Bosques bajo manejo en tierras de los Zetas

Los modelos de desarrollo forestal organizados demuestran que son opción viable, pues prosperan en entornos complicados por la narcoviolencia.
Al sur, Veracruz vive entre problemas sociales graves que ocasionan destrucción ambiental.
Al sur, Veracruz vive entre problemas sociales graves que ocasionan destrucción ambiental. (Cortesía Conafor Veracruz)

Guadalajara

Los estados de la vertiente del Golfo de México han sido fuertemente perturbados por la violencia indiscriminada de los Zetas, la agrupación criminal que convirtió el terror en arma principal de control territorial, político y financiero. Tamaulipas, Veracruz y el sureste mexicano son teatro de las disputas entre el antiguo ejército privado del Cártel del Golfo y sus competidores regionales.

Pero con todas las dificultades, la silvicultura sobrevive en las montañas y las selvas de esta vasta región, con fuertes lazos comunitarios que no han sido barridos por la violencia “democratizada” por los cárteles de la droga y la incapacidad de los gobiernos de brindar seguridad pública a los ciudadanos.

Los testimonios de los responsables de proyectos en la Huasteca veracruzana y tamaulipeca, al norte, así como en las viejas y devastadas selvas del Istmo de Tehuantepec, al sur, destacan la importancia de la organización productiva, de la transparencia y del respeto de las reglas internas como base para mantener una sostenibilidad económica que pone coto a la seducción del dinero que sólo engañosamente es fácil.

Un caso notable es La Selva, ejido de Huayacocotla, Veracruz, que fue galardonado con el Premio al Mérito Forestal del gobierno de la república ya en 1991, cuando despuntaba como pionero de la silvicultura comunitaria veracruzana.

“El aprovechamiento en la selva empezó en 1978, cuando se levantó la veda forestal, que nos había pegado muy duro porque provocó un clandestinaje e ilegalidad muy fuertes; en ese tiempo de veda fue cuando el bosque se destruyó más; a pesar de al veda había concesiones, y llegaban empresas y acababan con todo, a partir de ahí se organizó el ejido para hacerse dueño verdadero de sus recursos, somos 109 ejidatarios con 3,640 hectáreas, e las cuales 95 por ciento están arboladas”, explica a MILENIO JALISCO Miguel Ángel López Badillo, integrante del comisariado ejidal.

Son casi 40 años de crecimiento; “tenemos trabajo, le damos empleo a 350 familias, desde el vivero forestal, el aprovechamiento como tal, la reforestación, el transporte y la industria de aserrío; sembramos, cortamos e industrializamos, hasta tablas; nuestro bosque es de muy buena calidad, se ha recuperado, son pinos y encinos que nos dan 22 mil metros cúbicos anuales”.

¿Cuál es la clave del éxito? “Hemos mantenido una autoridad forestal a través del Consejo Forestal Regional, donde hemos puesto normas que la gente debe cumplir; no tenemos madera clandestina, si alguno se quiere salir del huacal vamos y lo detenemos, y podemos demostrar que la mejor manera de conservar el bosque es aprovechándolo; las áreas naturales protegidas son otra cosa, nosotros tenemos conservado a 100 por ciento, pero igual cuidamos otras especies, no nos dedicamos a una sola cosa”.

- ¿Qué los llevó a reconocer que un bosque protegido iba a ser mejor, en lugar de venderlo para dedicarse a otra cosas, como hacen muchos ejidos en el país?

- Pues de ahí mantenemos a nuestras familias, eso es lo principal; si una gente no tiene un beneficio de algo que tiene que cuidar, así no se puede, eso es lo que nosotros como representantes de organizaciones le hemos gritado a las dependencias, la única manera de conservar el bosque es dándole valor, no solo madera, sino los servicios ambientales.

De los 109 ejidatarios se desprende un grupo de 35 ejidatarios “que somos los que analizamos los problemas antes de pasarlos a la asamblea general; un ejido es difícil, porque hay gente diferente, en la cuestión de preparación estamos apenas sacando los primeros ingenieros, y es en donde falta más conocimiento, pero lo logramos a través de esta comisión que analizamos las cosas, las discutimos, nos peleamos a veces, pero la toma de decisiones se hace por mayoría, y luego vamos a la asamblea con la misión de convencerlos”.

