Vieja tradición proteccionista de EU

Las medidas arancelarias que amenaza con imponer el mandatario son, más que meras ocurriencias, parte de las políticas comerciales de los republicanos desde el siglo XIX.
Ronald Reagan impuso altas tasas a productos japoneses.
Ronald Reagan impuso altas tasas a productos japoneses. (AP)

Washington

Un presidente proteccionista en el reino del libre mercado: la nueva dirección que Donald Trump da a la economía de Estados Unidos puede parecer incongruente, pero las restricciones al comercio tienen una larga historia en la Casa Blanca.

Mucho antes de que Trump amenazara a China y México con barreras comerciales, otros presidentes estadunidenses han recurrido al proteccionismo, especialmente integrantes del Partido Republicano que hoy apoya fuertemente la liberalización del comercio.

El venerado republicano Ronald Reagan (1981-89) aumentó 45% los aranceles sobre las grandes motocicletas japonesas en 1983, en momentos en que Washington acusaba a Japón de inundar su país con bienes baratos.

Cuatro años después, Reagan, quien era el paladín del libre mercado en oposición a la economía planificada de la entonces Unión Soviética, gravó algunas importaciones de televisores y computadores nipones con 100% de impuestos, tras imponer cuotas de importación a los autos y el acero de Japón.

Antes, en 1971, el republicano Richard Nixon (1969-74) puso fin al patrón oro —la convertibilidad del dólar estadunidense en ese metal— e impuso 10% de recargos a las importaciones para alentar a sus socios comerciales a revalorizar sus monedas.

Olvidado tras el triunfo de la ideología del libre comercio en los últimos 25 años, estos golpes de proteccionismo están en las raíces del Partido Republicano.

“Desde su fundación y durante décadas, el Partido Republicano ha sido el partido de los aranceles altos basado en la idea de que Estados Unidos necesitaba desarrollar su capacidad industrial”, recuerda el historiador Eric Rauchway, de la Universidad de California.

Fundado en 1854, el llamado Grand Old Party (el “Viejo Gran Partido”) era en aquel momento cercano a los capitanes de la industria del noreste estadunidense, que buscaban protegerse contra las importaciones de Gran Bretaña, la principal potencia de la época.

Con el control de la Casa Blanca hasta poco antes de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), el partido creó un “muro de aranceles” para proteger a la naciente industria estadunidense, señala Michael Lind, autor del libro sobre la historia económica estadunidense Land of Promise (Tierra de promesas). Esta política no careció de detractores.

Apoyadas por el Partido Demócrata, la grandes plantaciones sureñas —una industria basada en la esclavitud— bregaba por el libre comercio que les permitiría vender algodón a Gran Bretaña e importan equipamiento industrial más barato que el fabricado domésticamente.

No obstante, bajo el liderazgo republicano el proteccionismo se arraigó en la primera mitad del siglo XX y se intensificó en los años previos y durante la Gran Depresión.

La ley Smoot-Hawley de 1930 impuso aranceles sobre más de 20 mil productos importados. Algunas reliquias de la época han sobrevivido hasta el presente. La ley “Compre estadunidense” de 1933 obliga al gobierno federal a favorecer las compras de bienes ‘Made in USA’.

Con los cimientos de la industria europea y japonesa devastados con la Segunda Guerra Mundial, EU viró radicalmente hacia un nuevo paradigma.

“La elite de negocios republicana y los industriales viraron hacia el libre comercio porque ya no tenían competencia. En aquel momento, el país tenía el monopolio de las manufacturas”, asegura Lind.

Las corrientes proteccionistas reaparecieron en la década de 1970, cuando la industria en Japón y Alemania retomó impulso. Volvieron a tener un empuje en los años de 1980, cuando EU sufrió una profunda recesión entre 1980 y 1982.

“La idea de que ante una crisis económica deberíamos regresar a algún tipo de proteccionismo siempre ha tenido capacidad de seducción”, considera Rauchway.

Y a medida que EU se volvió más fuerte su proteccionismo cambió de apariencia, menos preocupado por incubar la industria local que en mantener fuera los productos más baratos. Al fustigar a China y retirarse del Acuerdo Transpacífico (TPP), Trump parece haber adoptado esta línea de pensamiento.

“Es el proteccionismo defensivo que Trump está resucitando”, advierte Lind.