Los Purépechas que resistieron a los Templarios

La comunidad indígena michoacana mantiene su sólido desarrollo en uno de los estados más convulsionados por el crimen organizado en el país.
Nuevo San Juan cuenta con 65 mil m3 de madera, lo que lo convierte uno de los mayores núcleos forestales de México.
Nuevo San Juan cuenta con 65 mil m3 de madera, lo que lo convierte uno de los mayores núcleos forestales de México. (Milenio)

Guadalajara

Como el limo primordial, cocido y endurecido literalmente bajo la acción del fuego, los hijos de Nuevo San Juan Pararangaricutiro, al poniente de la meseta Purépecha, no enfrentaban por vez primera al implacable elemento cuando se toparon con el incendio criminal que conquistaba Michoacán, con la omisión o complacencia de los poderes públicos, al menos desde 2006.

65 años atrás vieron nacer y apagarse el volcán Paricutín, que los obligó a mover el viejo asentamiento colonial a su actual ubicación; y hace 30 años, la lucha por la tierra estaba marcada por violencia y muerte de propios y extraños. Así, los barones de la droga no los tomaron descuidados, y confiados en su sólida argamasa institucional, resistieron como roca, cuando las propias presidencias municipales eran tomadas por las empresas delictivas. Hoy, Nuevo San Juan ha reiniciado el crecimiento mientras el resto de la entidad permanece entre convulsiones sociales y políticas.

“El problema de la inseguridad fue tan fuerte, que en su momento uno no contaba con esas instancias de gobierno”, señala Héctor Andrés Anguiano Cuara, responsable de coordinación de industria y certificación de los aprovechamientos forestales de la comunidad. “Parecía que ellos estaban amenazados de la misma forma que nosotros, y no tenían la fuerza para decir: nosotros los podemos ayudar; por eso el gobierno federal decidió desplazarlos y tomar la autoridad […] debimos construir esa relación, no nos recibía nadie; pero se tuvieron que acercar para ver a qué nos dedicábamos, de dónde salía el recurso que se veía, y esas acciones nos sirvieron para darnos a conocer y contar con su apoyo”.

- Es de suponerse que las organizaciones criminales o las autodefensas quisieron tener contacto con ustedes…

- Esa situación no se presentó porque la organización que tiene la comunidad no se vio rebasada, es decir, toparon con piedra […] nuestra organización en este tipo de aspectos es muy cerrada, somos muy cerrados o muy egoístas […] la comunidad decidió: no le entramos y no le entramos; el que se acercaba no sabía que un ‘no’ estaba respaldado por las autoridades comunales, por la asamblea y por el consejo comunal; a la persona que le tocaba decir que no, sabía del respaldo, que le daba amplia solvencia.

- Cuando hay violencia, la gente no sale de sus casas, pero ustedes siguieron en el bosque y el trabajo, ¿cuál es la clave?

- La mejor receta fue cuidarnos entre nosotros mismos, apoyarnos, así como estar atentos a las indicaciones de las instituciones y de las mismas autoridades, no dejamos nunca el bosque, y es simple la explicación: si se deja de hacer, se deja de comer; había la certeza de una organización fuerte, pero además, si dejábamos de trabajar ya no iba a haber para donde ir.

- ¿Cómo respondieron sus clientes?

- Que perdiéramos su confianza fue un temor, pero afortunadamente no se dio, ellos entendieron la situación, desconocemos cómo solucionaron sus problemas de materias primas, pero siguen con nosotros. Tampoco se detuvo el proceso de certificación, son tan estrictos los que nos certifican, que  no le importó: llamaban y nos decían, les toca su auditoría, está programada para tal fecha, confirmen que pueden; y siempre iban...

- Si hablamos de una tendencia en volumen de negocios antes y después de la crisis, ¿cómo les afectó?

- Si tuviéramos una gráfica sí se vería reflejada una caída; sin embargo, se identificó muy rápido, se tomaron medidas y el golpe fue menor. Hoy hemos retomado la tendencia que traíamos antes del momento más complicado con la seguridad.

