Megadesarrollo condenado, en busca de resurrección

Documentados los daños que ocasionaría sobre la región de marismas en el sur de Sinaloa y fuertemente cuestionado en el país y a nivel mundial, el gobierno federal inyecta recursos para revivirlo

Escuinapa, Sinaloa

La playa del Espíritu está en una isla que alberga una de las zonas más ricas en producción agrícola y pesquera del sur de Sinaloa, justo en el lindero norte de las Marismas Nacionales. Vive desde 2009 una versión pesadillesca, históricamente frecuente, del desarrollismo mexicano: la implantación del centro integralmente planeado de Escuinapa, presentado con bombo y platillo por el entonces presidente Felipe Calderón, el 3 de febrero de 2009, y que hasta hace unas semanas parecía condenado.

 

No lo está. No obstante ser proyecto estrella de su antecesor, el gobierno de Enrique Peña Nieto ha decidido respaldar con un presupuesto de 530 millones de pesos para fortalecer los casi 2,300 millones, que según los datos del Fondo Nacional de Turismo (Fonatur), ya están enterrados en la zona, lo que lleva al optimista pronóstico de que a finales de este año, se abrirá el campo de golf y quizás un primer hotel en la zona.

 

Lo de “pesadilla” es el vaticinio pesimista de los pobladores de la ínsula enclavada al extremo oeste del municipio de Escuinapa.

Joel Amarillas López, delegado del Fonatur en Sinaloa, dijo a los medios locales que no obstante las fuertes críticas de los ambientalistas, y los resultados de la misión Ramsar que en 2010 consideró inviable el proyecto, “no tenemos ninguna modificación. Fonatur siempre ha sido responsable y los proyectos los ha llevado a feliz término” (ver http://208.43.0.58/dwd/pdf/20131219/MAZ_NAC_008_20131219.pdf).

Con ello, resucitan los fuertes cuestionamientos. En 2010 se hizo público el señalamiento de la misión especial a Marismas Nacionales realizada por expertos de la Convención Ramsar de humedales prioritarios de las Naciones Unidas, pues este vasto ecosistema que abarca casi 200 mil hectáreas está en el listado mundial.

 

“La misión considera que dada la importancia ambiental del área para el Estado mexicano y la comunidad internacional por ser un humedal Ramsar, […] no es viable tener un desarrollo turístico en la magnitud, densidad de ocupación y diseño planteado por Fonatur”, señala el informe final, fechado el 9 de agosto de 2010, elaborado por María Rivera, Claudia González y Rolain Borel, quienes visitaron el área entre el 21 y el 26 de junio de 2010. “Con la delimitación realizada se desconoce y se subvalora el real efecto de las actividades existentes sobre los ríos Presidio y Baluarte que abastecen las marismas, proyectos que tendrán un impacto acumulativo como son la construcción de las presas Picachos, Santa María y posteriormente del distrito de riego 111, que afectan la hidrodinámica del área y en calidad de agua” (Público-Milenio, 15 de diciembre de 2010).

 

Para el CIP Costa del Pacífico, renombrado Playa de Espíritu, el entonces presidente Calderón anunció la inversión de 500 millones de dólares en hoteles tipo resort, villas, condominios, residencias turísticas y urbanas, por un total de 43,981 cuartos, tres campos de golf, dos marinas, obras marítimas -dársena, canales, espigones- infraestructura y servicios de urbanización.

 

Los mayores temores han sido en torno al agua. Según los ambientalistas regionales, reunidos en la agrupación Voces por el Agua, se utilizarán todos los días 70 millones de litros de agua –agua suficiente para una ciudad de 280 mil habitantes-, que provendrían del río Baluarte, que abastece a la población de Rosario y una amplia zona agrícola que se vería desplazada, lo que ha movilizado a las organizaciones locales. Hay también la seria amenaza de que la marina cambie los flujos de mareas y se dejen de alimentar las playas de la zona (algo similar al caso de Barra de Navidad, en Jalisco, ver edición del 16 de julio de 2013), y se altere el movimiento de larvas de crustáceos, que dejarían de ingresar al sistema lagunar.

 

El agua de mar salinizará seriamente el sistema lagunar interior y el acuífero.

 

Las críticas a la MIA del Fonatur fueron tan sólidas, que la Semarnat debió reducir el proyecto en febrero de 2011, cuando sólo autorizó una primera etapa, con apenas diez mil cuartos, una superficie hotelera de nueve hectáreas, un campo de golf  y una marina.

 

Esto redujo considerablemente las expectativas puestas. En 2012 se dejaron de pagar proveedores y como resultados de las auditorías al Fonatur, se detectaron malos manejos. De hecho, el dato actual revela que se invirtieron 2,300 millones pero de acuerdo a un análisis del Centro Mexicano de Derecho Ambiental (Cemda), se asignaron 3,467 millones de pesos del presupuesto federal (http://www.cemda.org.mx/10/fracasa-el-proyecto-turistico-mas-grande-de-calderon/).

 

Hoy, la Fonatur asegura haberse puesto al corriente y estar lista para relanzar el CIP, aparentemente, sin corregir sus problemas.