Servicios a la baja, mal contexto para el plan

Habitantes de colonias tradicionales, primeras víctimas.
Dado a que la calidad del aire no es buena, es necesario conocer lo que se hará dentro del tema.
Dado a que la calidad del aire no es buena, es necesario conocer lo que se hará dentro del tema. (Milenio)

Guadalajara

Una percepción dominante de que la calidad de los servicios públicos están estancados o en degradación no es lo mejor para que la opinión pública acepte la redensificación de la ciudad, dijo el director del observatorio ciudadano Jalisco Cómo Vamos, Augusto Chacón Benavides.

“Los habitantes tradicionales de una colonia, de un barrio, padecen las decisiones que se toman desde un plano bidimensional y bien pueden imaginar el cambio que sufrirá su calidad de vida. De este modo inicia el duelo entre las autoridades casadas con sus proyectos -azuzadas por los desarrolladores inmobiliarios que de manera natural quieren hacer negocio- y los vecinos, que buscan que se resuelvan sus problemas añejos y reniegan de los nuevos que se les vienen encima”, y más cuando alguien externo se los impone.

Datos de la encuesta 2013 del observatorio, “indican que 30 por ciento de los tapatíos opinó que los servicios urbanos empeoraron, de algo a mucho, 45 por ciento dijeron que seguían igual, 4 por ciento que mejoraron mucho y 28 por ciento que estaban algo mejor. Podríamos afirmar que aunque predomina lo malo, sobre todo si consideramos que aquí igual significa en proceso de deterioro; hay un equilibrio que depende mayormente de que no se aumente la carga para esos servicios en los vecindarios ya habitados”.

Cualquier presión extra “para, digamos, la dotación de agua -de la que 12 por ciento opinó que empeoró, 46 por ciento que seguía igual, 34 por ciento que mejoró algo y 8 por ciento que mejoró mucho- significa mermar la calidad, escasa, que ahora reciben los vecinos”.

Redensificar “implica también forzar más al medio ambiente. La calidad del aire en Guadalajara no es buena, y en su centro es peor […] lo que sigue es conocer los estándares de los que se echará mano: cuántos metros cuadrados de áreas verdes por habitante, los tiempos ideales de traslado que proponen, cuáles máximos aceptables para la calidad del aire, el flujo en las vialidades, la imbricación deseada y posible de los modos de transporte, consumo de energía, control riguroso de los usos mixtos del suelo y de los giros que indirectamente promocionan el uso del vehículo particular; los giros que contaminan visual y auditivamente y que rompen con el tejido social”.

Lo que es imprescindible “es la búsqueda de consensos y la transparencia de los cálculos y los impactos […] de otro modo, como siempre, delinearemos una ciudad cuya forma, cuyos servicios, cuya sociedad no correspondan con los anhelos, la identidad y el derecho al bienestar de sus habitantes”, puntualiza.