Sobrevivientes de la guerra, los niños luchan con sus secuelas

El último conflicto entre israelíes y palestinos, en julio-agosto de este año, dejó al menos 2,200 gazatíes muertos, además de decenas menores que no olvidan la experiencia vivida.
Infantes juegan en ruinas de Gaza, sometida a siete semanas de bombardeos israelíes.
Infantes juegan en ruinas de Gaza, sometida a siete semanas de bombardeos israelíes. (Mohammed Salem/Reuters)

Gaza

Muntaser Bakr, un niño palestino de 11 años, sobrevivió hace cinco meses a un misil que mató a su hermano y a tres de sus primos en una playa de Gaza, sobre el Mediterráneo; ahora hace frente a las terribles secuelas del traumatismo que sufrió.

La opinión pública mundial quedó conmocionada por la muerte en directo de esos cuatro pequeños de entre nueve y 11 años, cuando jugaban al balón en una playa del enclave palestino, blanco entonces de un intenso bombardeo de las fuerzas israelíes.

A fines de agosto, un alto al fuego, el tercero en seis meses en Gaza, dejó tras de sí unos dos mil 200 palestinos muertos, miles de heridos y repercusiones psicológicas en numerosos gazatíes.

Los más afectados son los niños. Más de 500 murieron y cientos de miles necesitarían hoy ayuda psicológica para paliar los traumatismos de la guerra. Muntaser Bakr es solo uno de los muchos casos.

"Después de lo ocurrido, empezó a ir a un centro de salud mental. Si su consulta y la toma de medicamentos se atrasan siquiera diez minutos, no podemos controlarlo", explica su padre Ahed Bakr.

Ahed, 55 años, que perdió a su hijo Zacarías, de nueve, aquel 16 de julio en la playa de Gaza, mira, ansioso, a Muntaser comerse las uñas encerrado en su silencio. "Se vuelve ultraviolento, rompe todo y se golpea la cabeza contra la pared. Trató incluso de arrojarse al vacío desde el tejado", dice.

El niño agrede también a los demás. "El otro día, lo encontramos tratando de colgar a sus primos", cuenta su padre.

Desde que vio morir a su hermano y a sus primos, Muntaser vive "en otro mundo" y rehúsa ir al colegio, lo que su padre confiesa aceptar por miedo: "¿Y si un día trata de matar a uno de sus compañeros?", plantea.

Saliendo bruscamente de su mutismo, Muntaser empieza a hablar con los ojos bajos: "No quiero ir al colegio, antes iba con Zacarías y él me ayudaba", "pero ahora está muerto".

Cuando un periodista se acerca a él, el niño retrocede de golpe y grita: "No quiero hacer nada, sólo agarrar un Kalashnikov y matarlos a todos para vengar a Zacarías y a mis primos".

Un silencio, y luego sigue: "de noche sueño con ellos, sueño que los abrazo. No voy más a la playa porque es allí donde murieron". Después, el niño se encierra de nuevo en el silencio.

"Los recuerdos que esos niños han almacenado durante la guerra son duros e imposibles de borrar", afirma Samir Zaqut, que trabaja en el sector de la salud psicológica en Gaza. "Fueron sometidos a choques sucesivos, a traumatismos continuos: tres guerras en seis años ¿cómo podrían volver a una vida normal?". Al sufrimiento se agrega la falta de infraestructuras y de expertos en salud mental en el pequeño enclave de 342 kilómetros cuadrados donde se hacinan 1.8 millón de palestinos, de los cuales casi la mitad tienen menos de 14 años.

Raghda Ahmed, madre de familia de 30 años, se preocupa por su hijo Wisam, de ocho. "Desde la guerra, no se separa de mí, ni siquiera un minuto. Me dice 'quédate conmigo, así si los aviones bombardean moriremos juntos'".

"A menudo, me quedo con él incluso en el colegio", agrega Raghda. Cuando está hablando, su hijo la interrumpe: "¿Para qué sirve ir al colegio y estudiar si de todos modos nos vamos a morir en la próxima guerra?".