Rodrigo Velázquez gana el octavo premio Adolf Horn

En la ceremonia en el patio central del Instituto Cultural Cabañas, el CCEJJ entregó el reconocimiento al empresario joven del año; es inspiración para emprendedores, destacan.

Guadalajara

El ganador de la octava edición del premio Adolf Horn al empresario joven del año fue Rodrigo Velázquez, propietario de Indeko, empresa que se dedica a producir y distribuir cubiertas para todo tipo de superficies.

“Todo parece imposible hasta que se hace, esa frase para mí es como empecé Indeko hace diez años”, comentó el ganador del galardón en su discurso.

El joven empresario jalisciense, a sus 29 años, ya colocó su empresa en el gusto de todo el país, pues después de iniciar como productor de cubiertas para cocina, ahora lo hace para hoteles y, recientemente, para el estadio de Rayados de Monterrey que recién será inaugurado.

Rodrigo aprovechó el micrófono para agradecer el apoyo de sus padres, esposa e hijo por estar siempre junto a él en el camino.

Por su parte, Jesús Eduardo López Mercado, presidente del Consejo Coordinador de Empresarios Jóvenes de Jalisco (CCEJJ), destacó el éxito que han tenido cada uno de los finalistas para el reconocimiento. Resaltó las dificultades que ha tenido el consejo a su cargo para mantener el premio vigente. “Llevar ocho años con el premio Adolf Horn parece muy sencillo pero es una labor titánica que todos los jóvenes llevamos a cabo […] Tenemos la oportunidad de invitar a los jóvenes y de hacer la diferencia por Jalisco”.

En su discurso lanzó un reto a los empresarios presentes en el evento en busca de una labor social. Dar un día de asueto a cada colaborador que decida salir a donar sangre de manera altruista, para de esa manera dar un poco de ayuda a la sociedad. López Mercado destacó la utilidad del premio Adolf Horn como inspiración para que los jóvenes que tienen miedos, inseguridades o dudas sobre cómo sacar adelante un negocio den un paso al frente y consoliden sus ideas, pues “mientras más empresas existan en Jalisco habrá menos hambre y pobreza entre nosotros”, señaló.

Además, informó que el consejo a su cargo va tomando más responsabilidades en la vida empresarial del estado, pues “nos acabamos de fusionar, acabamos de firmar un convenio de colaboración. El Consejo Coordinador de Empresarios Jóvenes de Jalisco ya forma parte del Consejo de Cámaras Industriales de Jalisco, gracias Juan Alonso [Niño Cota]”, comentó López Mercado.

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Los finalistas

Jorge Morales, 34 años, Larva Game Studios

Desde que tiene uso de razón sabía qué quería hacer de su vida, diseñar y desarrollar videojuegos, lo único que tenía que descifrar era el camino. Jorge nacio en la Ciudad de México y llegó a Guadalajara para estudiar la preparatoria. Después estudió sistemas computacionales en el Tec de Monterrey.

“Escogí sistemas computacionales porque era lo que más se parecía en ese momento a hacer videojuegos. […] Cuando estaba en la carrera tenía una beca y después perdí la beca y para cubrir esa parte me puse a chambear por mi cuenta. Me hice freelancer y empecé a hacer webs, discos multimedia en ese tiempo y me empezó a ir muy bien”, señala Jorge, quien después recibió la oportunidad soñada, para muchos.

“Cuando me estaba graduando llegó una comisión de Microsoft e hicieron un reclutamiento entre los de últimos semestres y me llevaron a Seattle a hacer un internship. Me ofrecieron quedarme todo el año. No quise, siempre quise hacer algo en México, hacer algo yo solo y hacer juegos”, señaló.

Al volver se juntó con dos compañeros de la carrera y formalizó el trabajo que ya estaba haciendo en una empresa. La necesidad de hacer juegos continuó y vendió su parte para poder fundar Larva Game Studios. “Conocí una compañía de Colombia que estaba haciendo juegos y les dije ‘estoy empezando en esto, porque no nos asociamos, hacemos algo juntos’ y los convencí. Llamé a mi equipo para que los entrenaran y ya dijimos, ‘ah, ahí nos equivocamos, con razón tardamos tanto en esto’. Ahí aprendimos. Nos ayudaron muchísimo”.

Después vinieron más proyectos, un juego de consola de lucha libre para la AAA, el trabajo más grande que han tenido hasta la fecha. Ahora trabajan en su primer propiedad intelectual, un juego para móviles llamado Night Vigilante que está por salir y en juegos educativos con realidad aumentada.

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Alejandra Moreno, 26 años, More Shots

Alejandra estudió hotelería, turismo y gastronomía, lo cual la llevó a vivir a Los Cabos para hacer sus prácticas profesionales, y aunque ya había tenido ideas de negocio antes, ahí encontró la que la convenció.

“Viví en Los Cabos haciendo prácticas de hotelería y allá se usaban mucho los shots y aquí todavía no tanto. Se me hizo muy buena la idea porque, sobre todo las mujeres, cuando estás en una boda no quieres estar bailando con el vaso en la mano, entonces era algo que llegara a ti de manera divertida. También esa parte de ambientar los eventos, últimamente gastan mucho dinero y son frías las bodas, entonces esta parte ayuda como a romper el hielo”.

