Washington D.C. se blinda para proteger a Trump

Agencias y más de 28 mil agentes tomarán la capital estadunidense para mantener el control ante una concentración de casi un millón de personas que atestiguará la llegada del nuevo presidente.
Preparativos en el exterior del Capitolio, donde será el juramento.
Preparativos en el exterior del Capitolio, donde será el juramento. (Mark Wilson/AFP)

Washington

Tiradores solitarios, embestidas con camiones y drones con armas son algunos de los posibles riesgos considerados por las agencias estadunidenses de seguridad en su preparación para la ceremonia de investidura de Donald Trump como nuevo presidente, el próximo viernes.

Aunque el país en general, y Washington en particular, están constantemente en alerta contra ataques de grupos como el Estado Islámico (EI) o Al Qaeda, en los últimos años se verificaron acciones planificadas y realizadas por células internas.

“No tenemos informaciones de ninguna amenaza específica creíble” para la ceremonia, afirmó el secretario de Seguridad Interna, Jeh Johnson, desde una oficina montada en Washington donde se coordinan casi 50 agencias y entidades gubernamentales de cara a la investidura.

Está prevista la movilización de unos 28 mil agentes, incluido el Servicio Secreto, la Guardia Nacional, el FBI (policía federal) y la policía regional, para garantizar la seguridad de la ceremonia, dijo Johnson.

El día arrancará con ofrendas florales en el Cementerio Nacional de Arlington, luego tendrá lugar el juramento del nuevo presidente, seguido por la caravana por el centro de Washington, una gala y, finalmente, una ceremonia religiosa en la catedral.

Varios de esos eventos serán al aire libre, en especial la ceremonia de juramento, donde en un espacio reducido estarán el nuevo presidente, el mandatario saliente Barack Obama y otros altos funcionarios.

Los techos de todos los edificios próximos estarán tomados por francotiradores, el FBI tendrá detectores de radiación, químicos y biológicos en toda la zona, y las autoridades estarán protegidas por gruesos vidrios antibala.

La tradicional caravana desde el Capitolio a la Casa Blanca también presenta un enorme desafío logístico y de seguridad. El presidente Jimmy Carter sorprendió a la nación (y a los agentes de seguridad) en 1977 al caminar todo el trayecto, de casi dos kilómetros, después de jurar.

Desde entonces, la mayoría de los presidentes camina un pequeño trayecto, un gesto que representa un momento de gran tensión para los hombres y mujeres del Servicio Secreto.

Se espera una concentración de entre 700 mil y 900 mil personas, incluidos miembros de 99 grupos que planean realizar protestas. Por eso, un área de siete kilómetros cuadrados en el centro de Washington se cerrará al tráfico de vehículos.

Quienes quieran acompañar la ceremonia no podrán llevar mucho más allá de sus celulares, cámaras y sus documentos. La larga lista de objetos prohibidos incluye aerosoles, globos, bicicletas, objetos de vidrio, punteros de láser y armas.

Apenas pequeños carteles de protesta serán permitidos, sin palos con los que sostenerlos, y los grupos antagónicos que podrían protagonizar enfrentamientos tendrán reservados espacios específicos apartados unos de otros. Habrá numerosos agentes de civil mezclados en las manifestaciones.

Johnson dijo que una preocupación nueva en esta ceremonia es la posibilidad de que se usen camiones o automóviles pesados para embestir multitudes.

Por esa razón, las autoridades pondrán camiones cargados con cemento, autobuses y otros vehículos para impedir esa posibilidad.

Los drones, cuyo precio ha caído considerablemente, representan también un nuevo riesgo, aunque están prohibidos en todo Washington D.C.