Ronda por los siete pecados capitales de los tapatíos

Siete historias que revelan a una ciudad en el entorno de una semana festiva que se ha secularizado de forma acelerada.

Guadalajara

Soberbia. Hace más de quince siglo, en el sur del Mediterráneo,  dijo Agustín, obispo de Hipona: “La soberbia no es grandeza sino hinchazón, y lo que está hinchado parece grande, pero no está sano”.  Don Juan, también oriundo de esa cuenca histórica, poco se sentía aludido cuando tomaba aquí y allá terrenos, derechos, posesiones; pero también innovaba, creaba empresas novedosas y abría mercados inexistentes; así amasó una fortuna considerable, siempre apoyado con sus amigos del gobierno, aunque en una ocasión debió recular: un presidente de la república decidió ponerle el alto a sus ambiciones fáusticas para un fraccionamiento imposible que acrecentaría considerablemente sus activos.

Sí, también perdió negocios, pero en términos generales la vida lo trató bien. Hombre enjuto, esmirriado, de apariencia severa, de voz carrasposa, “pero era un dolor de cabeza con sus negocios. El problema es que en un tiempo, las fortunas de Guadalajara se hacían a su estilo: arrebatando”, señala prudente un historiador.

Don Juan tenía un busto de bronce de Julio César en su despacho de la zona industrial. Muebles de madera cara -caobas, ébanos, encinos europeos- para investir un amplio escritorio y libreros macizos llenos de libros algunas veces ojeados. Lo importante era transmitir una idea de poder pacientemente labrada desde los lejanos días del Líbano de hace un siglo, cuando migró como tantos de su nación empobrecida entre guerras y hambrunas.

Jalisco fue un hogar y una oportunidad de negocios. Muchas empresas en ramos diversos como la industria química, la alimentaria, pero un transterrado no puede olvidar que la tierra tiene un valor permanente, y que si se tienen los contactos adecuados, se puede legitimar posesiones precarias. Si además se usa un discurso ecologista, lava la imagen ante una sociedad necesitada de líderes. Algunos dicen que tuvo la casa más grande de la ciudad, una suerte de finca campestre en medio de un gran núcleo residencial que gestionó por años.

El Congreso de Jalisco reconoció poco antes de su muerte una carrera extraña y sin duda exitosa. Sus detractores también han ido muriendo.  La verdad espera paciente en archivos olvidados.

Lujuria

“Porque de la perversión de la voluntad había nacido la lujuria y de la lujuria la costumbre…”.  La chica se contonea entre la pista luminosa al ritmo de la famosa balada rock de Guns and Roses: “November rain”. Es temprano una noche de sábado en el table dance Lipstick y hay unos pocos parroquianos con ojos abotagados, indiferentes al rito epifánico que está a punto de consumarse: la desnudez plena de una morena de ojazos verdes que se presenta con el improbable nombre artístico de Yesenia. Pero un asistente no se pierde detalles: cual maldición gitana, Ernesto contempla en pasivo hechizo, casi revestido de devoción mística, contenida, olvidado de sus preocupaciones mundanas, del pleito de la tarde con su mujer Alejandra, del ascenso que le negó su jefe en el curso de la semana, de las deudas que se han hecho impagables y que lo han hundido en rachas depresivas.

Pasará el resto de las horas en el cortejo de la bella bailarina, y luego a un motel cercano, tras cubrirla generosamente con sus fondos del comienzo de la quincena: copa tras copa, champagne tras champagne, confesiones tras confesiones, y la magia del amor que se enciende y se apaga entre ríos de alcohol. A la mañana siguiente, el dinero de la hipoteca se ha desvanecido, pero la vida sigue.

Envidia

“... no por diligencia, sino por envidia; no para remediarlos, sino para acusarlos”. Doña Enriqueta odia a sus festivos y ruidosos vecinos. Los odia más porque  tienen una casa más grande, porque su negocio con la comida va al alza, porque tienen tres carros, dos de modelo reciente, mientras ella apenas tiene un compacto. La tristeza surge de la comparación. Toda una vida dedicada a la enfermería, un par de hijas ya casadas y emigradas con sus maridos, y viuda con quince años de soledad, en realidad la pasa bien, pero estar sola le da demasiado tiempo para pensar en lo irritante que es doña Lola con su música eterna y su bola de familiares que siempre la visitan, que invaden su banqueta, que perturban su paz. “¿Cómo  pueden ser felices personas tan vulgares?”, le dice a su paciente hija Fernanda cuando hablan por teléfono, los fines de semana. Algunas veces se había gritado pero el asunto se fue al juez de paz municipal cuando Enriqueta la acusó de arrojar basura frente a su casa, pero palabra contra palabra. Será una lucha en la que ganará la que se canse primero.

Avaricia

“Falsa libertad, con la avaricia de tener más o el temor de perderlo todo…”. A Jorge le pusieron en guardia ante el deseo desmedido de posesiones  los maestros del Instituto de Ciencias cuando cursaba la preparatoria. Tras salir de la facultad de arquitectura en la UdeG, y con el importante apoyo de su padre, un viejo constructor, hoy es un joven empresario que se dedica al deporte mejor pagado del área conurbada de Guadalajara: hacer fraccionamientos urbanos.

