En Guerrero, el milagro forestal de Costa Grande

La ruta de El Balcón y sus vecinos de la sierra, que hoy gestan una potencia forestal, contradice la aparente fatalidad en el destino del estado sureño.
A través del Comité de Seguridad Civil mantienen vigilancia para mantener una distancia con el crimen organizado.
A través del Comité de Seguridad Civil mantienen vigilancia para mantener una distancia con el crimen organizado. (Conafor Guerrero)

Guadalajara

La violencia endémica ha marcado la historia de Guerrero desde tiempos coloniales. Cuna de la guerrilla moderna en México, es hoy presa de estructuras criminales ligadas a grandes cárteles de la droga entre instituciones del Estado en descomposición, pero la rica entidad sureña también alberga una experiencia de manejo de bosques exitosa y al alza en su región Costa Grande: los ejidos de la Integradora Forestal del Estado de Guerrero.

La cabeza de ese modelo es el ejido El Balcón, cuyos bosques están enclavados en el municipio de Ajuchitlán del Progreso, pero por cuestiones de mercado ha afincado las instalaciones de su industria forestal en Tecpan de Galeana, en esa zona de bosques templados que corre paralela a la línea del litoral, no lejos de las áreas donde la violencia se enseñorea.

“Cada quien hace su trabajo y nosotros no nos metemos en las cuestiones de seguridad, ni tampoco ellos [los criminales] se meten con nosotros; tratamos de tener el menor roce posible, [...] nos hemos cubierto entre nosotros mismos, a través de nuestro Comité de Seguridad Civil, que no es como las autodefensas de Michoacán, es gente que vigila y tiene radiocomunicación para protegernos entre todos”, explica José Luis González Méndez, gerente de la industria forestal de El Balcón. Es un esquema con quince años de antigüedad. Vieron que los problemas se venían encima, y decidieron adelantarse de forma preventiva para no perder el control de sus territorios.

- ¿Las autoridades trabajan con ustedes?

- Sí, esta organización ya la registramos, es una de las pocas que hay en el país, tenemos para la ruta Tecpan - El Balcón, que es la principal, y hay también la de San Luis - San Pedro - Rancho Nuevo, que abarca a varios ejidos.

- ¿Qué tipo de equipamiento tienen?

- Lo necesario para tener protección y disuadir, vehículos y patrullaje principalmente, y armas autorizadas por el ejército. Nuestra vinculación es sobre todo con el gobierno estatal, […] toda la población está comprometida, en una red; el gobierno federal nos ha puesto radios de comunicación en los pueblos principales, así que es continua la vigilancia y hay que estarse reportando a toda hora.

- ¿Por qué Guerrero tiene tantos problemas, tan mala prensa, por decirlo?

- Porque somos de los estados más abandonados por las dependencias del gobierno. Yo creo que mucho depende de los apoyos que no se han brindado de manera continua, y ahora nos voltean a ver por la violencia […] tampoco nos vamos a estar solo quejando de eso, hay que trabajar, y con lo que podamos apoyar para recuperar la paz.

El Balcón posee 24 mil hectáreas principalmente boscosas, de las cuales se tienen siete mil ha en producción maderera; esto da a extracción por anualidades en 700 ha y un volumen promedio de 15 mil m3; la industria agregada del ejido se llama Muebles y Cabañas Certificadas SA, en gradual crecimiento productivo y expansión comercial.

González Méndez explica el milagro: cómo es que en un estado históricamente inestable, sean posibles historias de prosperidad.

“El Balcón comienza en los años 70, cuando nuestros abuelos decidieron luchar por la tenencia de la tierra, y se inicia con una pequeña dotación ejidal que no era ni siquiera maderable”, refiere el campesino, con raíces tlapanecas, como todos sus paisanos, que en este caso, han perdido la lengua aborigen.

El Balcón debió enfrentar, como tantos ejidos y comunidades forestales del país, las tenazas monopólicas de las concesiones del “desarrollo estabilizador” en que se veían reducidos a rentistas de sus florestas. La empresa forestal paraestatal Vicente Guerrero esquilmó “con celo revolucionario” las vastas umbrías hasta que se cansaron los propietarios, “lo único a que aspiraban era a algunos empleos, y se decidió detener el abuso; allí empieza la lucha [...] lo que arranca con el primer aserradero en 1986”.

