El triunfo de Al Sisi: de la "primavera" al "invierno árabe"

Según el gobierno, el militar golpista, que acaba de asestar el tiro de gracia a la revuelta, logró “98% de votos”.
Miles de egipcios salieron anoche a las calles de El Cairo para festejar la victoria.
Miles de egipcios salieron anoche a las calles de El Cairo para festejar la victoria. (Khaled Desouki/AFP)

El Cairo

Al cabo de tres días de elecciones, el ex jefe del ejército egipcio Abdel Fatah al Sisi ganó los comicios con 96 por ciento de los votos, según conteos provisionales, una victoria que legitima el poder del ejército 11 meses después del derrocamiento del único presidente civil, el islamista Mohamed Mursi, al frente del movimiento de los Hermanos Musulmanes, con más de 80 años de existencia.

Su único adversario, el líder izquierdista Hamdeen Sabahi, obtuvo apenas 3.8 por ciento de los votos y reconoció su derrota.

No obstante, lo que cuestiona las cifras del resultado es el alto abstencionismo y el hecho de que el gobierno añadiera un tercer día de votaciones para elevar la participación.

Finalmente la participación fue de 47 por ciento de los electores, es decir 25 millones de votantes, según el gobierno.

Tras el anuncio de la victoria, vaticinada por todos los expertos desde que el mariscal retirado Sisi derrocó a Mursi el 3 de julio de 2013, las calles de la capital El Cairo se llenaron de miles de partidarios del nuevo presidente, que se ha convertido en objeto de culto y admiración.

Desde la víspera se escucharon cláxones de vehículos, fuegos artificiales, bailes y cánticos que fueron transmitido toda la noche en las televisiones públicas y privadas, promotoras unánimes de la “Sisi manía” desde 2013.

Esta victoria era más que esperada en un país -que es la nación árabe más poblada, con casi 85 millones de habitantes- donde las voces disidentes han sido reprimidas y los opositores juzgados y encarcelados.

Los partidarios del depuesto presidente Mursi fueron las primeras víctimas de esta implacable represión lanzada por Sisi, que dejó más de mil 400 muertos y casi 15 mil detenciones. Ahora el objetivo del ejército y de la justicia son los jóvenes progresistas.

“Es una victoria para la estabilidad”, opinó Tahar Jaled, un egipcio que se hallaba en la plaza Tahrir, centro neurálgico de las protestas que a comienzos de 2011 acabaron con el régimen del anterior presidente, Hosni Mubarak, tras casi 40 años en el poder y aliado de Estados Unidos en la región.

Tres años después de la rebelión popular que derrocó a Mubarak, también militar, como todos los presidentes desde la caída de la monarquía en 1952, los activistas de derechos humanos han acusado al gobierno de facto cívico-militar de haber instaurado desde julio anterior un régimen todavía más autoritario que el de Hosni Mubarak.

Observadores de la Unión Europea que vigilaron los comicios, dijeron ayer que éstos “respetaron la ley”, pero que “la ausencia de actores” de la oposición “comprometió la libre participación” en las elecciones.

El resultado logrado por Sisi devuelve al país “a una configuración que no se esperaba volver a ver después de las revoluciones árabes de 2011”, consideró Karim Bitar, director de investigación del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas, en alusión a la primavera árabe, que sorprendió  a Egipto y otros países de la región.

“Poca gente podía imaginar después de la caída de Mubarak, que tres años más tarde sería elegido con 96 por ciento un nuevo mariscal con gafas de sol, sin haber hecho campaña o haber presentado un programa electoral”, añadió.

Según el experto del Saban Center estadunidense, Shaid Hamid, “no hay ningún medio para comprobar las cifras que da el gobierno, no hay ningún recuento paralelo ni suficientes observadores internacionales”.

La coalición de los partidarios de Mursi, que llamó a boicotear las urnas, consideró como una victoria las imágenes de los “colegios electorales vacíos” y lo catalogó como “la caída del golpe de Estado militar” del 3 de julio de 2013.

“Los medios de comunicación oficiales han contribuido a mostrar a Sisi como un salvador, pero esa propaganda constante no ha servido para movilizar a las masas”, dijo el experto Karim Bitar.

La organización Human Rights Watch aseguró tras los comicios que “el clima de represión socava la imparcialidad de las elecciones”, y recordó que “los miles de arrestos de opositores, islamistas y laicos han despojado a estos comicios de significado”.