El “sultán” tendrá ahora una “superpresidencia”

El mandatario de la nación, en el poder desde el año 2003, logró “rehacerse”.
Recep Tayyip Erdogan, ha sido desde 2003 el hombre fuerte del país.
Recep Tayyip Erdogan, ha sido desde 2003 el hombre fuerte del país. (Umit Bektas/Reuters)

Estambul

Para unos es el "salvador" de Turquía, para otros un "dictador". Pese a estar cada vez más cuestionado, el presidente Recep Erdogan confirmó ayer en las urnas que sigue siendo el líder indiscutible del país.

Su sueño de instaurar una "superpresidencia" se quebró en las legislativas de junio pasado. Pese a involucrarse personalmente en la campaña, el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) perdió la mayoría absoluta en el Parlamento. Lejos de dejarse amedrentar, Erdogan, apodado El Sultán, volvió a la carga.

Durante semanas, dejó que se estancaran las conversaciones para la formación de un gobierno de coalición y, al constatar su fracaso, llamó de nuevo a las urnas, por cuarta vez en dos años, convencido de poder "rehacerse".

Con 61 años, Erdogan sigue siendo el jefe político más popular y carismático desde Mustafá Ataturk, el padre de la República laica.

Erdogan asumió el poder en 2003 sobre las ruinas de una grave crisis financiera. Para sus partidarios, es el hombre del milagro económico y de las reformas que liberaron a la mayoría religiosa y conservadora del país del yugo de la élite laica. Pero también se ha convertido en los últimos dos años en la figura más criticada en Turquía, denunciado por su deriva autocrática e islamista.

La espectacular operación policial lanzada esta semana contra dos cadenas de tv cercanas a la oposición reforzó la inquietud de quienes —como el jefe de la oposición, Kemal Kiliçdaroglu— lo acusan de querer "restablecer el sultanato". Por años, su modelo de democracia conservadora, uniendo capitalismo liberal e islam moderado, sumó al éxito económico el apoyo de la Unión Europea, donde Turquía anhela entrar. Reelegido en 2007 y 2011, el escenario se complicó a mediados de 2013 cuando por tres semanas más de tres millones y medio de personas pidieron en las calles su dimisión reprochándole su mano de hierro y su política cada vez más islamista.

Erdogan respondió con una represión severa. La oposición izquierdista y pro kurda lo acusa de haber reavivado el conflicto a fin de apuntalar sus ambiciones agitando el miedo. Un reciente sondeo revela que 64,8 por ciento de los turcos le teme.