De ciudadano a salvaguarda de patrimonio valioso

Roberto Chávez propietario de la Hacienda La Magdalena indicó que por mucho tiempo fue casa habitación pero después la familia determinó convertirla en un complejo autosustentable.
Entrada a Hacienda La Magdalena, con andadores de piedra
Entrada a Hacienda La Magdalena, con andadores de piedra (Foto: Enrique Vázquez)

Guadalajara

Tener una finca de este tipo, obliga de alguna manera a ciudadanos comunes a llevar una vida pública, ya que cuando los propietarios deciden conservar estos inmuebles, en muchos de los casos, al ser declarados con valor Patrimonial, ellos son los primeros a los que se les cuelga la estafeta de protectores de dicho patrimonio.

"Las razones para conservar una finca como ésta, son muchas, en mi caso tiene que ver con un sentimiento hacia la historia de mi propia familia que es propietaria de este lugar desde 1873", dice Roberto Chávez propietario de la Hacienda La Magdalena, quien agrega que por mucho tiempo fue casa habitación pero después la familia determinó convertirla en un complejo autosustentable, primero como lugar para la realización de eventos sociales y posteriormente se dieron a la tarea de hacer del lugar un Hotel Boutique con 20 habitaciones.

"Era una transición que no se podía dar en otra época, ahora la gente busca experiencias y creo que hospedarse en un lugar como éste en donde tratamos de recrear todo el ambiente de la época con la decoración adecuada y dando un servicio resort, ofrece una particular experiencia", dice Chávez.

El camino no ha sido fácil, los requerimientos por parte de instituciones como el INAH, o el mismo ayuntamiento en cuanto a otorgamiento de permisos es difícil, "en ocasiones esa tramitología se vuelve burocracia, incluso hay disposiciones en donde las instancias reguladoras se contradicen, por un lado tratan de incentivarnos a conservar la finca con materiales de la época, pero por otro lado hay reglamentos por ejemplo que establecen que nuestra cocina por cuestiones de higiene debe contener muebles de aluminio, lo cual no concuerda con la ambientación que queremos dar al lugar, de manera que en esos casos uno se ve obligado a encontrar alternativas que satisfagan las dos necesidades", dice Chávez.

Por su parte Alfredo Lozano, propietario de la Hacienda La Escoba, coincide con Chávez en que "todo surge de una satisfacción personal, tienes que ser sensible para apreciar la historia y en cierto modo te obliga a documentarte sobre procesos de ingeniería civil y arquitectura de esa época. Tener un patrimonio de este tipo te enriquece de muchas formas", dice Lozano quien para citar un ejemplo señala que por disposición del INAH tuvo que aprender a que en esa época los pedazos de adobe se pegaban con una mezcla especial que se realiza a partir de la fibra del nopal, combinada con cal tierra y otros elementos naturales, o bien aplicar en el lago de la finca la construcción de lo que llaman "dique indio", dice Lozano.