Las historias de éxito del bosque en un “Estado fallido”

La Trinidad, en el “Triángulo Dorado” de la droga, y La Ciudad, en la sierra duranguense, modelos para el país.
La Trinidad, en Chihuahua, genera de 50 a 60 empleos permanentes.
La Trinidad, en Chihuahua, genera de 50 a 60 empleos permanentes. (Cortesía TNC)

Guadalajara

La Sierra Madre Occidental, cuna del cultivo de estupefacientes a gran escala en México, es también referente nacional de un oficio más antiguo, legal, e históricamente marginado: la silvicultura.

Actividades que en el pasado cohabitaron de forma tensa pero relativamente civilizada –la biografía de Edwin Bustillos, premio Goldman 1996 que protegió estos bosques en coexistencia con los sembradores de amapola y mariguana, es testimonio fiel- ahora entraron en conflicto abierto con la expansión de las rutas de la droga, la creciente violencia de los barones de la sierra y la ampliación de sus actividades económicas. Y resulta que en el mismo interior del “Triángulo Dorado” –la vasta región compartida por Chihuahua, Durango y Sinaloa, que ha sido por décadas la gran productora de estupefacientes de México- un ejido forestal exitoso, al margen de todo el esquema de ilegalidad y violencia de su entorno, sobrevive: La Trinidad, municipio de Guadalupe y Calvo.

Gamaliel Ríos Zavala, presidente de la empresa ejidal, explica que conservar el bosque y vivir de él es la clave para que se mantenga una economía relativamente estable, si bien, es ineludible incluir la zozobra y la incertidumbre actuales como elementos de la ecuación.

“Ya tenemos diez años como ejido certificado, y pienso que ha sido exitoso, ya que cuando estás certificado tienes críticas constructivas que permiten mejorar tu manejo; y hubo que vencer resistencias, convencer  a nuestra gente porque había negatividades de muchos compañeros, y aunque al paso del tiempo se ven resultados, había una expectativa de obtener mejor precio, que aún no se cumple, pero debemos ser pacientes porque estamos en el camino”, añade.

El ejido es motor de actividades económicas que implican una derrama importante regional: de 50 a 60 empleos permanentes en la industria; los fletes de la madera se reparten entre los transportistas locales, pues hay que bajar el producto aserrado por 296 kilómetros de casi sólo terracerías, unas ocho horas de camino, a la ciudad de Parral; los jornales de las brigadas de combate de incendios; los trabajos que se financian en el esquema de servicios ambientales, canalizados a la prevención del fuego, y otros proyectos incipientes, como el ecoturismo, o a futuro, como transformar madera en mueble.

“Año con año hacemos reparto de utilidades, no lo tengo muy claro, pero ronda los 50 o 60 mil pesos por ejidatario; todo se reparte de forma transparente, y para tomar decisiones de reinversión tenemos un grupo de doce ex comisariados que son líderes en la comunidad y funciona como un consejo directivo, de suma importancia para alcanzar acuerdos en cualquier sentido”, puntualiza.

Al ser un ejido con madera certificada, está expuesto a auditorías técnicas rigurosas que también garantizan que se hagan manejos adecuados del recurso y se cuiden los dineros. “Esta certificación cuesta, pero nos sirve para obtener apoyos del gobierno o de otras instancias, porque siempre se le da prioridad a los ejidos certificados porque eso establece que hay un buen manejo del bosque y se conservará […] nosotros desde antes cuidamos nuestros árboles, tenemos maderas de calidad y no sucede en otros ejidos, a raíz de la certificación entramos al proyectos de REDD plus (reducción de emisiones por deforestación y degradación de bosques con visión social), del cambio climático, y nos quejamos de lo que pasa cuando hay sequías, y justo de eso se trata, de aprender a enfrentarlo”.

- ¿El ejemplo ha cundido alrededor de ustedes, les piden sus vecinos orientación y apoyo?

- Estamos abiertos, incluso hay vecinos que van a preguntar y nosotros con todo gusto les decimos de precios, de necesidades del cliente, estamos abiertos a dar información, porque si yo les doy algo, ellos me dan algo también.

- O sea, así se protegen juntos…

- Así es.

