Los Otros Niños Héroes, en su batalla por la vida

Pese a la adversidad y la marginación, en esta ciudad se tejen historias de menores de edad que con gran tesón luchan para salir adelante

Guadalajara

Envuelta en mito, la muerte de cadetes mexicanos en la Batalla de Chapultepec (12 y 13 de septiembre de 1847) durante la guerra México-Estados Unidos aún es motivo de orgullo y fervor patrio. Más allá de la polémica, y del dudoso suicidio de un cadete envuelto en la bandera nacional, la conmemoración vale para honrar si no a niños, sí adolescentes y jóvenes que se enfrentaron a expertos soldados, hombres maduros que los vencieron. México, 166 años después sigue siendo un país de niños y jóvenes. Y la realidad que muchos enfrentan en su patria es de incertidumbre, marginación, crimen y violencia: 40 de los 53 millones de mexicanos en pobreza tienen menos de 19 años.

En ese conglomerado, se entretejen cada día historias de menores de edad que, con gran tesón buscan cambiar su destino y que con un poco de apoyo en el momento oportuno lo están logrando. Guadalajara es escenario de algunas de estas vidas, que no son mito y que atestiguan varias instituciones, activistas y organismos civiles, entre estos últimos el Colectivo pro Derechos de la Niñez (Codeni), que desde 2005 encabeza un proyecto de rescate de menores en situación de calle.

Codeni se ha propuesto no ser meramente asistencialista, sino dar herramientas “para que los niños y adolescentes construyan su proyecto de vida”, señala Daniela Strickland, su actual directora. Construir un proyecto de vida digna, que respete los derechos que cotidianamente les son pisoteados a quienes viven o sobreviven en la informalidad de las calles; es una batalla a contracorriente, y en la que sin la voluntad de estos pequeños, está perdida de antemano.

Ellos son los otros héroes, a los que no se les van a alzar monumentos ni a aplaudirles el valor y coraje que deben tener para romper la inercia y ganar su propia batalla, día con día.

CLAUDIA

[b]Pedía limosna de niña, hoy estudia la universidad[/b]

A simple vista luce igual que cualquier joven de 18 años. Viste unos jeans y una camiseta tipo polo, pero a su corta edad Claudia ya ha librado varias batallas. Tenía sólo 11 cuando ya vendía dulces en el Centro, le pagaban unos pesos por pegar calcomanías y cuando no había para comer en su casa, de plano pedía limosna para sobrevivir.

La suya es una familia de mujeres. Todas tapatías y vecinas del barrio La Perla. Claudia es la segunda de cuatro hermanas y durante un tiempo vivieron asiladas en casa de su abuela paterna donde había mucha violencia. Su padre, alcohólico y drogadicto, golpeaba mucho a su madre —entonces una jovencita, hoy tiene 34 años— hasta que un día ella decidió dejarlo y mantener sola a sus cuatro hijas. “No podíamos con los gastos que había en la casa”, recuerda.

Su mamá vende globos y artículos de temporada en el Centro. Su hermana mayor trabajaba de cerilla en una farmacia y las otras eran muy pequeñas. Con lo que Claudia ganaba vendiendo chocolates compraban pañales para la menor. “Había veces que no teníamos nada de dinero y me iba a plaza México a pedir limosna para poder ir a la escuela”.

Un día merodeaba las inmediaciones de la biblioteca “del Centro” (Iberoamericana) y había tres personas que luego supo eran “mairos”, es decir, formadores que se dedican a enseñar a los niños en situación de calle. Ellos invitaron a Claudia a jugar. “Después me ayudaron hacer tareas y con el tiempo los fui frecuentando hasta que me dieron la oportunidad y me integré a Codeni”.

Claudia continuó sus estudios, estaba en la prepa cuando se embarazó. Su bebé tiene un año ocho meses. El papá tiene 18 años y no están juntos, pero sí le apoya con la manutención de su hija.

Aunque es madre soltera Claudia cursa la licenciatura en administración por las tardes. Por las mañanas es becaria en Codeni, donde realiza labores secretariales. Con la beca paga la universidad, la comida y apoya los gastos de la casa de las cinco mujeres y su nena.

Ella sabe que aún le quedan muchas batallas por librar, pero que a diferencia de otras madres adolescentes tiene hoy la ventaja de los estudios y un empleo formal para ir ganando de una en una.