Son desde entonces casi 30 años de trabajo ininterrumpido, “de estar luchando día a día, con todas las adversidades que hay en el estado, y que las utilidades se usen bien; ha habido una estrategia para que el recurso llegue a los beneficiarios con inversión en servicios, y eso nos ha ayudado a elevar el nivel de vida de los ejidatarios, a mejorar el nivel de la misma industria, a diversificarla y modernizarla”, añade González Méndez.

La temporada forestal fuerte es en secas, de enero a junio o julio. En ese tiempo se llega a dar empleo a 350 trabajadores, incluido el fuerte trabajo preventivo para los incendios forestales; “cuando llega a haber un incendio, primero lo combate la gente que está en el campo, y luego la del pueblo; todos estamos disponibles y tenemos instrumentos adecuados para hacerlo, porque sabemos el valor de los bosques”.

Una de las principales claves del buen manejo es que el ámbito empresarial del negocio se cuece aparte de la vida interna del ejido. Comisariados ejidales van y vienen, pero la empresa tiene un manejo gerencial de largo plazo y no puede estar sujeta a los caprichos y vaivenes de la política. “Decidimos hacer la separación porque tuvimos experiencias no muy gratas en la primera etapa, hasta 1992”.

No obstante, no se vive solamente de ese recurso. Procuran mantenerse diversificados: agricultura, ganadería, ecoturismo. La empresa ha seguido su desarrollo y se ha lanzado a nuevas etapas: la creación de la integradora, que une los destinos de El Balcón con sus vecinos de la sierra, los ejidos Los Bajitos y Coacuyul y Tizotla, para garantizar el abastecimiento de madera a la industria mueblera propia y a los clientes foráneos. Se delinea así una de las grandes potencias forestales del país, con trece mil ha de bosques en aprovechamiento y la posibilidad de producir 45 mil m3 de madera al año (equivalente a 15 por ciento de todo lo que produce el estado de Jalisco), explica el presidente del consejo de administración, Paulino López Atanacio.

Este conglomerado no ha desarrollado todas sus posibilidades. Se ha surtido a los gobiernos locales y estatal de mobiliario para escuela, se construyen cabañas para proyectos ecoturísticos –uno en la propia sierra- y se busca conquistar el mercado internacional. “Ya tenemos negociaciones con compradores chinos o de los Estados Unidos”, refiere Fidencio Sánchez Atanacio, gerente de la empresa mueblera. Pero se vive la incertidumbre porque la reforma fiscal ha dejado en situación precaria a las empresas sociales: la imposibilidad de generar facturas para sus propias inversiones  –una escuela en alguna comunidad- les impide reducir el monto de impuestos a pagar y desincentiva esa inversión. “Pueden matar este tipo de empresas, esperamos que se revise pronto”, señala.

Estos campesinos tlapenses han visto que en otras zonas del rezagado estado en que nacieron comienzan a despuntar iniciativas como la suya. “Conocemos una que está cerca de Acapulco, en la zona del 42 para arriba está un pueblo, en una comunidad que se llama Pueblo Santo, [...] donde se cuidan entre ellos; hay otras en la zona centro, por Chilpancingo, pero somos pocos, aunque ya se han dado brotes de compañerismo, porque si estamos abandonados del gobierno, tenemos que darnos la mano entre nosotros y aprender a trabajar”, puntualiza.

Ejidos de la Costa Grande

Las comunidades agrarias de esta región guerrerense toman como base la historia de El Balcón, un ejido dotado en 1960 a partir de las gestiones de tres familias y que se benefició de dos ampliaciones hacia los bosques de la zona. Tiene 24 mil hectáreas y produce unos 15 mil m3 de madera sobre 7 mil ha y otras 3 mil ha reciben pago de servicios ambientales de la Conafor. Su primer aserradero data de 1986. Tiene 112 ejidatarios. Su proceso de certificación data de 2003.

El ejido Los Bajitos tiene 12,600 ha y 7,500 forestales con un aprovechamiento anual de 10 mil m3 de madera; por usos y costumbres no han podido separar el manejo forestal de los avatares de la política agraria interna, pero buscan seguir el camino de su vecino El Balcón. Con la formación de la integradora, las posibilidades aumentan hasta más de 40 mil m3 de madera anuales, lo que permite alimentar los mercados locales y buscar, gracias a la certificación, otros espacios fuera del país.

Allende las fronteras, uno de los productos que más han despertado interés en el mercado internacional es la madera de encino, difícil de trabajar, pero de gran durabilidad, refiere Fidencio Sánchez, gerente de la empresa mueblera.