Jesuitas celebran 200 años de su restitución

Expertos hacen una revisión de la importancia de la presencia histórica de la Compañía de Jesús en México.
La Casa ITESO Clavigero, uno de los edificios más emblemáticos de la Compañía de Jesús en Guadalajara.
La Casa ITESO Clavigero, uno de los edificios más emblemáticos de la Compañía de Jesús en Guadalajara. (Alejandro Acosta)

Guadalajara

La existencia de la Compañía de Jesús no se mide por décadas, sino por siglos. La congregación, es la única en la Iglesia Católica que ha sido suprimida y luego restaurada. El 7 de agosto de 2014 se cumplieron 200 años de la restitución de los jesuitas en el mundo, señala Arturo Reynoso, sacerdote jesuita, jefe del departamento de filosofía y humanidades del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), quien describe que la efeméride no puede pasar desapercibida de manera que  “el festejo lo hemos fraguado desde hace varios años con la realización de montajes de teatro, mesas redondas y ediciones especiales. Las celebraciones continuarán con diversas actividades en lo que resta del año y en diferentes ciudades del mundo, entre ellas Guadalajara”, apunta.

Para comprender mejor la magnitud de la efeméride y la importancia de la presencia de la congregación en el mundo, Reynoso explica que “hay tres momentos fundamentales en la historia de la Compañía de Jesús: su fundación en Francia cuando corría el año 1540 a cargo de San Ignacio de Loyola, la supresión de la compañía en 1773 decretada por el Papa Clemente XIV y su restitución en 1814 por el Papa Pío VII.

“Los jesuitas fueron fundamentales en la creación de México como nación”, dice Reynoso al referirse a un capítulo que lamenta, no está contemplado en los programas de historia que se enseña en las aulas del país y que comparte a los lectores de MILENIO JALISCO.

Actualmente en el mundo se cuentan 1,800 jesuitas con presencia en 80 países cuando antes del concilio vaticano había 3,600. “Ahorita hay más de 3 mil jesuitas en la India, hay sacerdotes en Japón, China, Libia, Siria y Nepal que abanderan un movimiento elástico de dinamismo y tensión”, expone Reynoso.

Desde su fundación a hoy las funciones de la congregación son las del particular esquema que se ha cultivado por siglos con la misión de predicar, brindar educación científica, tecnológica y humanística en colegios de acceso gratuito. El esquema incluye también la creación de  sistemas productivos propios para subsistir. Su red de misiones consistía en impartir artes y oficios a la población también gratuitos, gracias a una red de benefactores laicos que facilitaba las haciendas. En las cercanías de Guadalajara, por ejemplo, fundaron las haciendas de Toluquilla y la Sauceda. Las congregaciones devocionales realizaban voluntariado con presos y enfermos.

Institución centenaria que mide su existencia por siglos

Alfonso Alfaro, director del instituto de investigaciones de Artes de México, señala que los fenómenos que tienen que ver con la fundación, supresión y restauración rebasan por mucho a la institución. Dice que son fundamentales para comprender la historia mundial y no sólo la historia de los jesuitas. “La congregación vino a cambiar el horizonte del mundo, a crear sistemas de comunicaciones mundiales que transforman civilizaciones”, explica.

Supresión, restitución, oscuridad, luz

Reynoso, narra el capítulo de la expulsión. “Sucedió una noche sin aviso, 680 jesuitas son expulsados de la provincia de la Nueva España, la disolución viene del Papa Clemente XIV en 1773  con una orden de extrañamiento, no disolver ni abandonar, extrañar significa perderlo todo. Hubo algunas revueltas de la población en San Luis Potosí que los mismos sacerdotes calmaron pues aceptaron las circunstancias sin cuestionamientos”. Más de 60 murieron en el traslado hacia Veracruz y 14 quedaron dispersos. El resto fueron llevados a la fuerza a Bolonia, allí en Italia en la oscuridad, continuaron su labor intelectual escribiendo sus obras en la miseria y el desarraigo.

En el momento de la expulsión hay alrededor de 26 colegios y 122 haciendas grandes en territorio novohispano desde La Habana, a Guatemala y México. Arturo Reynoso dice que una congregación como esta tan globalizada, con tantos bienes, era una amenaza para la consolidación de los estados monárquicos.

En toda Europa, sólo Catalina la Grande de Rusia y Federico II, no reconocieron la supresión de la orden de manera que algunos jesuitas subsistieron en estas tierras al igual que en el norte de los Estados Unidos. Fue el 7 de agosto de 1814 el Papa Pío VII restituye a la orden y la sociedad misma en diferentes latitudes comienza a llamarles para que se vuelvan a incorporar.

La actitud Jesuita como forma de vida en México

Apenas a 32 años de su fundación en pleno renacimiento del siglo XVI, en 1572 la Compañía de Jesús arribó al puerto de Veracruz donde Juan Luis Maneiro se dedica a interpretar La naturaleza de las cosas y Agustín Pablo de Castro renueva la filosofía y la pedagogía. Pronto emprendieron   las misiones en zonas urbanas y suburbanas de Sinaloa,  Sonora de la mano de José Rafael Campoy, Nayarit, Zacatecas, Oaxaca, Morelia, Michoacán con Diego José Abad, Durango, Guadalajara, Guanajuato, en donde Pedro José Márquez hace patente la grandeza de las civilizaciones prehispánicas; se instalaron también en Campeche y Mérida.  Fueron expulsados todos y al momento de la restitución, el Papa Pío VII permite que Juan Luis Maneiro, José María Castañiza y el padre Pedro Cantón (originario de Guadalajara) consigan pasaportes y regresen a México, explica Alfonso Alfaro.