Trump, un presidente obsesionado con su propia imagen

Desde el 20 de enero, el mandatario de EU pretende ser visto como “el mejor de todos en todos los aspectos”.
El republicano muestra “una tendencia preocupante a delirar”.
El republicano muestra “una tendencia preocupante a delirar”. (Carlos Barria/Reuters)

Washington

En su primera semana en el poder, Donald Trump ha dado señales de ser un presidente obsesionado con su propia imagen, preocupado por la magnitud de las multitudes que le aclaman y convencido de que la prensa conspira para minimizar sus logros.

Desde su insistencia en que su investidura fue la más vista "de la historia" a sus elogios a su propio discurso ante la CIA, Trump ha dedicado muchos esfuerzos en corregir cualquier percepción negativa sobre él.

"Trump se obsesiona con su popularidad incluso cuando su poder no está en juego, porque desea ser visto como el mejor en todos los aspectos", afirma Bruce Miroff, experto en política e historia presidencial en la Universidad de Albany (Nueva York).

Según Miroff, todos los presidentes en la historia moderna de EU "han empleado estrategias mediáticas y encuestadores para potenciar su índice de aprobación porque creen que un presidente popular es un presidente poderoso. Pero salvo un puñado de excepciones, como la de Lyndon Johnson, los presidentes han valorado la popularidad como un instrumento, en lugar de obsesionarse con ella como algo relacionado con su ego y su vanidad", añade el experto.

Miroff añade que la voluntad de Trump de "creer lo que sea que le haga quedar bien, incluso si todas las pruebas apuntan a lo contrario, sugiere una tendencia preocupante a delirar cuando alguien cuestiona la imagen que tiene de sí mismo".

"Esa tendencia puede ser peligrosa cuando se enfrente a asuntos más significativos que el tamaño de una multitud o un fraude electoral inexistente".

Un día después de asumir el poder el 20 de enero, Trump envió a su vocero, Sean Spicer, a acusar a la prensa de mentir sobre la cantidad de gente que asistió a la investidura pese a lo que mostraban las fotos y estimaciones de expertos, lo que llevó a la nueva Casa Blanca a asegurar que defendían "hechos alternativos".

Ese mismo día, Trump llamó al director en funciones del Servicio Nacional de Parques, Michael Reynolds, y le pidió divulgar más fotos de la multitud del día anterior en la explanada central de Washington, según el Washington Post y The New York Times. Su esperanza era que unas fotos tomadas desde otro ángulo acabaran con las comparaciones difundidas en las redes de la foto aérea del centro de Washington en su investidura y la de la toma de posesión de Barack Obama en 2009. "La multitud era masiva", insistió Trump en declaraciones a la cadena ABC News.

Muchos analistas atribuyen también las denuncias de Trump sobre un supuesto fraude electoral por tres a cinco millones de votos "ilegales" a sus dificultades para aceptar que su rival, la demócrata Hillary Clinton, le ganara en el voto popular. Trump, que llegó al poder con el índice de aprobación más bajo para un nuevo presidente en 60 años —45% según un sondeo de Gallup—, ha demostrado que está nervioso por la cobertura de sus acciones.

Para Julian Zelizer, historiador y profesor de políticas en la Universidad de Princeton, la tendencia de Trump a "decir falsedades para respaldar su popularidad" puede ser problemática, ya que "genera confusión entre el electorado sobre lo que es o no es real" o "existente", añadió.