La "tierra prometida" de las grandes petroleras

A pesar de la crisis en Ucrania, emporios como BP, Total o Shell defienden con fuerza a Vladimir Putin.
El mandatario ha sabido consentir a las transnacionales.
El mandatario ha sabido consentir a las transnacionales. (Alain Jocard/AP)

Moscú

Una cosa es la crisis ucraniana y otra los asuntos petroleros. Al respecto, Rusia sigue siendo una tierra prometida para todas las compañías occidentales que tienen ahí activos de peso o sociedades estratégicas con grupos locales, sin preocuparse demasiado de las presiones de Washington que las invitó a mostrar menos interés y a cooperar más para acompañar las medidas de coacción económica y sancionar la anexión de Crimea y la política de Moscú en Ucrania.

“Nuestro país pretende convertirse en uno de los líderes de la transformación del paisaje energético mundial”, dijo Putin, el 23 de mayo, en el 18 Foro Económico Internacional de San Petersburgo, por lo que aislar a Rusia es “imposible”. Dos días antes, Putin había firmado en Shangai un contrato por 400 mil millones de dólares para el suministro a China de mil 100 millones de metros cúbicos de gas durante 30 años, lo que hará de Rusia el pivote del mercado gasífero mundial.

También Igor Setchin, cabeza del grupo petrolero Rosneft, firmó con la British Petroleum (BP) un acuerdo de exploración de shale oil (crudo bituminoso o no tradicional) en la cuenca del Volga, el primer contrato internacional concluido por un grupo público ruso desde la entrada en vigor de las sanciones occidentales. Una burla para los occidentales, ya que la cercanía de Setchin con Putin le valió la prohibición de viajar a EU. Poco antes, el director de la petrolera francesa Total, Christophe de Margerie, anunció la creación de una coempresa, con 51% de las acciones en manos del ruso Lukoil y 49% de la Total, para explotar las inmensas reservas de crudo no convencional en la cuenca del Bazhenov, en Siberia occidental.Fue algo normal para los dueños. De Margerie, que asistió a casi todos los foros organizados en la antigua capital imperial rusa desde 1997, estuvo presente en la última reunión. “La empresa, las relaciones no políticas, a menudo también son una buena manera de calmar el juego”, se defendió. Hubiera sido “un error no venir”.

Él nunca aceptó que el gobierno de EU le dicte su ley. Salvo un veto del Elíseo o de la ONU, él seguirá con sus actividades en Rusia, donde Total controla 17% del grupo privado Novatek y 20% del proyecto de gas natural licuado de Yamal LNG, junto con Novatek (60%) y el grupo chino CNPC (20%).

¿Y qué decir de BP, que posee 19.7% del capital de Rosneft? En el citado Foro, su director, el estadunidense  Bob Dudley, dijo lo mismo que su colega francés: “Las relaciones que nosotros establecemos con Rusia y Rosneft residen, no en transacciones puntuales, sino en una asociación estratégica basada en la confianza y el interés mutuos. Nos sentimos felices de ser parte del complejo energético ruso”. Es exactamente lo que a Putin le gusta escuchar de los líderes de los colosos europeos de la energía, que recibe desde hace dos décadas.

Fueron ellos, según el diario económico ruso Vedomosti, quienes intervinieron ante Francia, Alemania e Italia para evitar que Alexei Miller, director del emporio ruso Gazprom y cercano del presidente Putin, fuera incluido como Setchin en la lista de las personas no gratas en Occidente.

No se hiere así a las autoridades de un país que controla las primeras reversas mundiales de hidrocarburos...