Vértigo en las alturas con nuevo piso de vidrio

Una sensación impresionante es ver bajo los pies a París en la remodelada y mítica torre de 324 metros de alto.
Niños y jóvenes, los más audaces ante este diseño renovado.
Niños y jóvenes, los más audaces ante este diseño renovado. (Lionel Bonaventure/AFP)

París

La torre Eiffel de París, el monumento de pago más visitado del mundo, inauguró ayer una primera planta renovada, con un espectacular suelo de vidrio y un recorrido museográfico modernizado. El más amplio de los pisos de la torre es, paradójicamente, el menos frecuentado.

La Sociedad de Explotación de la Torre Eiffel (SETE) espera que esta renovación lo convierta en un espacio de fin de visita, consagrado a los servicios (tienda, restaurante) y al conocimiento del monumento.

La renovación de la planta costó 30 millones de euros y duró casi dos años, pero la torre Eiffel no cerró nunca durante las obras.

En medio de ese espacio de media hectárea, inaugurado ayer por la alcalde de París, Anne Hidalgo, el suelo opaco que bordeaba el vacío fue reemplazado por un suelo de vidrio, y la reja de protección por una pared de vidrio inclinada hacia el vacío.

La sensación, a 57 metros de altitud, es impresionante. La altura total de la torre con las antenas es de 324 metros, la segunda planta se encuentra a 115 y la tercera a 276.

"Los atrae la cumbre, yo llamo a eso el 'gen babélico'", comenta con humor el responsable de la SETE, Eric Spitz. El nuevo suelo, que bordea el núcleo vacío de la torre con una anchura máxima de 1.85 metros, puede dar sin embargo sensaciones vertiginosas.

En la nueva plataforma, con el vacío visible a sus pies, algunos visitantes permanecen prudentemente en la parte opaca. Otros, en especial los niños, se entregan sin miedo sobre el vidrio a la contemplación de esa vista en picada.

Dentro de su estructura de hierro, se registra un incesante flujo ascendente y descendente, ya que la torre Eiffel es un gigantesco belvedere al que cada año acuden siete millones de turistas del mundo entero para contemplar París a sus pies.

"El objetivo es subir lo más rápido posible, es un circuito similar a un sistema sanguíneo", describe Wilhelm Dubelloy, alias Wim, recepcionista en la torre desde hace 13 años.

El primer piso, con sus espacios de restaurante y de tienda, es un alto posible en el descenso para los visitantes que toman los ascensores. Y lo es tanto en el descenso como en el ascenso para los valientes que suben por la escalera hasta el segundo piso (¡671 escalones!), lo que hicieron poco más de la mitad de los visitantes en 2013.

"La idea es tener una sensación que no es la de la vista, sino la del vértigo, y en todo caso de altura y de transparencia", añade Spitz para quienes se quieran atrever.