"La tumba del comandante, la tumba del dictador..."

El lugar donde reposan los restos del ex líder cubano destaca por una placa negra con su nombre, en una gran roca ante la que le rinden tributo con rosas blancas.
Soldados cubanos desfilan ante la roca con los restos de Fidel Castro.
Soldados cubanos desfilan ante la roca con los restos de Fidel Castro. (Octavio Hoyos)

Santiago de Cuba

Una roca. Eso es la tumba de Fidel Castro Ruz: una enorme piedra blancuzca con una placa negra. Una placa negra con cuatro tornillos dorados y una palabra con letras, también doradas:

FIDEL

Así nada más.

Fidel en mayúsculas. No hizo falta poner más en el cementerio de Santa Ifigenia de Santiago de Cuba. Fidel. Todos saben quién es Fidel. Como todos sabían quién era Lenin. Stalin. Mao. Franco. Zapata. Hitler. Pinochet. Trujillo. Videla. Gadafi. Porfirio Díaz, ahí sí, el apellido, como con Sadam Hussein. O Pancho Villa.

Fidel. Una roca.

No entiendo dónde están sus cenizas. ¿Las dispersaron en la roca, abonaron las dos rosas blancas que flanquean el letrero del comandante cubano? ¿Las soltaron entre las decenas de rosas tanbien blancas que ya están al pie de la piedrota? ¿O no están aquí los restos del revolucionario isleño?

No puedo andar preguntando esas cosas. No le hacen gracia a un teniente coronel que nos dejó pasar al lugar. Por la mañana una pequeña urna con las cenizas había sido colocada dentro de la enorme roca a la que se le perforó un nicho cubierto luego por la placa negra, pero quienes pasan por ahí no lo tienen claro.

Las puertas del cementerio fueron abiertas este domingo luego de las tres de la tarde para un puñado de periodistas y algunos cientos de turistas revolucionarios y lugareños.

La roca Fidel fue colocada unos metros adelante del memorial de José Martí. Cada media hora se escuchan unos compases militares que suenan fúnebres. Cuatro soldados que marchan marcialmente con fusiles y bayonetas hacen cambio de guardia.

Para llegar a unos metros frente a la roca la encargada del lugar nos obliga a todos a llevar una rosa blanca que ella reparte de mano en mano.

—Nadie entra a la tumba del comandante sin depositar una flor ahí... —dice con una sonrisa amable pero su mirada indica que es una advertencia rotunda. ¿Usted quiere grabar imagen y tomar fotos aquí? A poner una flor ante la roca.

—Aquí hoy vienen todos a rendir tributo a Fidel. No hay periodistas y ciudadanos. Todos aquí hoy son pueblo... —determina el teniente coronel que está a cargo. Así responde a la petición de que los periodistas podamos hacer una fila desde la cual captar imágenes mientras la gente desfila ante la piedra. Nada. Todos pasamos pero solo un par de minutos. Luego, fuera. Un joven periodista italiano echa a correr y se escapa para buscar mejores imágenes del sitio y los demás, un quinteto de reporteros y camarógrafos, aprovechamos la confusión tipo película de Chaplin donde militares y policías corrren hacia su persecución entre las tumbas para quedarnos más tiempo y grabar.

Grabar a la roca Fidel. ¿Por qué una roca? Porque no quería ostentaciones, dice la encargada del panteón. Porque simboliza la Sierra Maestra, dice un guarda. Porque como que uno puede recostarse en ella y no te lastimas, dice una fan. Recostarse en esa especie de cabeza de tiburón o ballena saliendo del agua sin fauce alguna. Eso parece la roca.

Sara tiene 26 años. Llora y llora afuera del panteón. Está con su hijita, de unos cinco años, alejadas de todos, esperando que se abra la puerta. No busca atención la joven, está lejos de las cámaras. Llora y llora.

—En el corazón no cabe tanto dolor. Un hombre así hay que volver a hacerlo. Es el hombre más importante y más amado de esta tierra.

—¿Por qué habría que volver a hacerlo?

-Porque gracias a Fidel, una persona humilde como yo, neeegra (arrastra el negra como para enfatizar el racismo que puede padecer alguien de color), pudo ser médico y pudo graduarse. En julio hace poco, me gradué como médico.

—¿Lo que hizo él se puede perder, te da miedo?

-No, no se va a perder nunca. Si miles de jóvenes piensan como yo en Cuba, esto no se va a perder y mucho menos ahora cuando más nos necesita el pueblo, Cuba, la Revolución.

—¿Qué sienten?

— Es como si se fuera muerto un padre, la vida entera...

Un padre. La roca. Para Sara es la tumba del comandante. Para otros no. Para muchos que se han exiliado, muchos que quieren libertades políticas, muchos que quieren libertad de expresión y de prensa, muchos que quieren libertades económicas, la roca es la tumba del dictador. Pero ellos, ellos no están aquí. Y si están cerca, estarán escondidos por ahí, tal vez debajo de una piedra...