DUILIO

El hip hop de un pequeño wixárica

A Duilio, un pequeño de origen wixárica, le gusta el hip hop y lo interpreta con emoción. “Me gusta porque expresas tus sentimientos en la canción que tú escribes”, explica convencido.

El niño de diez años tiene cinco hermanos. El más chiquito, de apenas diez meses, es su consentido. Olegario y Dolores, sus papás, venden artesanía de su etnia, collares, pulseras, aretes y otros ornamentos que Duilio también sabe hacer. Acaso de ahí la vena de creador y su deseo de ser pintor o músico cuando sea grande.

Aitemai (su nombre wixárica, que significa nube bonita) cursa el quinto grado de primaria y asegura que “a las matemáticas yo sí les hallo mucho”, mientras que la materia más difícil es historia. Como quiera, su maestro es muy estricto. “Nos exige mucho”, señala.

Su vida ha transcurrido en el barrio de San Juan de Dios, luego que su familia emigró por necesidad económica, aunque eventualmente regresan a la imponente sierra donde se asienta el pueblo huichol. La sierra a él le gusta mucho “porque hay mucha vegetación”, y no hay el ruido de los carros. Además hay lobos, dice. Su animal favorito. El niño, vive sin saberlo inmerso en la batalla de sobrevivencia de su pueblo en medio de la gran urbe. Y con el incierto futuro de sobrevivir en ella, sin perder su esencia, y cantando sus emociones a ritmo de hip hop.

MARIANA

[b]Comerciante de papitas en busca de ser artista[/b]

En una colonia marginal del Cerro del 4, en Tlaquepaque, vive Mariana de 16 años con sus padres, originarios de Santiago Mezquititlán (Querétaro). Hace años que emigraron a esta zona metropolitana y se dedican a la venta de papas fritas. Tiene cinco hermanos más. Los dos más grandes ya se casaron y se fueron del hogar paterno.

“Creo que hemos vivido bien dentro de lo que cabe, porque el dinero no lo es todo. Sí hemos tenido carencias, como muchas familias, pero mis

papás no nos golpean ni nada de eso”, cuenta.

Ella también apoya la venta de papitas los domingos. Sus primas la invitaron a ser parte del proyecto que apoya a niños y adolescentes en situación de calle y aunque lo conoció se alejó un tiempo de la asociación mientras estudió la secundaria en una escuela de su colonia, después regresó. “El primer semestre y el segundo de la prepa no me fue bien, pero ahorita ya voy mejor”, admite.

Mariana tiene facilidades para el dibujo y toma un taller de pintura con el “mairo” Diego. Ella desea estudiar artes plásticas o diseño, y dedicarse a ello en el futuro. ¿Novio? “Ahorita no”, responde sonrojada. Salir adelante y tener la oportunidad de convertirse en artista, es la batalla que la ocupa ahorita.

ÓSCAR

La oportunidad de poder estudiar lo hace feliz

Óscar tiene 15 años. Es miembro de una familia de artesanos de Guadalajara que trabaja en las inmediaciones del templo El Expiatorio, donde fue abordado por Tomás, un “mairo” que lo invitó a ir a Codeni, una asociación donde los apoyarían con las tareas.

“Me dio curiosidad y fui a ver de qué se trataba. Vi y me convenció, porque me ayudaron con las tareas pero también con mis problemas, algo que afuera no tenía. Puedo hablar con los ‘mairos’ y soluciono mis problemas, alguna duda”, dice.

El adolescente reconoce que estudiar en principio era “muy batalloso para mí porque no le entendía, con el apoyo se me fue facilitando”. Y es que Óscar tiene el peso de ser el mayor de cinco hermanos. Cuando llegó a la asociación tenía 11 años y cursaba el quinto de primaria. Ahora ingresó a la preparatoria, con un promedio de ocho y aunque atraviesa plena adolescencia, su plan es acabar la prepa e ingresar a la universidad a estudiar música o diseño gráfico.

De drogas “nada de nada”, asegura. Novias, ya tuvo una que lo terminó, y por lo pronto no hay otra en planes. Vive con su papá, su mamá y hermanos a los que considera una familia como cualquiera, que ha salido adelante con el apoyo de los “mairos”.

“Me siento feliz de poder estar estudiando, hay personas que no tienen esa oportunidad, […] me da tristeza cuando veo a otros perdidos, idos. No sé si fue por un problema que tuvieron o porque ellos no tuvieron la oportunidad”.