Bosque mesófilo del Nevado de Colima, en peligro de extinción

Las comunidades forestales de niebla de la alta montaña son discontinuas y sometidas a fuertes presiones por actividades humanas, destaca en una publicación el organismo federal.
La subregión contiene elementos importantes de la biodiversidad.
La subregión contiene elementos importantes de la biodiversidad. (Cortesía)

Guadalajara

Los bosques mesófilos de montaña, o de niebla, del macizo volcánico del Nevado de Colima, donde se ha autorizado un aprovechamiento del ejido de Huescalapa que ha generado controversia en la comunidad ecologista y científica del occidente, están entre los más expuestos a riesgos de fragmentación y desaparición por actividades humanas, por lo cual es indispensable establecer estrategias de conservación que tiendan a compensar a sus dueños y a aplicar de forma estricta la ley, señala la Comisión Nacional para Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio).

“Esta es probablemente la subregión de menor continuidad con respecto a las demás, puesto que está separada por una zona semiárida de baja altitud conocida como Llano Grande. Se definió a esta subregión de prioridad alta con base en los criterios de calidad y amenazas a la permanencia […] contiene elementos importantes y representativos de la biodiversidad que difieren de las otras subregiones, tales como, su origen geológico (ígneo extrusivo, por ser volcán), su condición fisiográfica (es la única subregión que corresponde a la Franja Neovolcánica Transversal) y aislamiento geográfico, por lo que se considera que se requieren acciones a corto plazo encaminadas a la protección de los remanentes de bosque mesófilo. La subregión ocupó el tercer lugar en amenazas a la permanencia y el nivel más alto de amenazas a la calidad”, dice la publicación ElBosque Mesófilo de Montaña en México: Amenazas y Oportunidades para su Conservación y Manejo Sostenible, del organismo federal, publicada en 2010.

El serio deterioro de estos bosques “está asociado fundamentalmente a factores como la transformación a cultivos (caña y pastizal, y más recientemente, huertos de aguacate), la ganadería extensiva, los incendios forestales, la tala ilegal (extracción hormiga) con propósitos agropecuarios y la expansión de caminos. Los factores que afectan a la calidad son: la extracción de leña, la producción de carbón vegetal, pastoreo en el bosque, la cacería furtiva que ha llevado a la desaparición casi total de dos especies de importancia cinegética como es el venado cola blanca (Odocoileus virginianus) y el jabalí de collar (Tayasu tajacu)”.  Existen dos áreas protegidas: el parque nacional, con decreto federal de 1936, y el parque estatal, con decreto de 2007, que es específicamente para el bosque de niebla en cuatro polígonos. A todas luces, ha sido insuficiente.

Entre las características biológicas relevantes “destacan que 10 por ciento de las especies son endémicas de México y un 4 por ciento endémicas a Mesoamérica; se encuentran bajo alguna categoría de riesgo diez especies de plantas, incluidas la Tilia mexicana y el oyamel Finkii.

Se reportan 124 especies de mamíferos, ”sin embargo, las especies reportadas y estudiadas sólo para la región protegida del Parque Nacional comprenden 59 especies (37 por ciento son murciélagos por ser los mejor estudiados: les siguen en abundancia los roedores y carnívoros). También alberga especies amenazadas o en peligro de extinción como el tecolote (Asio stygius), de distribución restringida como la gallina de monte (Dendrortyx macroura) y el tapacamino (Caprimulgus ridgwayi)”, y otras especies de aves de distribución más global, “además del registro de otras nueve especies en la NOM-059 y que son endémicas. En el grupo de reptiles sólo se cuenta con un listado potencial de 41 especies”, agrega el texto, disponible en http://www.biodiversidad.gob.mx/ecosistemas/pdf/BMM_parte%201.pdf.