Hablar de Nuevo San Juan obliga a señalar su potencia económica: sus empresas generan 1,200 empleos directos y seis mil indirectos, que lo convierten en el principal empleador del municipio homónimo y posiblemente el mayor núcleo forestal del país: 65 mil metros cúbicos de madera aprovechados por año (aproximadamente 2 por ciento del total nacional), una próspera industria que fabrica muebles, molduras y duelas, astilla, brea y aguarrás, tarimas y cajas, fertilizantes y mejoradores de suelos, huertas de durazno y aguacate, agua purificada, transporte, tienda comunal, televisión por cable, ecoturismo y hasta un gimnasio (ver http://www.comunidadindigena.com.mx/principal.html).

“Tuvimos que buscar respaldos en el ámbito financiero, algunos créditos para el capital de trabajo, pues cuando se caen las ventas, las empresas no pueden darse el lujo de decir: como no estamos vendiendo vamos a parar […] varios meses se estuvieron retrasando los pagos, pero nos ayudó mucho el hecho de tuviéramos varias empresas consolidadas, que tuvieron la posibilidad de ayudar a las empresa que les estaba costando esta situación […] la madera se movía menos, como es natural; entraron a ayudar la extractora de resinas, y la parte de las huertas comunales -la de aguacate, principalmente, producto que vive en un boom internacional desde hace un decenio- fueron el brazo fuerte de la comunidad”.

- Cuando habla del tejido comunitario, ¿a qué se refiere en específico?

- El esquema organizacional es muy simple, lo complicado es llevarlo a la práctica; es un esquema que se basa en la asamblea general de comuneros, las autoridades comunales y el consejo comunal –este último reúne a los liderazgos más experimentados-; estas tres partes tomaron las decisiones.

- ¿Ya había vivido Nuevo San Juan una crisis tan fuerte?

- Al  principio el problema de la comunidad eran los terrenos, la tenencia de la tierra, a tal grado que la primera necesidad para crear ingresos era financiar los juicios agrarios, si no había tierras pues no había recursos que aprovechar, y fue una situación que puso a prueba la supervivencia, pues los problemas se daban con las comunidades indígenas vecinas, los purépechas somos muy necios, muy aguerridos, muy aferrados, así que no eran tan sencillo que nuestra comunidad doblara las manos.

El entrevistado, nativo de San Juan Nuevo y con carrera de ingeniero industrial, destaca que la profesionalización creciente del modelo lo ha consolidado, pero es necesario voltear a sus vecinos para ayudar a que se genere desarrollo en toda la región y evitar otros golpes en el futuro. “Estamos tratando de ayudar a que se mejoren prácticas y se venza el viejo recelo, es parte de nuestra agenda detonar esa confianza”, refiere.

Nunca se puede estar seguro, admite: la zona de Nuevo San Juan podrá volver a crecer, pero si no se generaliza el buen manejo de los bosques y la prosperidad productiva, la región en que está inmerso podrá ser presa de nuevos desastres sociales y ambientales.

El modelo forestal

Comunidad indígena reconocida y titulada por el rey de España en 1715, hizo valer esos títulos en los procesos de reconocimiento posteriores a la revolución mexicana. “En el año de 1943, la erupción del volcán Paricutín [uno de los más jóvenes del mundo] destruyó la población que ocupaban los integrantes de esta comunidad y los obligó a emigrar y formar un nuevo centro de población. Los efectos de la erupción volcánica en sus terrenos de cultivo y la creciente importancia de la riqueza forestal de sus bosques, motivaron un cambio drástico en la actividad económica”, señala su sitio web.

El uso forestal se dio con descuido y abusos. A partir de los años 80 del siglo XX, se decide resolver el caos y los aborígenes retoman el control de sus tierras en manos de la industria extractiva; la planeación, una vez consolidada la tenencia de la tierra, fue el motor. Nuevo San Juan posee más de 18,100 ha, genera 65 mil m3 de madera y 1,200 empleos directos por año.