Era antes más fácil, lo admite. Cualquier presidente municipal se encandilaba con un poco de verbo y promesas fáciles de empleos y desarrollo. El gobierno federal, vía Infonavit, entregaba millones en subsidios, y todo consistía en buscar un terreno barato, pues el cabildo “progresista” estaría dispuesto a cambiar el uso de suelo dado que eran inversiones para su municipio. Si hacía falta, se podían dar algunos dineros por abajo del agua, pero insiste Juan en no revelar montos ni nombres.

Los gastos no eran demasiado altos, y siempre había la posibilidad de contar con apoyo del presupuesto público para completar las obras básicas. Hoy se han puesto difíciles, “vea lo que pasa con el estadio Omnilife, no se ha hecho en cinco años el nodo vial de periférico porque ni Zapopan ni el gobierno del estado han querido poner del erario para completar los 35 millones que daba Vergara […] está bien, es para su beneficio, pero ¿qué el deporte no es una asunto de interés social en el que contribuye ese señor?, ¿cómo van a hacer que sigamos invirtiendo si lo quieren todo gratis, no comparten el peso de detonar proyectos?”, exclama un poco acalorado. Algunos llamarían a eso una perla de cinismo, pero Juan es hombre de negocios y le llama realismo. “Los inversionistas vamos a donde nos dan las mejores condiciones, es simple”, dice en refutación del reproche moral de su interlocutor.

Pereza

“Los hombres están siempre dispuestos a curiosear y averiguar sobre las vidas ajenas, pero les da pereza conocerse a sí  mismos”. 

Vecinos de la colonia indígena denunciaron el despojo de su cancha de futbol con la complacencia de las autoridades, las que entregaron de manera irregular la escritura del predio de diez mil metros cuadrados a un traficante de terrenos.

Ramón Velázquez, vocero vecinal, explicó: “La semana pasada se presentó un traficante de terrenos de nombre Guadalupe Lara, que a eso se ha dedicado toda su vida, a vender lo que no es de él; se presenta acompañado de un abogado, con policía privada, con maquinaria, se meten al campo, y empiezan a trabajar, y los vecinos de la colonia se reúnen, alrededor de 250, y me llaman para que los apoyemos; se dan conatos de violencia, llamamos a Inspección y Reglamentos, llegan de Patrimonio y también llega la Policía; sin embargo, los problemas estaban muy fuertes; finalmente, Patrimonio comparece con una cesión de derechos que hicimos los integrantes de la comunidad indígena de dicho predio, al ayuntamiento, para que ahí se construyera un campo de futbol hace 30 años, y ahora aparece una escritura, a nombre de un particular que pretende, en coordinación con una constructora, despojar a los habitantes de la colonia del único pedazo de terreno que tiene la población, y traen escrituras no sabemos por qué”.

La lucha legítima se acaba dos años después, entre los laberintos burocráticos. El movimiento vecinal se diluyó, la cancha permanece enmallada y los niños juegan pelota en las calles polvorientas.

Gula

“Comidas largas crean vidas cortas”. Francisco se ufana de la apuesta que ganó, en un puesto de tacos de la colonia Providencia, en 2005. 52 tacos comidos para no pagar la cuenta, pues tal era la campaña ofrecida por el local. Lo increíble es que salvo cierto síntoma de estómago recargado, sobrevivió a sus excesos. Hoy tiene 39 años, pesa 100 kilogramos y le han diagnosticado diabetes.

Ira

“La esperanza tiene dos hijas: la ira y el valor…”.

El cronista Jesús Hernández dice para La Afición: “La imagen de la televisión en slow motion era cruel. Una turba de mil aficionados al fútbol, sin piedad, pisoteaban, golpeaban, destrozaban a unos 20 policías, quizá menos.  “El aguante’, el ‘capo’, el ‘hicimos correr a la policía’, el ‘nadie sale vivo de aquí’ importado de Argentina se cumplió por primera vez en México y tenía que ser en el Jalisco. La violencia llegó al grado más alto y nadie hizo nada. Un partido de alto grado de dificultad terminó con saldo rojo. La pelota se manchó de sangre. Hoy ganaron los violentos. Perdió el futbol”. Corre marzo de 2014 en el estadio Jalisco, con el clásico de la ciudad: chivas contra Atlas.

“Pragmáticamente se puede enmarcar la cuestión con el nombre de conducta juvenil antisocial, que, en términos operacional es, incluye una gama de actividades infractoras de reglas sociales (ataques, huidas de casa, robos, exhibiciones obscenas, etc.), reducidas, para el efecto, a actos contra el entorno, incluyendo personas y propiedades. Subyace a esto el tema de la agresión como conducta cuya topografía causa un daño físico o psicológico de intensidad dolorosa y cuyos efectos atentan contra los derechos ajenos, siendo de naturaleza intencional” (William Montgomery, Violencia Juvenil).

Corolario

“No todos los hombres malos pueden llegar a ser buenos, pero no hay ningún hombre bueno que no haya sido malo alguna vez”, recita de memoria a San Agustín de Hipona en medio de la homilía, con aires doctos, el joven sacerdote dominico que ha escuchado con preocupación cómo los feligreses se alejan en plena semana de la pasión de Cristo al desenvolvimiento de sus propias y fútiles pasiones.  ¿Será el triunfo definitivo de la cultura secularista, relativista y hedonista? El dominico, descendiente de Torquemada, no cae en la tentación condenatoria.