Permanecen en la Policía de Tonalá los niños tzotziles

Los empleados de la Comisaría acogieron a los infantes, se cooperaron para darles alimentos y prendas de vestir.
Los menores vendían chicles en los cruceros.
Los menores vendían chicles en los cruceros. (JUAN LEVARIO)

Guadalajara

"Quiero la palabra de Dios”, dice una niña tzotzil de los que rescataron policías tonaltecas porque dos sujetos los mandaban a vender chicles en la calle. Ella no quiere ver la televisión, quiere leer la Biblia como acostumbraba en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, de donde es originaria: “palabra miel sobre la roca”, repiten los niños.

Siete menores de edad y tres mayores vivían en una casa de la calle Altamira, en la cabecera municipal, donde dos hombres a quienes llamaban tíos les daban techo para que trabajaran en los cruceros vendiendo dulces y pidiendo dinero.

Los policías los encontraron porque vieron a tres de ellos dormidos en la banqueta la noche del jueves; los llevaron a la comisaría, les dieron comida y ahí durmieron, pero el viernes los acompañaron a la casa donde estaban los demás y descubrieron que les exigían entre 100 y 200 pesos semanales para mandárselos a su familia.

Agustín y Agustín Jonás Pérez Velazco, de 47 y 22 años de edad son los hombres que rentaban la finca donde pernoctaban todos: una morada en una vecindad, con dos cuartos donde todos se distribuían en el piso para dormir.

En el área de Prevención social de la Policía municipal acogieron a los infantes mientras les buscaban un albergue para colocarlos temporalmente, pues las autoridades ministeriales investigaban si había algún delito que perseguir. Ahí les regalaron ropa, los policías se cooperaron para llevarles comida del mercado porque “comen como niños de hospicio”, relataban, y hasta dulces les dieron. Según la valoración médica en la Policía, los niños no tenían huellas de maltrato, pero sí signos de ligera desnutrición.

“Voy en quinto”, responde uno de los infantes al preguntarle si va a la escuela; dice que a veces le ayudaba a su padre en el mercado de San Cristóbal donde trabaja como cargador con una carretilla de madera.

Los otros moradores de la vecindad dijeron que duraron aproximadamente un mes viviendo ahí, pero se fueron porque la esposa de uno de los detenidos estaba embarazada, y regresaron el martes por la noche, pero ya sin las mujeres. Que son tranquilos, que no daban problemas, que tratan bien a los niños, que los domingos descansan y se ponen a jugar en el patio común, que sólo tienen unas mochilas, ni camas tienen porque son de Chiapas y allá tienen sus cosas.

En la agencia del Ministerio Público a donde remitieron a los detenidos les dijeron que no podían hacerse cargo de los niños porque no había espacio para tenerlos, por lo que la trabajadora social de la Policía comenzó a buscarles un albergue donde puedan quedarse mientras resuelven qué hacer con ellos, pero los adolescentes que ya andan por los 14 años serán los que cueste más trabajo colocar, consideraba personal de la corporación.