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Rousseff pierde otros tres ministros del partido de su vicepresidente

Con las renuncias de tres ministros del centrista PMDB, son nueve las carteras dirigidas por interinos en el gobierno de Brasil, mientras Corte Suprema posterga decisión sobre Lula.

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La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, perdió hoy a otros tres ministros del partido de su vice, y ahora máximo enemigo, Michel Temer, con lo cual suman nueve las carteras dirigidas por interinos mientras lucha s contrarreloj por evitar su destitución en el Senado.

Al final de la jornada, la Presidencia informó de las renuncias del ministro de Minas y Energía, Eduardo Braga, del titular de la Secretaria de Puertos, Helder Barbalho, así como de la salida definitiva del secretario de Ciencia y Tecnología, Celso Pansera, todos del PMDB (centro).

Pansera ya había dejado su cargo la semana pasada para recuperar su puesto de diputado de cara a la decisiva votación del domingo, donde la cámara baja se pronunció a favor del juicio de destitución (impeachment) de Rousseff. El ahora ex ministro votó contra la destitución de la presidenta, pero finalmente ha decidido no regresar a su gobierno.

De su lado, el ya ex titular de Minas y Energía -además de senador en licencia-, Eduardo Braga, aludió a una situación insostenible para continuar en el cargo. "Creo que es el momento. El ambiente en el Senado y en mi partido [PMDB] me pedía que hiciera esto. Fui hasta dónde podía, cumpliendo mi compromiso con el país y con el sector", afirmó al diario O Globo.

Con problemas de salud, Braga seguirá apartado de la Cámara alta y será sustituido temporalmente por su esposa, según la prensa local. Ella será la encargada de votar en la decisiva sesión de mediados de mayo donde se decidirá si Rousseff es apartada de su cargo durante 180 días hasta su juicio político.

Mientras, Barbalho, cuyo padre es senador, expresó su "solidaridad" con la mandataria en su carta de renuncia y defendió "la absoluta ausencia de crímenes de responsabilidad" que justifiquen el impeachment.

Con estas nuevas salidas, apenas permanecen en su cargo dos ministros del PMDB de los siete que formaban la administración de Rousseff antes de que el líder del partido, Michel Temer, orquestara la salida de la formación de la coalición a finales de marzo.

En caso de que la mandataria sea finalmente destituida, su ex compañero de fórmula asumirá el poder hasta el final del mandato en 2018. Contando otras deserciones, nueve de las 32 carteras del gobierno de Rousseff están ahora en manos de interinos.

Postergan decisión sobre Lula

Aunque por otros motivos, uno de los ministerios que sigue sin titular es el de la Casa Civil (equivalente la jefatura de gabinete) para el que fue nombrado hace un mes el ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva. Su asunción, sin embargo, fue congelada poco después por el Supremo Tribunal Federal (máxima corte), que este miércoles aplazó su decisión al respecto sin fecha definida.

"Por mayoría, la corte deliberó en el sentido de postergar el juzgamiento", declaró el presidente del Supremo Tribunal Federal (STF), Ricardo Lewandowski, después de que uno de los once magistrados del panel pidiera que todos los recursos recibidos sobre el mismo caso fueran tratados posteriormente en una sola sesión. El tribunal no fijó una nueva fecha para deliberar sobre el caso.

Luiz Inacio Lula da Silva, figura emblemática de la izquierda y padre del llamado milagro socioeconómico brasileño de la década pasada, fue nombrado el 16 de marzo ministro Jefe de la Casa Civil -una suerte de jefatura de gabinete- para salvar a Rousseff de un proceso de destitución que en ese momento estaba en ciernes en la Cámara de Diputados, finalmente aprobado el domingo y enviado al Senado.

Pero poco después un juez del STF dejó en suspenso la asunción al sospechar que se trataba de un subterfugio para entorpecer una investigación de la justicia ordinaria que buscaba determinar si Lula se benefició de una red de corrupción en Petrobras y protegerlo con fueros privilegiados de un potencial pedido de detención.

¿Demasiado tarde?

Con la postergación adoptada hoy por el STF, la eventual habilitación para que asuma podría llegar demasiado tarde para Rousseff. El ex presidente (2003-2010) debía incorporarse al gobierno armado de su carisma y su talento negociador para batallar contra el proceso de destitución, que si es ratificado a mediados de mayo por el Senado separaría transitoriamente a Rousseff de su cargo a la espera de una sentencia final.

En ese caso, su ex aliado y ahora rival, el vicepresidente Michel Temer, asumirá el poder inmediatamente. Si Rousseff es hallada culpable tras el juicio político, dejará el poder definitivamente y quedará inhabilitada para ejercer cargos públicos por hasta cinco años.

Mientras Lula sigue trabajando para rescatar al gobierno sin un cargo formal, Rousseff decidió viajar el jueves a Nueva York para firmar un tratado de cambio climático en la ONU, dejando el mando del país a Temer, a quien acusa de ser uno de los jefes de la conspiración que pretende destituirla.

Medios brasileños especulan con que la mandataria aprovecharía la exposición global que le dará la firma del acuerdo alcanzado en la conferencia sobre el clima de París en 2015 (COP21) para denunciar que es víctima de "un golpe" parlamentario, parte de la estrategia contrarreloj de supervivencia.

Esta tarde, el juez del STF Celso de Mello salió al cruce de esa narrativa. "Es un procedimiento constitucional que transcurrió hasta el momento en clima de absoluta normalidad jurídica. Hay un equívoco cuando afirma que hay un golpe parlamentario", dijo a periodistas.

Tiempos difíciles

Lula participó el martes en Sao Paulo de una reunión de la dirección nacional del Partido de los Trabajadores (PT) que él fundó y llevó al poder. Durante el encuentro quedó en negro sobre blanco que la fuerza que gobierna Brasil hace más de trece años vive tiempos difíciles.

"Tanto Lula como nosotros evaluamos que será difícil ganar en el Senado porque, aún cuando es un escenario distinto, los partidos que estuvieron en nuestra contra en la Cámara van a repetir su comportamiento", declaró a la AFP uno de los participantes de la reunión, el diputado Zé Geraldo.

"El plan (de la oposición) no es aniquilar sólo a Dilma, sino al PT. La oposición quiere formar un gobierno de coalición y trabajar en la elección de un candidato para 2018", agregó. Pese a todas las dificultades, Lula ganaría la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2018 con 21% de los votos, según un sondeo de Datafolha del 10 de abril. A sus 70 años, ya se propuso como precandidato del PT.

En la encuesta quedó por delante de la ecologista Marina Silva (19%) y del líder de la oposición de centro-derecha, Aecio Neves (17%), derrotado estrechamente por Rousseff en 2014, y del actual vicepresidente Temer (1 a 2%).

"Tiene mucho carisma, hizo un gobierno muy popular con altísima aprobación (...) pero yo no creo que pueda volver a ganar una elección", afirmó Sergio Praça, analista político de la Fundación Getulio Vargas.

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