“Hay que trabajar, no hay que hacerse güeyes”

Alejandro Colunga reivindicó la dignidad y el papel creativo de los artistas, también recordó que sigue vigente la deuda de un museo para los artistas de Jalisco.

Guadalajara

Dignidad es lo que los artistas tenemos. (Y) no le vamos a pedir limosna ni al gobierno ni a los millonetas. Simplemente nunca nos han dado nada. Hay que trabajar, no hay que hacerse güeyes. Trabajar muy duro y no hay que perder la dignidad. Los artistas hacemos lo que tenemos que hacer que es nuestro trabajo creativo que ya de por sí es muy duro, sumamente duro, de mucho sacrificio y de 25 horas diarias. A nosotros no nos toca pedir limosna, nunca nos van a dar nada. Si no arreglan los pinches baches, ¿ustedes creen que nos van a dar para la Cultura?” Alejandro Colunga se escuchó sereno pero firme, cuando respondió así a la intervención de  Arturo Camacho durante la mesa redonda sobre los XXX años de pintura en Jalisco, convocada por la periodista Yolanda Zamora como parte de la celebración de los 30 años de su programa de radio A las 9 con Usted.

 El crítico de arte, columnista de MILENIO JALISCO, profesor y funcionario público, Arturo Camacho, propició la respuesta del pintor Colunga cuando señaló: “se ha perdido la influencia de los artistas en la decisión de las políticas culturales. Lo estamos viendo en la dirección de la televisión pública, lo estamos viendo en todos los planos, con gente que no tiene la experiencia ni el conocimiento. Me preocupa que todas las instituciones se dediquen al arte contemporáneo porque es la moda, ¿dónde vamos a seguirle enseñando a la gente la pintura? ¿Por qué no trabajamos para tener mayor injerencia en esas decisiones del presupuesto?, me parece muy grave que el Instituto Cultural Cabañas se haya quedado con los 17 millones de pesos. Con el alquiler  para fotos y bodas no va a completar para lo que se necesite”.

 Los asistentes a la mesa sobre los XXX años de Pintura en Jalisco, realizada la noche del viernes 31 de enero pasado, llenaron el salón de usos múltiples del Museo Raúl Anguiano (Mura). Además de Colunga y Camacho, participaron en la charla los pintores Toni Guerra, Luis Valsoto, Enrique Magaña, y Víctor Guzmán. También el secretario de Cultura del Ayuntamiento de Guadalajara, Ricardo Duarte. Además, entre los asistentes destacó la presencia de los galeristas Felipe Covarrubias, Enrique Lázaro, el curador Carlos Ashida, la maestra María Luisa Burillo, muchos de ellos, colaboradores de Yolanda Zamora en A las 9 con Usted. Todos recibidos por la anfitriona Patricia Urzúa, directora del Mura.

 Al comienzo de la charla, se logró trazar el retrato de la ciudad donde surgieron la mayoría de los artistas convocados. Resaltaron contrastes y similitudes con los tiempos que corren: “Si antes había dos galerías, ahora hay cuatro”, dijo socarrón Alejandro Colunga. “No se puede ver arte jalisciense, las colecciones de arte de la ciudad están guardadas, una en el Museo Regional, la otra en el MUSA (de la UdeG)”, dijo Valsoto. “Se sigue haciendo muy buena pintura figurativa en el estado, pero también hay que ver y observar todos los movimientos artísticos con nuevas formas de expresión”, afirmó Arturo Camacho.

Los nombres de maestros y artistas y galerías de arte, se sucedieron. Cada uno de los participantes desgranó sus experiencias y sus querencias. Se recordó al maestro Torre Blanca, al “galero” Alfredo Sánchez y su Ruta 66, probablemente la primera galería de la ciudad. Y se mencionó la importancia de galerías como Clave y Azul. Pero, sin duda las intervenciones más destacadas fueron las de Alejandro Colunga y Arturo Camacho.

 El crítico de arte, recordó como Luis Valsoto y el autor de la Mesa de los Magos, fueron los firmantes de aquel Manifiesto Vitalista con el que se inauguró en Guadalajara “lo que se conoce como una nueva figuración basada en mitos tradicionales que al ser tocados por el artista se convierten en una visión poética de la cultura.” Camacho recordó además que años después  pintores más jóvenes, entre ellos, Martha Pacheco, Javier Campos Cabello, Miguel Ángel López Medina, Irma Naranjo, tomaron el relevo de los Vitalistas con un proyecto llamado la Séptima Cara del Dado.

 También se llegó a bocetar la situación actual, y algunos de sus retos. Otra vez Colunga fue contundente: “Esta Guerra es pior. Sostenerse del arte es muy difícil en esta ciudad, con crisis o sin crisis porque yo no he visto más dinero en Guadalajara que hoy en día.  Vemos el crecimiento desmedido de riqueza centros comerciales a lo baboso, condominios, cotos, antros, restaurantes. Pero ¿y galerías? ¿Espacios para el arte?” Y recordó la deuda que avergüenza a muchos artistas locales:  “Un museo, un móndrigo museo de arte que se haya hecho expresamente (no tenemos). Porque recordemos  que es una quimera el museo, no hemos sabido luchar por un museo, no sabemos.  Este (el Mura) era un mercado de flores, el Musa era las oficinas de la Universidad, no fue creado para un museo, el Cabañas era un hospicio. Ya nomás falta que nos donen el Expiatorio para un museo”.

Enrique Magaña, apuntó: “Miguel Aldana dio muestra de lo que puede hacer el dinero por el arte. Él supo emplear su dinero, y ahora necesitamos el apoyo de la gente rica para que apoye a todos los talentos jóvenes”.

Ricardo Duarte, secretario de Cultura del Ayuntamiento de Guadalajara señaló que “hacen falta galerías que  permitan a los jóvenes empezar a foguearse y a formar una currícula que les permita llegar al museo, porque el museo tiene tarea de reconocer trayectoria”.  Toni Guerra agregó a esto la necesidad “de más reflexión, de que los espacios se conquisten. Creo que hay un gran apoyo a los jóvenes que los está echando a perder, estamos  fomentando una sociedad narcisista, de artistas con alto ego que apenas empiezan. Hace falta más rigor y más compromiso”.

  El galero Enrique Lázaro, enfatizó que no es limosna lo que se pide: “¿Saben cuánto le toca a un jalisciense para Cultura?, 20 centavos diarios, y de esos, 15 centavos se los lleva la burocracia. Hay artistas que han tenido dignidad  (pero) no es cosa de pedir limosna, es cosa de pedir lo que le pertenece a toda la sociedad: que se acabe la corrupción porque eso es la causa de todo, por eso no hay para nada”.

  Por eso resonaron, las palabras finales de Alejandro Colunga: “No se ofendan, pero creo que hay que trabajar, hay que ser honestos, actuar con la mayor pureza. Si se puede. ¡Claro que se puede! Se los puedo decir después  de 50 años”.