More Shots es un carrito con variedad de tragos que llega hasta la pista de baile para ambientar las fiestas. El concepto inició apenas hace cuatro años pero eso no ha sido impedimento para extenderse por el país. “[Ha sido] tocar puertas, muchas puertas. Ha sido difícil, lo importante es creer en tu concepto, en tu idea y no dejarla, porque sí hubo muchos momentos en donde me pude haber rendido. […] La parte de las franquicias ha sido un gran reto. Inicié hace cuatro años y ya estamos en ocho ciudades. Es lo más padre, es la primera franquicia enfocada a jóvenes, por la baja inversión y la rápida recuperación”, comentó Alejandra.

El siguiente paso es llegar a todo el país y después a Centro y Sudamérica con las franquicias, pues la entrada de un negocio de bebidas embriagantes a Estados Unidos es muy complicada.

Para Alejandra emprender y crear nuevos negocios es la manera de sacar adelante al país, por lo cual seguirá poniendo su granito de arena, “siempre he sido superinquieta, desde los 18 sabía que quería emprender y la verdad creo que es la única manera de sacar adelante a México, con más empleos, más justos, más negocio”.

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Alejandro Araujo, 33 años, Intel Tráfico

Alejandro nació en Guadalajara pero vivió 18 años en El Paso, Texas, por lo que después de intentar con varios negocios abrió un centro de idiomas, el cual le dio las bases para mantener un negocio. “Aperturé un centro de idiomas en el 2006 llamado Global People, antes de eso trabajé como maestro de primaria, secundaria y bachillerato, como maestro de inglés, y la escuela me dio ese ámbito empresarial”, comentó.

Alejandro y su socio se dieron cuenta que sólo una empresa en México proveía sistemas de fotoinfracción y que no estaban muy de acuerdo con sus formas, por lo que decidieron entrar al negocio. “Intel Tráfico se crea por una necesidad de modificar los esquemas de la empresa que operaba monopólicamente en México, que era la única empresa de fotoinfracción que existía en ese tiempo, que es la empresa que opera actualmente en Jalisco”.

En tres años se han colocado como la segunda empresa de su ramo en el país, con presencia en “Tlanepantla, Atizapán, San Luis Potosí, Chihuahua y estamos en cuestión de horas de firmar Los Mochis”, señaló Araujo.

La fotoinfracción es un tema delicado y que provoca división de opiniones, sin embargo, para Intel Tráfico es básico trabajar bajo tres conceptos. “No se tiene que ver como un tema agresivo contra la población, es un tema de prevención, de salvar vidas. Nosotros tenemos tres puntos importantes en la empresa que son: salvar vidas, educar a la ciudadanía de que hay que respetar los límites de velocidad y modernización de la ciudad”.

Actualmente Intel Tráfico es el distribuidor autorizado de Redflex, empresa que “tiene presencia en más de 250 ciudades, experiencia de más de 18 años, es el líder con más de 63 por ciento del mercado de Estados Unidos y en Canadá”, y uno de sus objetivos al corto plazo es poder instalar sus cámaras en Jalisco, en palabras de Alejandro, para “ser profetas en nuestra tierra”.

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Rodrigo Velázquez, 29 años, Indeko

Todo inició por la necesidad de hacer algo distinto, de obtener sus propios ingresos. Rodrigo apenas estudiaba la preparatoria pero empezó a hacerse cargo del negocio de cocinas integrales de la familia, y aunque no funcionó y tuvo que volver a la escuela, nunca dejó de buscarlo.

“Comencé a emprender desde muy chico, con negocios de tienditas y cualquier cosa, sin embargo, por llamarlo formal, empiezo a emprender con Indeko hace diez años y medio. Conmienza como una necesidad, pero siempre pensando en algo que funcionara para grande, no para una necesidad a corto plazo. Comienzo en un negocio de cocinas integrales que era de mi padre. […] A través de eso conocí un poco el mercado y cuando tuve la necesidad de hacer algo diferente dije ¿qué sé hacer? y me di cuenta que hacía falta gente profesional que hiciera cubiertas para cocina. Así comienza el negocio, yo todavía estaba en la preparatoria”.

Empezó en la cochera de sus papás, compró una camioneta chocolate y contrató a dos ayudantes para iniciar. Después buscó una bodega que al tiempo quedó chica y tuvo que buscar otra. “Creo que ha sido paso a paso reafirmarnos que sí podemos, que sí sabemos. […] Creo que se ha avanzado en los trabajos y en los esfuerzos, ha sido muy difícil. No hemos tenido financiamientos de gobierno ni de bancos, entonces ha sido muy complicado porque todo ha sido con el dinero que va saliendo, con el apoyo de proveedores que nos dan crédito”, señaló Rodrigo.

Hoy no sólo hace cubiertas de cocina, hoy las hace para hoteles en todo el país y para el nuevo estadio de los Rayados de Monterrey y da empleo a más de 50 personas.

“Ahora sigue meter más tecnología en la planta, nos falta más tecnología para seguir creciendo a nivel nacional y de ahí exportar. Busco aprender más”.