“La elección de Trump ha sacudido a nuestras élites”: Carlos Heredia Zubieta

El doctor en economía considera que, pese a “los tiempos aciagos” que se avecinan, al menos por primera vez el poder político y económico en México está preocupado por “nuestros paisanos”.
“Trump no va a buscar negociar, sino imponer”, afirma Carlos Heredia.
“Trump no va a buscar negociar, sino imponer”, afirma Carlos Heredia. (Especial)

Previo a las elecciones del 8 de noviembre en Estados Unidos, el doctor en economía Carlos Heredia Zubieta*, con amplia experiencia académica, de investigación y en movimientos ciudadanos en México, EU y Canadá, dijo en entrevista con MILENIO que los comicios estaban “marcados por la incertidumbre”. Hoy, cuando el presidente electo Donald Trump ha conformado un gabinete de multimillonarios, empresarios petroleros y ex militares de línea dura, el también miembro del Comité Internacional de la Cumbre de Migrantes de América Latina y el Caribe y del Consejo Consultivo del Instituto de México en el Centro Woodrow Wilson en Washington, afirma que “pese a la incertidumbre que aún persiste, el mensaje que se está enviando es claro y muy preocupante”.

¿Qué nos espera a partir del 20 de enero con el gabinete delineado por Donald Trump?

En primer lugar, la composición de su gabinete confirma que para Trump la política es un negocio y el ejercicio del poder político está encaminado al enriquecimiento personal y de grupo. Nos esperan tiempos aciagos porque efectivamente si está nombrando a un negacionista en el tema ambiental, a un petrolero en el Departamento de Estado y a gente cuya visión de la economía global es el extractivismo y la depredación de los recursos naturales, pues el mensaje es muy claro. Ahí sí hay certeza de hacia dónde van y qué quieren, y por lo tanto yo creo que es una señal muy preocupante si lo vinculamos con los temas de migración, de derechos humanos, de acceso a la justicia...

¿Supone la “era Trump” un cambio de paradigma tras casi cuatro décadas de globalización?

Ciertamente, los heraldos de la liberación comercial que fueron Estados Unidos y Reino en los años 1980 con Ronald Reagan y Margaret Thatcher se están desmarcando del modelo económico de la segunda posguerra. De ahí el brexit y el triunfo de Trump, que se presentó de manera populista como el abanderado de aquellos sectores sociales, en particular los trabajadores industriales de los Grandes Lagos, que se sienten excluidos de los beneficios de la globalización. Pero yo no diría aún que está planteado un cambio de paradigma, sino más la rebelión contra el paradigma actual. Quizá se trata más bien de un un fin de ciclo marcado, sí, por la incertidumbre ya que no sabemos exactamente qué vendrá. Trump hizo campaña atacando el modelo económico actual y criticando la liberalización comercial, pero no reivindicando un modelo distinto sino diciendo que él tendría la capacidad de alcanzar mejores acuerdos. Lo logró con una muy elaborada mercadotecnia, con una muy bien pensada estrategia del uso de las redes sociales y sobre todo con una mucho mayor habilidad para tomarle el pulso y el estado de ánimo al pueblo estadunidense logrando captar ese descontento, que de manera natural se hubiese esperado que lo pudiera canalizar mejor alguien como el senador Bernie Sanders, que también fue un candidato anti-establishment, pero que el establishment del Partido Demócrata no lo dejó llegar y echó toda la carne al asador a favor de Hillary Clinton.

Pero es difícil imaginar a Donald Trump como campeón de las demandas obreras...

Desde luego, pero los trabajadores fueron descuidados por los demócratas, convertidos en una partido de yuppies, de las élites económicas y políticas. La gran paradoja que estamos viviendo es que Trump, que hizo campaña como populista, va a gobernar como oligarca.

¿Qué puede esperar México de su gabinete?

Tengo una impresión mixta. Estuve presente el 8 de noviembre en Washington y he estado muy en contacto con las comunidades mexicanas en Estados Unidos y lo que me dicen es que paradójicamente, por primera vez, las élites políticas y económicas mexicanas piensan en el grado de angustia y ansiedad que persigue cada día a los sin papeles allá, cuando el grueso de la sociedad estadunidense les dice ‘los necesitamos como fuerza de trabajo, pero no los queremos como residentes o ciudadanos’.

A la vez, el fenómeno Trump se ha convertido en un tema de política interna en México, más aún si decide abandonar el Tlcan e imponer un arancel de 35 por ciento a los productos mexicanos para su ingreso a Estados Unidos.

No obstante, considero que aún no hemos producido una respuesta de Estado ante la nueva realidad. Veo estrategias inconexas entre sí, respuestas parciales y una muy ingenua esperanza de que podemos amortiguar el golpe porque ‘Luis Videgaray conoce al yerno de Donald Trump’, Jared Kushner. Se están enfocando las cosas con el lente y los estándares de la política mexicana como si esto fuese un tema solo de relaciones públicas y no de poder político.

Pero ya hay definiciones de parte del gobierno mexicano...

Sí, pero veo que el presidente Enrique Peña Nieto aún no ha articulado de manera clara una definición, primero, del interés nacional —yo, al menos, no sé cuál es— ante la administración Trump y segundo no ha delineado una estrategia que articule e incorpore al conjunto del Estado mexicano, al gobierno, al pueblo, a la nación mexicana considerada desde Tijuana hasta Cozumel y desde Matamoros hasta Tapachula.

Dijeron que van a reunirse las cúpulas para dar una respuesta planificada y coordinada, pero no veo que se incorporen los intereses de los trabajadores mexicanos en la definición del interés nacional.    Por ejemplo, en México se apostó a tener los salarios más bajos del continente pensando que eso nos haría competitivos, olvidando que Japón y Alemania son extremadamente competitivos con salarios manufactureros cinco o seis veces superiores apostando al desarrollo del capital humano, emparejado con el desarrollo tecnológico.

Por otro lado, el gabinete Trump integra al establishment republicano con ideólogos que vienen de la extrema derecha e incluso de los supremacistas blancos, junto a representantes del complejo militar-industrial, lo que muestra que se está privilegiando una estrategia militar o militarizada por encima de la política diplomática; todo lo cual indica a su vez que el gabinete de oligarcas del señor Trump y él mismo no pretenden dialogar o negociar, sino imponer una estrategia desde una decisión unilateral y desde la lógica de la seguridad nacional y de los intereses de Washington.

* Economista, profesor investigador del CIDE y miembro del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (Comexi)