La vitamina B3 puede ser clave para retrasar el envejecimiento

Científicos demuestran en roedores que la gestión controlada de radicales libres con defensas antioxidantes tiende a frenar la degeneración celular.
Manuel Serrano, director del Programa de Oncología Molecular del CNIO, encabeza la investigación.
Manuel Serrano, director del Programa de Oncología Molecular del CNIO, encabeza la investigación. (Especial)

Madrid

Un equipo científico de españoles, encabezados por el oncólogo Manuel Serrano, constató en ratones que el incremento de una molécula que gestiona los radicales libres (en vez de solo eliminarlos) al equilibrar las defensas antioxidantes naturales del organismo, puede retrasar el envejecimiento y algunas de sus consecuencias.

Los resultados se publicaron en la revista Nature Communications, en un artículo en el que se apunta que el uso de fármacos con vitamina B3 y sus derivados puede servir para retrasar el envejecimiento —y las patologías asociadas a éste—, propiciando la producción de la molécula Nadph.

La vitamina B3 está en productos como pescado, hígado de res y carne de cordero. También la tienen —en menor cantidad— pan, almendras, arroz y semillas de girasol; sin embargo, ningún alimento cuenta con más de 15 miligramos en 100 gramos, mientras que los suplementos farmacéuticos son hasta de 500 mg.

Equilibrio oxidativo

En el origen del envejecimiento juega un papel muy importante la progresiva acumulación en células de daños, pero aún no se sabe cuáles son los responsables de envejecer y cuáles son “colaterales”, señaló el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) de España en un boletín.

El daño oxidativo, provocado por los radicales libres, es uno de los que aún se investigan.

Los radicales libres son moléculas muy inestables que para equilibrarse estropean a otras moléculas—las oxidan—, lo que acaba produciendo acumulación de daño en la célula.

Si bien nunca se dijo que los radicales libres eran causa del envejecimiento, sí se estableció una relación muy directa entre éstos y la longevidad, explicó Pablo J. Fernández-Marcos, investigador en el Instituto Madrileño de Estudios Avanzados de Alimentación (Imdea), y firmante del artículo.

“Según la hipótesis oxidativa, los radicales libres eran malos per se y se daba a entender que quitándolos se podría retrasar el envejecimiento, por eso hubo un boom de los antioxidantes (…), pero con el tiempo se ha demostrado que no es así”, detalló.

Numerosos estudios han ido desmitificando la relación tan directa entre radicales libres y envejecimiento, ya que en muchos casos los antioxidantes no tienen el efecto beneficioso que se pensaba o, incluso, es negativo.

“Se observó que los radicales libres no son malos, sino que su efecto es negativo cuando se descontrolan”, afirmó Fernández-Marcos, quien apuntó que su papel no es tan sencillo, por lo que no basta eliminarlos.

“La clave está en gestionarlos bien, ya que un nivel bajo y controlado es necesario, y eso no se consigue con el consumo de sustancias antioxidantes que eliminan los radicales libres de manera indiscriminada”, señaló.

Molécula clave

Precisamente, este nuevo trabajo plantea una nueva vía para conseguirlo.

Científicos del CNIO, la Universidad de Valencia y del Imdea pusieron su objetivo en aumentar globalmente la actividad de todas las enzimas antioxidantes de la célula a través del incremento de los niveles de una molécula clave para las reacciones antioxidantes y que hasta ahora no se había estudiado en relación al envejecimiento, la Nadph.

Los científicos crearon ratones transgénicos con expresión aumentada de una de las enzimas más importantes (la G6PD) para la producción de Nadph.

“La vía que aumentamos genera más Nadph, que activa casi todas las enzimas encargadas de gestionar los radicales libres correctamente”, subrayó Fernández-Marcos.

El resultado: los animales envejecían de forma más tardía (mejor calidad de vida), metabolizaban mejor el azúcar y tenían una mejor coordinación en sus movimientos al envejecer.

Además, las hembras transgénicas vivían 14 por ciento más que las no transgénicas, mientras que no se observaron efectos significativos en la longevidad de los machos.

“Este aumento de la longevidad, aun siendo modesto, es llamativo teniendo en cuenta que hasta ahora los intentos de aumentar la longevidad manipulando las defensas antioxidantes habían fracasado”, según Fernández-Marcos.

Pero para lograr ese efecto en humanos no se puede recurrir a la alteración genética, por lo que los investigadores ahora estudian posibles activadores de la producción de Nadph y que la vitamina B3 y sus derivados son candidatos idóneos para ello, con lo que planean un esquema para su próximo estudio.