Aguacate, una economía que presiona los bosques

No hay política ambiental definida frente al auge de la "Persea americana", que sustituye tierras de cultivo lo mismo que viejos ecosistemas forestales.

Sur de Jalisco

En El Fresnito, como en tantos viejos poblados rurales de las faldas del Nevado de Colima, la del aguacate fue una explosión literal.

Economía mundial de la que México provee más de 95 por ciento de la producción, y que tiene por eje la tradición hortícola del vecino estado de Michoacán, en Jalisco apenas se reportaban 1,800 hectáreas en producción comercial en el año 2006. En ocho años estalló: 900 por ciento de crecimiento.

“Hoy todo mundo anda en ese negocio; por las parcelas, que se rentaban a quince mil pesos por año hace una década, hoy te ofrecen 100 mil. Se acaban el maíz, los duraznos, la ganadería; todo se va a producir aguacate”, refiere pesimista Francisco Chávez, morador de esa ranchería y defensor de la vida silvestre que albergan los volcanes.

El director general de fomento agropecuario y frutícola de la Secretaría de Desarrollo Rural (Seder), Mario Ramos Velasco, calcula que la frontera aguacatera en el estado se fue a casi 18 mil hectáreas, en más de medio centenar de municipios jaliscienses, sobre todo, en aquellas zonas donde el clima templado y húmedo es propicio. Buena parte del crecimiento fue en reconversiones agrícolas ventajosas, pues los rendimientos del maíz, el frijol o el sorgo ni de lejos se acercan a los de la fruta mesoamericana.

La rotunda prosperidad del sistema de aguacate hizo que la autoridad estatal y la federal voltearan a Jalisco como receptor de capitales michoacanos y de negocios locales propios, pues la región sur comparte la franja climática adecuada para los huertos del Eje Neovolcánico. Son tareas gubernamentales asuntos como cadenas productivas, cuidados sanitarios y calidad de exportación. Pero el ambiente también.

Apenas en 2010, se suscitó un gran escándalo en la Sierra del Tigre, la cordillera que se extiende en el frente oriental de los volcanes, de norte a sur, por la apertura de huertas en bosques de pino. En Mazamitla hubo protestas y la Secretaría de Medio Ambiente federal (Semarnat) determinó negar desde entonces permisos de impacto ambiental y cambio de uso de suelo forestal. El problema es que la ilegalidad se afianzó, pues la promesa de ganancia es notable. Los bosques se desmontan en silencio, poco a poco y sin miradas que perturben la pequeña lección práctica de los efectos del free trade.

La producción de aguacate se concentra en los municipios de Zapotlán el Grande, Concepción de Buenos Aires, Tonila, Zapotiltic, San Gabriel, Tuxpan, Tapalpa, Tamazula de Gordiano, Quitupán, Mazamitla, Gómez Farías y Sayula, todos del sur de Jalisco, en medio de zonas boscosas; la región descrita aportó 71 por ciento de lo que generó el estado en 2012.

“Yo no lo veo ya como enemigo de los bosques; me parece que sobre todo ha dado uso a tierras deforestadas previamente, o que estaban en la producción agrícola. Veo que tener cobertura verde donde no la había es un beneficio ambiental. Quizás los excesos y daños a ecosistemas naturales no rebasen 10 por ciento de la superficie”, señala uno de los silvicultores más reconocidos del sur de Jalisco, Javier Magaña Cárdenas.

Huertas que restituyen un tipo de bosque monoespecífico en zonas erosionadas o taladas, con servicios ambientales importantes como la captura de carbono, añade. Incluso se han dejado de presentar aludes que bajaban de la montaña e invadían calles de Ciudad Guzmán. Es que, al parecer, los “bosques” de aguacate retienen el suelo.

Pasajes al rancho

Entre El Fresnito y Los Mazos se abre una brecha vieja que se torna vereda en la medida en que asciende del valle a los parajes alpinos de la mayor montaña de occidente. Hace quince años era todavía un pasaje que arrancaba entre maizales, agostaderos y huertas de durazno, y que pronto dominaban los pinares robustos, alguna cabaña abandonada y las riadas frescas, con apariciones súbitas de fauna silvestre. Hoy es la ruta de conquista del nuevo “oro verde”.

Los huertos de aguacate, cada vez más dilatados, dirigen la expansión hacia las alturas brumosas, pero dejan recios y formidables Pinus pseudostrobus en medio de las fincas, como testimonio de los bosques vencidos.

Los pueblos también dejan la vida de la montaña y sus pulsaciones sosegadas. El Fresnito, en el municipio de Zapotlán el Grande, se ha unido a la versión de globalización traída por el enorme y creciente negocio. A El Fresnito lo encandilan las luces de la ciudad cercana, una contradicción a su viejo espíritu bucólico.