Las buenas cuentas convencen; “sólo por aprovechamiento nos toca a cada ejidatario entre 50 mil y 70 mil pesos anuales, y los empleos en los aserraderos, en los camiones o en los hornos, porque también producimos carbón; en los viveros, en la administración del ejido, o en el monte, porque al monte también hay que darle su mantenimiento […] esos resultados se ven y les convence de apoyar a ese grupo de 35.

La Huasteca es una de las regiones mejor posicionadas en imagen para ecoturismo. Y ante la violencia de la zona periférica, “tenemos seguridad. Todos los ejidos tenemos equipo de comunicación, tenemos presencia en el bosque, y debemos cuidar caminos porque hay que mover dinero para pagarle a la gente; nos cuidamos entre nosotros, porque hay poca policía, y de militares casi nada”. La ciudad más cercana es Pachuca, a 150 kilómetros, y hacia la costa, Tuxpan a 200 km.

Al sur, Veracruz vive entre problemas sociales graves que ocasionan destrucción ambiental. En las tierras de Uxpanapa, Choapas, Zaragoza, Minatitlán, Cosoleacaque, Coatzacoalcos, hay 750 mil ha de vocación forestal; allí, “nuestra intervención ahí es en coordinación con la Comisión Nacional Forestal, para hacer el establecimiento de plantaciones comerciales maderables, como la melina, el eucalipto, la caoba, el cedro, y de no maderables como es el hule, que es en la parte en la que tengo más intervención, y estoy en una empresa Procesadora de Hules Técnicos de la Cuenca de Uxpanapa SA, que está en Las Choapas, y ahí soy secretario del consejo de administración y uno de los socios […] crecemos en plantaciones tres mil ha por año, pero nos pega la inseguridad”, advierte Alejandro Rivera Vargas.

“Estamos en un corredor del tráfico de ilegales centroamericanos, y aparte están los secuestros, que afectan a la gente que trabaja, y como que ya no quiere invertir; no sé qué piensan nuestras autoridades, dicen que no pasa nada en Veracruz, y pasan muchas cosas que no se saben o no se dan a conocer, sobre todo queremos que el gobierno federal nos ayude, porque esta gente criminal todo mundo sabe quiénes son, pero parece que son intocables, no los ve la autoridad”, destaca.

La impunidad campea. “Cuando los meten a la cárcel, a los 20 días ya los sacó el agente del MP o el juez; parece que la violencia es un negocio para los que imparten la justicia, porque ellos se quedan con el dinero de los secuestrados”.

Pasando la frontera norte del estado, en Tamaulipas, hay otro proyecto al alza: el del ejido Paraíso, en la zona tórrida ubicada entre Valles y Tampico. Es un proyecto de recolección de Palma camedor radicalis, una especie de ornato altamente valorada en los mercados nacionales e internacionales, y que prospera de forma natural en la llanura húmeda que irriga uno de los ríos más caudalosos de México: el Pánuco.

El trabajo silencioso da recursos a decenas de comunidades que se han integrado al proceso de recolección y venta. Hasta ahora, parece que no se ha llamado la atención de las organizaciones criminales. “Allá conoce uno a toda la gente porque son pueblos chicos, secuestran quien tiene dinero, no a un recolector de palma, y esto se trata básicamente de eso, gente que ha aprendido a proteger ese recurso y que le da para comer”, dice Javier González Mayo, miembro de la organización productiva.

Los proyectos forestales son de largo aliento. Una palma requiere de cinco años al menos para madurar, ¿cómo será el mapa de la violencia regional cuando las que ahora germinan sean un producto viable? Los promotores confían que la pesadilla de hoy sea parte del pasado.

Ricos y asolados

Veracruz, una de las entidades originalmente más ricas en diversidad biológica, ha sido fuertemente golpeado por la destrucción ambiental, aunque mantiene aprovechamientos forestales modelo en diversas zonas de su territorio: La Selva aprovecha montañas templadas del corredor huasteco, en los linderos con el estado de Hidalgo; la jungla tropical del sur, fuertemente destruida bajo el patrocinio gubernamental echeverrista, mantiene algunas de las plantaciones forestales más grandes del país

El estado de Tamaulipas es rico también en recursos naturales, y aunque es más famoso por las narcofosas de San Fernando, tiene proyectos forestales de alto relieve, como la palma de su porción Huasteca que lidera el ejido El Paraíso

Pasando la frontera norte del estado, en Tamaulipas, hay otro proyecto al alza: el del ejido Paraíso, en la zona tórrida ubicada entre Valles y Tampico