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Un hecho que sorprendió a todos... de vacaciones

Desde el 11 de marzo de 2004, España no sufría una agresión terrorista de estas dimensiones, aunque la península está en alerta desde los atentados de noviembre de 2015 en París.

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El atentado de ayer en Barcelona, que dejó 13 muertos y unos 100 heridos, sorprendió a todos, incluso a la clase política que se encontraba de vacaciones, lo que validó el dicho de que en agosto España “se cierra por vacaciones”.

Nadie esperaba en estas horas un atentado, y mucho menos que fuera en Barcelona. En todo caso, los analistas siempre hablaron de Madrid. Incluso recientemente el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, se jactó de que todo estaba, al parecer, “bajo control”.

España está, desde hace poco más de dos años, en alerta antiterrorista nivel 4 de un total de 5 como consecuencia de la ola de atentados en varios países europeos.

El nivel 4 significa que las Fuerzas de Seguridad del Estado elevan la presión sobre sospechosos, se incrementa la protección a centros sensibles como centrales nucleares, estaciones de autobuses y trenes, y aeropuertos. También se agudiza la vigilancia en las calles. La alerta 5 significa desplegar el ejército en las calles.

Pero lo ocurrido en Barcelona nadie lo esperaba, mucho menos en Las Ramblas, un céntrico paseo peatonal de 1.2 kilómetros de largo donde la gente camina y se divierte mirando artistas callejeros. Un sitio donde proliferan las terrazas, en una zona que es transitada a diario por miles de turistas nacionales y extranjeros. Las Ramblas es también el sitio donde históricamente la ciudad celebra los triunfos del FC Barcelona. Fue en el siglo XIX cuando Barcelona destruyó las murallas que limitaban su crecimiento y se construyó un paseo para unir la parte alta de la ciudad al mar, naciendo en Las Ramblas.

Aunque últimamente los barceloneses parecen haber abandonado la zona para cederlo al turismo, ese paseo histórico ocupa un sitio especial en el corazón de la ciudad. Tanto, que da lugar a un verbo barcelonés, “ramblear”, que significa recorrer el paseo.

Según las primeras investigaciones, la furgoneta que arrolló en ese espacio a los transeúntes recorrió al menos 530 metros mientras maniobraba para atropellar a la mayor cantidad de gente posible. El presidente Mariano Rajoy se enteró del atentado en su casa de descanso en su natal Galicia, donde llevaba dos semanas de vacaciones. Como su par catalán, Carles Puigdemont, Rajoy también debió interrumpir su descanso.

La prensa inglesa recordaba ayer que desde febrero anterior, un informe del gobierno español señalaba que fanáticos del grupo Estado Islámico (EI) habían advertido con “amenazas directas” a lugares de interés turístico este verano.

El año pasado, el EI lanzó una campaña para “contratar” a traductores españoles, lo que sugiere un creciente interés en atraer a luchadores extranjeros de habla hispana.

En enero de 2016, el EI, que ayer reivindicó el ataque en Las Ramblas, amenazó directamente a España instando a sus seguidores a recuperar “la tierra de los invasores”.

Los investigadores del ataque de ayer no tienen claro aún si lo realizaron los llamados “lobos solitarios”, que se fanatizan por internet, o si se lo hizo una célula organizada, similar a las que cada mes las fuerzas de seguridad detienen en varios puntos de la península.

El atentado de Barcelona ha hecho renacer el miedo entre los españoles, que, de inmediato, recordaron los ataques terroristas del 11 de marzo de 2004 en cuatro trenes de cercanías en Madrid, en hora pico de la mañana, con saldo de 192 personas muertas.

Anoche en Barcelona tendrían que haber comenzado las fiestas de Gracia, una zona turística de la capital. Ahora ese lugar y la ciudad toda han enmudecido. La gente se recluyó en sus casas y no está para celebraciones.

Hace unos días, España también festejaba sus poderosas cifras en el sector turístico, incrementadas por la preferencia de varios europeos en venir aquí de vacaciones y hacer a un lado a varios competidores del continente. Hoy, el llamado “terrorismo sobre ruedas”, como lo ha bautizado la Unión Europea, ha vuelto a atacar y a sembrar el miedo, como hace un año en Niza, en pleno verano.

Los testigos reportaron haber visto de pronto “mucho polvo y gente corriendo y volando por los aires”.

“Era una avalancha de gente, gritando y corriendo por las calles paralelas a Las Ramblas. La gente que estaba en los bares se tiraba al suelo”, dijeron los testigos a la prensa local e internacional que llegó al lugar de la matanza.



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