"Combines" Sonoros

El contraste entre la música del fundador de Velvet Underground y la obra plástica del autor de las "Black Paintings" motiva una reflexión sobre la simetría de los espíritus transgresores.
Reed y Rauschenberg.
Reed y Rauschenberg. (Le express)

México

La voz de Lou Reed me traslada a los Combines de Robert Rauschenberg, esas piezas que despertaban suspicacias entre algunos críticos y artistas a los que les parecía errónea, más que arriesgada o provocativa, la recuperación de objetos cotidianos para emplazarlos en sus piezas. Rauschenberg se anticipaba al Pop Art y de una manera más escultórica se reinventaba en la pintura. Poco más de una década después, Lou Reed sentaba el precedente de lo que hoy llamamos rock alternativo.

Ambos visionarios integraron lo popular y lo urbano en sus propuestas artísticas, pero ninguno de una forma obvia ni kitsch, sino desde un enfoque inteligente centrado en el detalle como detonador. Su mirada es un zoom-in a situaciones y escenas de la realidad, esa que sucede sin filtros. La cotidianidad simple y, por lo tanto, sumamente compleja. La música de Reed es la narrativa de la calle con sus ruidos y desperdicios. Algunas de sus canciones son tristes porque no tienen remedio, así como el espíritu monocromático de las series BlackPaintings y White Paintings, en las que al eliminar el gesto se borra cualquier narrativa o referencia externa, dejando al espectador solo. Y es esta soledad la que también me impacta al escuchar el disco Berlin. Ninguno de los dos le teme a la confrontación, mucho menos al ejercicio de reducir al mínimo el acto —ya sea plástico o sonoro— para provocar. Ya John Cage les había enseñado el camino y cada uno trazó una ruta propia que a su vez plantearía otras; en el caso de Reed, el punk, y en el de Rauschenberg, el expresionismo abstracto.

¿Habrá Lou visto la obra Robert? ¿Habrá escuchado Rauschenberg a Reed? Aunque no tengo pruebas, lo podría apostar. Compartieron una ciudad —Nueva York— que se convirtió no solo en una musa, sino en un laboratorio en el que compartían conocimiento con creadores de distintas generaciones: Joseph Campbell, Patti Smith, Sam Shepard o Jasper Johns, por mencionar a algunos. De las calles recogieron sonora y plásticamente elementos que se convirtieron en piezas. En un sentido, ambos trabajaron el expresionismo abstracto y fueron envueltos por el arrebato interdisciplinario que hizo de este movimiento una suerte de emblema estadounidense.

“Walk on the Wild Side”, de Lou Reed, es una canción que sintetiza la propuesta de un artista para quien el sentido literario era tan importante como el sentido musical. Sus temas hacen referencia a esos personajes que deambulan entre las sombras de la realidad, pero que en determinadas horas sus siluetas crecen. Su música nos invita a escuchar y a ver a esos “otros” que se atreven a ser y que intimidan a la realidad. Esta fue una constante en su obra desde Velvet Underground hasta los performances sonoros que protagonizó con su esposa Laurie Anderson.

Escucho “Sunday Morning” y pienso que logró musicalizar el intersticio entre la vida y el arte, revelando en un sonido simple y sincero la complejidad; así como Rauschenberg logró hacer de este intersticio una pregunta plástica que fuera un hilo conductor en su obra. Ambos nos recuerdan que en el conocimiento lo fundamental no son las respuestas sino las preguntas. Rauschenberg cuestiona —en la tradición de Marcel Duchamp— no solo cuál es la “verdadera” distinción entre los objetos de arte y los objetos cotidianos, sino si existe tal. De esto trata la propuesta revolucionaria de Rauschenberg y también la lírica sonora de Reed.

Los dos experimentaron otras artes: Lou, la pintura y la fotografía, y Robert, la danza (basta ver su colaboración con Merce Cunningham). También los dos entendieron que la sexualidad no es una cuestión atrapada en el “género”, podrían haber sido precursores no de la teoría sino de la actitud Queer, pero el cómo vivieran la sexualidad es solo anecdótico, ¿importa si ejercieron la bisexualidad? Lo interesante es cómo asumieron la responsabilidad de ser libres. Libertad que se reflejó sobre todo en su obra y en el proceso. Supieron entender más que su momento, la necesidad de llevar lo popular al arte, con una sensibilidad e inteligencia sofisticada. Sin ser contemporáneos —Rauschenberg nació en 1925 y Reed en el 42— integraron con la misma vitalidad e irreverencia lo urbano en su obra, apostaron por el trabajo colectivo, Lou con Velvet Underground, en sus inicios, y Metal Machine Trio, en su madurez, y Robert, a través de E.A.T. (Experiments in Art and Technology). La experimentación fue fundamental en su propuesta; como las litografías Stoned Moon Series o el diseño del álbum Speaking in Tongues de los Talking Heads, por el cual Rauschenberg ganó un Grammy en 1983 o el disco de Hudson River Wind Meditations que Reed grabara a inicios de 2007.

Como Rausecheberg nos enseñó a apropiarnos de la cotidianidad y reinventarla en el arte, Lou Reed es el creador de la gran novela sonora americana. Escucho “Vicious” e imagino al ballet de Merce Cunningham evocando la presencia de Rauschenberg, claro, con uno de sus Combines de fondo.