Las tristezas de Valérie

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Ciudad de México

Contar con la firma de una primera dama en la plantilla de colaboradores es normalmente un privilegio para cualquier medio periodístico. Entre los beneficios se contarían el acceso a ciertas informaciones oficiales de primera mano, exclusivas con personajes muy próximos a la casa presidencial, datos privados de la agenda del gobierno y un redituable prestigio. Pero en el caso de la primera dama francesa, Valérie Trierweiler, es una verdadera pesadilla. La señora es por lo menos impredecible, temperamental y más o menos autoritaria. Nada más difícil que tenerla contenta. Eso lo tiene muy claro Olivier Royant, quien al frente de la redacción de París-Match tiene que lidiar todo el tiempo con los malos humores de su colaboradora. Seguramente aún revolotean en sus oídos los gritos de la esposa de François Hollande al teléfono cuando sin malicia el popular semanario publicó en portada el año pasado una fotografía en la que se veía a la pareja presidencial paseando abrazados con el encabezado “Paréntesis amoroso”: “¡Acabo de descubrir tu revista de mierda y sus fotos de mierda!”. Las imágenes habían sido publicadas sin su autorización.

La primera dama francesa lleva rato cosechando los frutos de sus malos humores dentro y fuera de las redacciones. No es para nada popular entre los franceses. Hace poco se dio cuenta de que había metido la pata tantas veces que ya todos habían perdido la cuenta y decidió que era el momento de enmendarse. Pidió disculpas públicamente por sus arrebatos y emprendió una campaña mediática con mucho jabón para lavar su imagen. Se hizo fotografiar al lado de niños negritos y pobrecitos y dejó entrar a los periodistas a la casa presidencial.

Lo que no sabía es que mientras más se empeñaba en quedar bien con todos, su marido, el presidente francés, se reunía a escondidas con la actriz Julie Gayet en un departamento parisino prestado por una mujer vinculada con el bajo mundo y relacionada con crímenes violentos. Hollande, que llegaba a sus citas clandestinas a bordo de una moto y en compañía de dos escoltas, era espiado a su vez, cámara en mano, por una pandilla de periodistas de baja ralea que a cambio de unas monedas hicieron públicas hace unos días las imágenes que desataron de inmediato un escándalo de enormes proporciones.

Desde que se enteró de las deslealtades de su marido, la malhumorada Valérie vive los peores momentos de su vida en medio del discreto regocijo de sus muchos enemigos. Con todo y su arrogancia se vino abajo y fue a dar al hospital aquejada de un irremediable ataque de tristeza.

Desde hace décadas los escándalos amorosos son parte de la vida cotidiana en el Palacio del Elíseo. Sin embargo, no dejan de hacer daño en la imagen presidencial cada que son ventilados. Como sea, la política es la política y en ese terreno no falta quien presuma de ver claramente la mano del ex presidente Nicolás Sarkozy fabricando el lío.