En una lucha permanente contra sus propias emociones

Norma Cristina padece trastorno bipolar desde los 14 años, recién cumplió 31. Lo ha sorteado con medicamentos y estancias periódicas en el hospital.
Norma Cristina señala que cada año tiene que ser internada, regularmente en el mes de septiembre
Norma Cristina señala que cada año tiene que ser internada, regularmente en el mes de septiembre (Milenio)

Guadalajara

Algo explotó dentro de mi cabeza”, repite Norma Cristina. Cursaba el segundo grado de secundaria cuando ocurrió. “Se me hacía muy difícil estudiar y ya no encontraba la salida”. La llevaron a un primer doctor, quien opinó que era una berrinchuda y su extraña conducta un pretexto para no ir a la escuela. Después le hicieron estudios en el Antiguo Hospital Civil de Guadalajara (HCG) y encontraron que una fisura en su cerebro era la causa de su mal: trastorno bipolar. El médico enteró a su madre y le explicó que es una enfermedad mental que explota en algún momento.

Es menudita y de baja estatura. Cumplió 31 años en diciembre pasado y vive desde hace 17 con este trastorno, sorteándolo con medicinas y estancias periódicas en el hospital. Su primer internamiento fue a los 14 años en el Hospital Psiquiátrico San Juan de Dios. Duró un mes. Por las limitaciones económicas de la familia, su madre recurrió al Antiguo Hospital Civil e internaron a la joven en su Servicio de Psiquiatría, donde la siguen tratando. Ha estado interna también en la ciudad de México y en el Instituto Jalisciense de Salud Mental.

Norma Cristina comparte su historia que, salvo detalles, es la de muchos que padecen enfermedades mentales crónicas como el trastorno bipolar. Una lucha permanente con las propias emociones.

“Cada año, por el mes de septiembre, me internan. Un mes, dos meses, tres meses, depende de qué tan mala me ponga sin medicamento, porque hay veces que me siento muy chicha, que ya no ocupo el medicamento y lo dejo, lo tiro”, admite.

Superada la crisis, que la lleva de la depresión al estado maniaco, Norma Cristina vuelve a estar en control de sí misma. “Me siento tranquila, estable emocionalmente”, dice, e intenta llevar su vida lo mejor posible. Desde hace ocho años vive en unión libre.

“Cuando él me conoció no sabía que tenía trastorno bipolar, […] cuando se enteró, lejos de botarme de su casa me apoyó. Es el único hombre de mi vida”, señala orgullosa.

Sin embargo, sufre recaídas. En la última crisis se escapó de la casa de su suegra y la señora ya no la aceptó de vuelta. “Dice que ya me dieron muchas oportunidades y que yo no las agarro”, narra. Ella no puede evitarlo.

“Me siento encerrada. […] Mi mundo es una burbuja, mi protección de los demás […] y yo un puntito”. Un puntito que deambula en las calles y así llegó una vez a la ciudad de México.

Ahora regresó al hogar materno, como lo hace cada tanto. Y del que también huye. Su pareja continúa a su lado. Ella no tiene hijos. Se operó a los 22 años, por recomendación médica, consciente de que no podría hacerse cargo de ellos con su trastorno.

Norma Cristina acude regularmente a consulta en el HCG, donde asegura que su médico la confronta por huir y la insta a no dejar de medicarse. El Seguro Popular cubre los fármacos.

Por el momento toma sus medicamentos puntualmente y acudió el día 15 a su cita en el HCG. La semana pasada buscaba empleo en el área de limpieza para ayudar con los gastos a su madre.

“Quiero estar estable, dormir desde las diez de la noche hasta las siete de la mañana —el insomnio es parte de su malestar—, trabajar en lo que pueda”, responde. Lograrlo antes de verse como un punto y de que sienta el incontenible deseo de escapar de su propia cabeza.