Apostar por megaplantas es un error

Arturo Gleason señala que se privilegia el negocio y el cargo al erario cuando se debe fomentar una nueva cultura del agua entre la población que no está consciente.
Proyectos como Aguaprieta limitan los verdaderos alcances de lograr una limpieza integral
Proyectos como Aguaprieta limitan los verdaderos alcances de lograr una limpieza integral (Carlos Zepeda)

Guadalajara

Apostar toda la política pública de saneamiento a la construcción de megaplantas de tratamiento de aguas residuales, “es limitar los verdaderos alcances de lograr una limpieza integral de las cuencas”, y ver el tema más como negocio que como un modelo aceptable para transformar culturalmente a la sociedad, advirtió el consultor hidráulico Arturo Gleason Espíndola.

“Las plantas de tratamiento no controlan las fuentes de contaminación, sólo se limitan a recibir el flujo de agua sucia. Los ciudadanos no están conscientes de que son ellos los que contaminan  constantemente el entorno, y por lo tanto, no existe una consciencia para disminuir la forma de contaminar el agua y disminuir el uso de agua para contaminar menos. El ignorar al ciudadano como parte integral de la solución y apostar por la transformación de su conducta, solo provocará que tengamos que pensar en construir más mega plantas costosas en el futuro si la población aumenta, y que no garantizan el saneamiento total del agua”, advirtió el investigador de la Universidad de Guadalajara en una opinión a solicitud de MILENIO JALISCO.

Un segundo problema es la diferenciación  del tipo de contaminantes: “Siendo el ciudadano una fuente constante de contaminación, también hay que considerar que la forma en que este contamina es diferenciada. Hay que considerar que las fuentes de contaminación no sólo arrojan al drenaje residuos fecales, sino también los talleres mecánicos arrojan aceites y otras sustancias químicas, las industrias arrojan metales pesados como el plomo y mercurio, los restaurantes arrojan grasas y los hospitales arrojan desechos infecciosos así como  sustancias químicas. Toda esta gama de contaminantes son arrojados a drenajes viejos, mal construidos, mal conectados que en su trayecto a las descargas van dejando olores o fugas que contaminan los acuíferos provocando enfermedades en la comunidad”.

El que sean tantos contaminantes y de tantos tipos, “complica la implementación del tipo de tratamiento, no es lo mismo tratar heces fecales que metales pesados que con los sistemas de tratamiento actuales son muy difíciles de remover”.

El sistema de alcantarillado de Guadalajara es combinado; “recibe aguas residuales y agua de lluvia […] los sistemas fueron mal diseñados y no permiten la fluida circulación provocando taponamientos en los drenajes que provocan malos olores como es el caso del cruce de la avenida Juárez y la Calzada Independencia. Además cuando llueve los colectores se saturan y se producen las inundaciones de aguas combinadas que provocan pérdidas materiales y humanas”.

Es una cuenta de nunca acabar. Se requieren más y más drenajes y colectores para conducir todo a las plantas tratadoras. Hay además incapacidad para tratar aguas combinadas y en el temporal, se derramarán estas a la cuenca.

Operar y mantener una planta de tratamiento “demanda un alto costo. ¿Por qué instalar plantas de tratamiento que no resuelve totalmente el problema? ¿Por qué invertir en infraestructura costosa cuando hay desarticulación con los demás problemas? […] son remedios costosos, temporales y limitados. Si no resolvemos el problema de fondo, no me extrañaría que en poco tiempo estas megaplantas sean insuficientes a corto plazo y en próximos otros gobiernos propongan mega plantas más costosas aún”.

Un saneamiento integral demanda un cambio de cultura ciudadana, monitoreo constante de descargas, reparar infraestructura y reutilizar el agua. Es decir, pasa por prevenir la conformación del problema y no por soluciones costosas que no cambian actitudes y sólo garantizan grandes negocios.

Claves

El camino

-Primero es “controlar al contaminador número uno, el ciudadano”, que “no tiene idea del grado de deterioro ambiental en que habita. Para iniciar un saneamiento integral se debe apuntar primero a la conciencia del ciudadano, para que la fuente principal de contaminación sea controlada, disminuyendo la cantidad de agua contaminada y diferenciando los tipos de contaminantes. Si el ciudadano procura no contaminar,  se reduce el volumen,  y si se abstiene de utilizar contaminantes peligrosos, el tratamiento será más fácil”, apunta Gleason

-Se necesita acceder a un monitoreo eficiente de las descargas; “consiste en medir la cantidad de agua contaminada y la detección de tipo de contaminante. Si se pueden controlar las cantidades para cobrar por el volumen de agua desalojado, después de cierta cantidad se pudiera cobrar por los excedentes,  lo que motivaría al ciudadano a reducir sus consumos”

-Tratamiento in situ y reuso. “Existen ya tecnologías que en algunos casos pueden implementarse en las fuentes de contaminación […] el tratamiento es más barato y el agua tratada se puede reutilizar en mismo lugar donde se generó”

-Otros: sistema de monitoreo de sustancias en los colectores, programa de rescates de cauces, tratamiento por subcuencas, y sistema de gestión integral de saneamiento