa de quitarle a la Chuya el dinero que ella le enviaba desde Estados Unidos para ayudarla con las niñas -el padre biológico las abandonó hace dos años- y de robarle objetos de valor.

El 12 de diciembre pasado, María de Jesús regresó de viaje y encontró al hombre en su casa. Lo corrió. La noche del 4 de enero entró al baño y al salir ya no estaba su hija. Supo después que ambos se fueron en un carro, que él se la llevó “cerca del aeropuerto”.

El 15 de enero presentó la denuncia en la agencia 24 de la Fiscalía del Estado por la desaparición de su hija María de Jesús Preciado Cuevas (A.P. 65/2015). A más de cuatro meses, sólo le dan largas. “Nada, no me han resuelto nada, y a él lo hemos visto, llega a casa de su mamá, se mete rápido por las noches… No da la cara”. La madre y otros familiares de él, le exigieron en tono amenazante que deje de andar preguntando por la Chuya. Que no saben nada. Y se niegan a recibir citatorios, alegando que él no vive ahí.

Quien identifica como “el jefe Quiroz, de la agencia de desaparecidos”, dio a la señora Cuevas las señas de un lugar en El Castillo, municipio de El Salto, y la envió a que buscara personalmente a su hija, afirmando “que estaba allá por gusto… Me dijo que hablaron (por teléfono) con Alejandro y él les dijo que ella estaba trabajando, que estaba bien, y no quería saber nada de mí, ni de las niñas”. María de Jesús hizo el traslado con sus propios medios, sólo para comprobar que en el lugar a donde la enviaron ni siquiera existe. A su hija se la tragó la tierra.

Desaire

El fenómeno de la espiral de violencia ejercida en contra de mujeres por parte de sus maridos, concubinos o ex parejas deriva en su muerte o en casos de desapariciones no voluntarias, como lo señala el Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de las Mujeres (Cladem). Sin embargo, denuncia el organismo, la indagatoria de estas denuncias es aún más desdeñada por las autoridades.

“(El jefe Quiroz) me dijo que mi hija no estaba extraviada, que tiene 29 años y él tiene casos de menores más importantes que atender”, refiere la madre abrumada por la corazonada de que la Chuya puede estar siendo retenida “en algún lugar de mala muerte… contra su voluntad, amenazada o drogada”, debido a toda la historia de violencia y a las amenazas. La señora ha suplicado al MP que obligue a declarar a su yerno, y en todo caso le presenten a su hija para encararla. “Si de verdad quiere regalarme a las niñas que me lo diga… yo no entiendo por qué se iría así, yo la conozco y por eso necesito que ella venga y verla de frente para saber que no le están poniendo a otra”, insiste. Mientras daba cuenta de sus tribulaciones, las pequeñas entraban y salían de la estancia. La mayor atendía parte de la historia. Fue testigo de cuando su madre salió esa noche de enero. Las otras, ajenas a su suerte, jugaban. La de cinco años padece una discapacidad, y le negaron el ingreso al preescolar público.

“Me preguntan por su mami”, admite María de Jesús, quien mantiene a sus nietas con la ayuda económica de un hermano y otra hija.

La desaparición de María de Jesús Preciado Cuevas, de 29 años de edad y madre de tres niñas, se pierde en el mar de denuncias de “personas no localizadas” que atiende la Fiscalía General del Estado de Jalisco: poco más de 2 mil 200 denuncias que se han acumulado de 2006 a la fecha. Si no hay avances en casos donde la desaparición no voluntaria está plenamente acreditada -e incluso las familias de las víctimas señalan a policías de estar involucrados en levantones-, los asuntos relacionados al complejo fenómeno de la violencia intrafamiliar parecen tener peor destino que la postergación: el rechazo casi inmediato de la autoridad.

A María de Jesús desde el principio la juzgaron con un ‘se fue porque quiso’. Ante su insistencia, la enviaron de un lado a otro. Hasta la derivaron a Justicia Alternativa. “Lo último es que la licenciada Violeta Meza se comprometió a localizar a mi hija”, dice. Tras dos meses sin ninguna comunicación, la funcionaria le aconsejó ratificar una denuncia por abandono de menores en contra de la Chuya. De su paradero nada. “Nada, nadie sabe nada… como si se la hubiera tragado la tierra”, repite. Y vuelve a clamar ayuda para encontrarla.