“Creo que en la zona norte de México a todo mundo nos ha castigado la inseguridad, y qué hacer, pues enfrentarla poniendo fuentes de empleo, y que la gente vea que se está trabajando bien para todo el ejido, porque todos somos dueños, hay que sembrar calidad humana y que haya valoración de lo que se tiene […] sí nos ha azotado bastante la inseguridad, compañeros han enfrentado asaltos o secuestros, pero hay que seguir trabajando porque hay gente atrás de nosotros, yo como comisariado tengo 417 ejidatarios que exigen resultados, transparencia y reparto de utilidades”.

La organización internacional The Nature Conservancy (TNC) es la entidad que opera REDD+ en la zona. “Pero la clave es el compromiso de las comunidades para salir adelante, el bosque es su modo de subsistencia, ellos tienen el arraigo de los recursos con los que cuentan”, refiere la representante de TNC en Chihuahua, Lizeth Hernández Ávila.

La vecindad de actividades ilegales no es de ahora. “Como siempre se han dado, ellos saben lidiar con la situación, y simplemente se dedican a lo que ellos trabajan, el aprovechamiento forestal, y no andan buscando otros caminos […] tratan de alejarse de las áreas en conflicto, o donde se empalmen las actividades y se van a áreas que no los pongan en riesgo”, refiere la asesora.

“El aprovechamiento forestal, la silvicultura, es algo beneficioso para el ecosistema, se cumple la rotación de las parcelas, con las densidades exactas que deben aprovecharse en el bosque”.

El aprovechamiento tiene ya medio siglo en La Trinidad, pero hay más ejemplos de buen manejo en el municipio serrano. “En el caso específico de La Trinidad una de las virtudes es ese alejamiento que tiene por cuestiones de accesibilidad, que los mantiene muy aislados, íntegros y comprometidos con la tierra que ellos tienen, son condiciones muy extremas y por lo mismo lo atienden bien”, pondera.

Y todo esto en el borde del “Triángulo Dorado”, donde día a día se da el trasiego de enervantes y de armas favorecido por la ausencia, al menos parcial, del Estado.

Menos presiones directas, pero con oleadas frecuentes de criminalidad, vive el exitoso ejido La Ciudad, en el oeste de Durango, que se ubica tras las montañas que se ascienden desde Mazatlán.

El ejido se formó en 1949 y logró hacerse de sus recursos tras luchar exitosamente contra una concesión maderera, en los primeros años del decenio de 1970. Desde entonces produce mucho. Más de 42 mil metros cúbicos de madera por año, tres aserraderos, cepillo, secadora y proyectos ecoturísticos como Mexiquillo, con 20 cabañas.

Roberto Delgado Mena, técnico comunitario, explica cómo han sorteado los problemas de la presencia de la criminalidad. “Hemos tenido momentos difíciles, robos, secuestros, asaltos; mucha gente dejó de circular por la carretera y pocos venían a las cabañas, asustados, y ahorita está como calmado, pero no sabemos cuánto vaya a durar esto”.

La Ciudad es un ejemplo que se ha multiplicado en la zona de bosques de pino. Mientras las noticias hablan de incidencias delictivas, el trabajo de la silvicultura comunitaria se fortalece y cada vez más núcleos campesinos acceden a la industrialización de su madera. “No hay más secreto que trabajar, ser serios y transparentes”, apunta.

Ejido La Ciudad

Enclavado al oeste de Durango, en medio de densos bosques de coníferas, es una de las potencias forestales del país: genera 42 mil m3 de madera anual y sus existencias en pie no cesan de incrementarse desde que los campesinos tomaron el control de sus bosques en 1971, tras un pasado de saqueo desmedido

Una de las claves del éxito de La Ciudad es la competencia interna: tres grupos de ejidatarios han formado sus propias industrias de aserrío, y compiten en calidad del producto. La comercialización de productos terminados, como tarimas para una cervecera, ha aumentado, lo que elimina intermediarios y aumenta ganancias propias

Ejido La Trinidad

Está ubicado al sur de Chihuahua, en el municipio de Guadalupe y Calvo, a la entrada del Triángulo Dorado de los estupefacientes, y con larga tradición forestal comunitaria

Tiene 417 ejidatarios, una empresa forestal que da de 50 a 60 empleos permanentes, 46 mil hectáreas de superficie y una producción anual de 20 mil m3 en promedio de madera aserrada que se comercializa en los estados vecinos y que tiene calidad de exportación