“Perché non sali il dilettoso monte ch’è principio e cagion di tutta gioia? (¿por qué no vas al monte complaciente, que es de todos los goces el camino?), parece Francisco recitar a Dante, nostálgico; el zapotlense sesentón ha atravesado los volcanes por casi medio siglo y se aferra a ese pasado amenazado.

“Llegó mucha gente de fuera a comprar o rentar todo; de unos años para acá, el monte se va retirando, como no queriendo; salen incendios accidentales, se tumba un árbol aquí y otro allá, puede verse en los huertos, con grandes pinos que dejan para que les den sombra a las plantaciones; yo incluso noto un cambio de clima, en lluvias, en el pasado hacía frío aquí, pero ahora hay que dormir con una sábana y ventanas abiertas, sin bosque hay calor”, lamenta.

En la Seder aseguran que reciben de buena fe a todos los productores, pero si son plantaciones nuevas se piden evidencias de que no es un terreno forestal, a menos que tenga las autorizaciones indispensables. Eduardo Ávila Gallo, coordinador del Sistema Producto Aguacate, explica que la presentación de apoyos del Procampo ofrece indicios seguros, pues son subsidios que se establecieron hace más de dos décadas.

Otro señalamiento es el elevado consumo de agua. Es verdad: en la zona de Uruapan, los aguacateros agotaron el recurso por sus sistemas de riego tradicionales, pero “eso ya cambió, ya tienen tecnología porque tampoco se trata de meter mucha agua que puede dañar al árbol igual que su falta lo secaría”, defiende el coordinador de la Seder.

Los moradores de El Fresnito no lo creen. Afirman que la presión sobre los pozos subterráneos ha aumentado porque cada huerta requiere uno, “y de por sí, siempre se nos cortaba el agua para consumo de las casas”, afirma Francisco.

Lo cierto es que más de nueve mil horticultores hacen fortuna hoy con el nuevo “oro verde”, que el año pasado tuvo un valor de 547 millones de pesos para Jalisco. El valor de la madera de sus bosques, que se extienden sobre 220 más superficie que la aguacatera, apenas rebasó 187 millones de pesos en 2010 (INEGI). 

Monotonías crepusculares

No todo es pesimismo. Don José Macías Gudiño, el guardián del Nevado, cree, no obstante, que el bosque deberá sobrevivir. No hay economía que resista mucho sin el sostén de la naturaleza.

La vida en lo alto de la montaña puede ser monótona para don José, que pasa seis días de la semana en la cabaña de ingreso al parque nacional. Sólo algunas tempestades espabilan. “Hay tormentas furiosas, baja arena en lugar de agua, pero como se ha reforestado, lo que se lleva el aire es pura agua”, se ufana.

Dos mil metros abajo, Francisco aguarda la noche, y sin olvidar los pecados del hombre, parece recitar otros versos florentinos: “guardai in alto, e vidi le sue spalle vestite già de’ raggi del planeta…” (al mirar a la cumbre, vi que estaba vestida de los rayos del planeta…). Esto es: hay un sol que volverá a salir.

Claves

El esplendor aguacatero

- El aguacate en Jalisco se extiende en 13,436.3 hectáreas sembradas hasta agosto 2013, con una producción obtenida de 31,532.87 toneladas. Pero hay unas cinco mil ha más que forman subregistro, pues no están integradas al Sistema-Producto-Aguacate

- Según las cifras oficiales, la superficie se incrementó 502 %  entre 2008 y 2012, que pasó de una superficie sembrada de 2,228.8 ha a 11,207.4 ha (2012); la entidad es segundo productor a nivel nacional con 7.31% del total, solamente detrás de Michoacán, que con una superficie de 112,673.34 hectáreas aportando 74.61% de la producción

- Esta actividad genera 10,000 empleos directos y más de 20,000 indirectos; la producción media por hectárea es de 18 toneladas

- Los problemas más recurrentes del llamado “oro verde” (denominación que recibían las maderas preciosas en el pasado) son plagas en los huertos, contaminación del producto de exportación y control de los cambios de uso de suelo, por la eventual afectación de bosque para implantar cultivos

- Si bien los huertos son útiles por servicios ecosistémicos como la captura de carbono, la retención de suelo y la eventual recarga de mantos freáticos; y que han incorporado tecnologías nuevas como abonos y fertilizantes biológicos, y riegos de bajo consumo de agua, sus beneficios ambientales son muy inferiores a los de los bosques

- Ello se debe a que las comunidades silvestres son diversas biológicamente, es decir, hay cientos de especias por hectáreas, desde microorganismos creadores de suelo y fijadores de nutrientes, hasta árboles y animales de todos los reinos silvestres. Las capacidad de captura de carbono, regulación climática y creación y retención de suelo no son comparables


[Dé clic sobre la imagen para ampliar]