La batalla para nombrar al secretario de estado

Mitt Romney se enfrenta a grupos ultraconservadores que buscan sabotear su nominación como jefe de la diplomacia estadunidense y apoyan a Rudolph Giuliani.
La semana pasada, Trump recibió al ex gobernador de Massachusetts.
La semana pasada, Trump recibió al ex gobernador de Massachusetts. (Carolyn Kaster)

Palm Beach

La incertidumbre se mantenía hasta anoche sobre el nombramiento del próximo jefe de la diplomacia estadunidense, dado que quienes apoyan fervientemente a Donald Trump se niegan a que sea el republicano moderado Mitt Romney.

Tercera persona más importante del gobierno estadunidense según el protocolo, el puesto estratégico de secretario de Estado despierta una intensa puja política por la sucesión del demócrata John Kerry.

El Departamento de Estado cuenta con 70 mil empleados que manejan la red diplomática y consular más importante del planeta.

Según el diario The New York Times, que cita voces del equipo de transición, el entorno de Trump de divide entre quienes favorecen al ex alcalde de Nueva York Rudolph Giuliani o al candidato republicano que perdió en las elecciones de 2012, Mitt Romney, crítico del magnate durante la campaña presidencial.

Giuliani, que desde el primer momento apoyó a Trump pero no tiene experiencia en política exterior, expresó desde el principio su deseo de dirigir la diplomacia de Estados Unidos.

Ex fiscal y mundialmente conocido tras su gestión como alcalde de Nueva York entre 1994 y 2001, “Rudy” Giuliani tiene 72 años.

Frente a él está Romney, de 69 años, un republicano moderado y derrotado por el presidente saliente Barack Obama en 2012. Su designación permitiría a Trump trasmitir seguridad al sector de los moderados y a los aliados.

Pero Romney, ex empresario de Utah y ex gobernador de Massachusetts, no tiene pedigrí diplomático y durante la campaña presidencial trató a Trump de “charlatán” y de “impostor”.

Trump y Romney tampoco están de acuerdo sobre la postura ante Rusia: mientras que el presidente electo quiere acercarse a Vladímir Putin, Romney había dicho en 2012 que Moscú era el primer enemigo geopolítico de EU.

Desde el miércoles, los caciques republicanos, fieles desde la primera hora al 45° presidente de EU, critican sin tapujos la posibilidad de que Romney dirija la diplomacia.

“Me vienen a la mente 20 personas que serían naturalmente más compatibles con la visión de la política exterior de Trump”, atacó en FoxNews, Newt Gingrich, uno de los duros que había sido mencionado como posible secretario de Estado.

La muy cercana consejera del presidente electo Kellyanne Conway admitió ayer en un tuit que recibía una “catarata de comentarios privados y también en las redes sociales (contra) Romney”.

Trump nombró a su alrededor a hombres blancos, de cierta edad y, en su mayoría, muy rígidos sobre la inmigración o la lucha contra el fundamentalismo islámico. Entre ellos, Jeff Sessions, como Fiscal General; el general retirado Mike Flynn, asesor sobre Seguridad nacional, y el editor de extrema derecha Steve Bannon, jefe de estrategia.

El miércoles, sin embargo, el futuro presidente inyectó una dosis de diversidad al nombrar embajadora ante la ONU a Nikki Haley, gobernadora de Carolina del Sur e hija de inmigrantes indios, y a Betsy DeVos para Educación.