Cientos hacen fila para demostrar su devoción a la Virgen Morena

Más de 50 mil fieles han visitado El Santuario de Guadalupe. El cardenal de Guadalajara bendijo las rosas que le han llevado en su día.
Cada persona, cada familia, lleva su historia, sus oraciones y sus rosas en ofrenda y gratitud.
Cada persona, cada familia, lleva su historia, sus oraciones y sus rosas en ofrenda y gratitud. (Chema Martínez)

Guadalajara

En torno al Santuario de Guadalupe, en el corazón de este barrio tapatío, cientos hacen fila para demostrar su devoción a la Virgen Morena, principal icono de la religiosidad mexicana, cuya imagen aguardan ver apenas unos minutos al pie de altar, en el mero festejo de su día. Desde la víspera y hasta esta mañana ya más de 50 mil fieles habían podido hacerlo.

La espera varía de media hora a 45 minutos, salvo a quienes arribaron al momento que el cardenal de Guadalajara, José Francisco Robles Ortega oficiaba el acto litúrgico central de este día, por lo que la fila para ingresar –que se forma por Pedro Loza desde Juan Álvarez hasta Garibaldi, custodiada de vallas metálicas. Fuera del atrio, también tras las vallas, fue posible escuchar la ceremonia a través de altavoces.

El día ha transcurrido apacible y sin contratiempos. El cardenal invitó a los feligreses a “construir un México más pacífico” y encomendó la nación a la Virgen de Guadalupe, Reina de México.

“Concédenos construir nuestra patria por caminos de justicia y de paz”, le pidió a la “Morenita” en su santuario donde se confundía el olor de decenas de flores, la mayoría rosas rojas y de tonalidades rosadas, con el humo del incienso.

El cardenal concluyó la ceremonia litúrgica bendiciendo las rosas y entonando la Salve en latín. Mientras afuera también luce el colorido de esta fiesta, con la vendimia de comida, de flores, los juegos de feria que se activarán más tarde, niños vestidos de manta y huarache y niñas con huipiles y trenzas postizas.

De colonias de la zona metropolitana y de otros municipios arriban fieles, como Isabel Prado, que vive en Agua Fría, una comunidad zapopana por la carretera a Saltillo, quien acudió con su hija y cinco nietos pequeños –de dos meses de edad a siete años- todos vestidos de “indito” para la ocasión: darle gracias a la Virgen “y pedir por la familia”, como lo hace desde hace treinta años.

Ernesto Almaraz fue con su esposa y dos hijos a pagar la manda. “La Virgen nos hizo el milagro porque ella se puso mala en el embarazo, y aquí estamos”, dijo con la bebé a salvo, entre sus brazos.

Cada persona, cada familia, lleva su historia, sus oraciones y sus rosas en ofrenda y gratitud.