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Martes , 18.09.2018 / 09:55 Hoy

Rousseff cesa a ministro e inicia el cambio de gobierno

La presidenta de Brasil, que sigue con niveles muy bajos de aprobación, con el 10%, anunciará en los próximos días una reforma ministerial que hoy anticipó con la salida del titular de Educación.

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La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, comenzó a mover fichas en el Gobierno de cara a la reforma ministerial prevista a ser anunciada en los próximos días y anticipó hoy la salida del titular de Educación, Renato Janine Ribeiro.

El filósofo y profesor de Ética, de 65 años, contó al momento de asumir la cartera, en abril pasado, con un gran respaldo académico y social. No obstante, su salida ya había sido adelantada por varios analistas políticos, que afirman que su cargo será ocupado por el actual jefe del Gabinete Civil de la Presidencia, Aloizio Mercadante.

El Ministerio de Educación confirmó en un comunicado que Janine Ribeiro dejará la cartera después de poco más de cinco meses en el cargo, aunque no anunció el nombre de su sustituto.

No obstante, según medios de comunicación locales, esa cartera será ocupada por el actual ministro de la Casa Civil (Presidencia), Aloizio Mercadante. El martes, el Gobierno también confirmó que Arthur Chioro dejará el Ministerio de Salud, sin desvelar el nombre del próximo titular de la cartera.

El cambio se debe a que Mercadante, correligionario de Rousseff en el Partido de los Trabajadores (PT), no cuenta con el respaldo de buena parte de su propia fuerza política ni del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), el principal aliado del gobierno.

El propio ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva fue uno de los defensores de la salida de Mercadante, cuya permanencia al frente del principal ministerio fue resistida por Rousseff, quien lo considera uno de sus asesores más leales.

Rousseff ha estado inmersa en las últimas semanas en intensas negociaciones políticas dirigidas a reducir de 39 a 29 el actual número de ministerios, con lo cual pretende reforzar la disminución del gasto y fortalecer a determinados partidos, como el del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), para garantizar su apoyo en medio de varios desencuentros.

La reducción del número de ministerios, que aumentó a 39 durante la última década, es exigida desde hace años por la oposición, según la cual esos despachos han sido usados para satisfacer a los integrantes de la variopinta coalición política que respalda a Rousseff, quien la heredó de su antecesor y padrino político, Luiz Inácio Lula da Silva.

La base de apoyo al Gobierno está encabezada por los partidos de los Trabajadores (PT), de Rousseff, y el PMDB, formación que lidera el vicepresidente Michel Temer. A esos dos grupos, se suman los partidos Republicano Brasileño (PRB), de la República (PR), Progresista (PP), Comunista de Brasil (PCdoB), Republicano del Orden Social (PROS) y Social Democrático (PSD).

Hasta inicios de este mes también estaban en esa coalición los partidos Laborista Brasileño (PTB) y Democrático Laborista (PDT), cuyos parlamentarios se declararon "independientes" en rechazo a un duro ajuste fiscal impuesto por el Gobierno para hacer frente a la delicada situación de la economía.

Según los analistas del sector privado, la economía brasileña se contraerá este año un 2.70 %, mientras que en 2016 se espera una caída del 0.8 %. A este escenario se suma una inflación al alza, en su mayor tasa desde 2003, un aumento del desempleo y unas tasas de intereses en sus mayores niveles en varios años.

En momentos en que cuenta con un escaso diez por ciento de aprobación de su gestión y 69 de rechazo, según un sondeo divulgado hoy, la presidenta libra una dura batalla en dos frentes: necesita que sus aliados la ayuden a que el Congreso apruebe las medidas de ajuste fiscal que impulsa su equipo económico y también que eviten la apertura de un eventual juicio político que pueda derivar en su destitución.

De concretarse los cambios previstos, Mercadante volverá a dirigir la cartera de Educación, que comandó entre 2012 y 2014, al tiempo que el cargo de "primer ministro" será ocupado por el actual titular de Defensa, Jaques Wagner, un aliado de Lula quien ya dijo que está dispuesto a aceptar una eventual invitación de la mandataria.

La salida de Ribeiro se suma a la del ministro de Salud, Arthur Chioro, quien según informes de la prensa no confirmados fue despedido por la presidenta por teléfono. El ministerio de Salud, sostienen los analistas, habría sido una de las principales demandas del PMDB para respaldar al Ejecutivo en el Congreso.

Es una cartera clave por la visibilidad que otorga a su titular, y porque es el ministerio que cuenta con el mayor presupuesto. De confirmarse la entrega de Salud al PMDB, el partido de centro pasará a tener siete carteras bajo su control. El nombre que suena con más fuerza para el cargo es el del médico psiquiatra Marcelo Castro.

Según la analista Cristiana Lobo, para reducir 10 de los 39 ministerios, algo que la presidenta prometió al anunciar nuevos recortes de gastos, se maneja la posibilidad de que se fusionen tres secretarías que tienen estatus de ministerio: Política para las Mujeres, Igualdad Racial y Derechos Humanos; y también las carteras de Trabajo, Previsión Social y Desarrollo Social.

Lobo también aseguró que la cartera de Defensa será entregada al actual titular de Ciencia y Tecnología, Aldo Rebelo, con lo cual, por primera vez en la historia, un comunista comandaría las Fuerzas Armadas del país.

Baja aprobación

Mientras, Rousseff sigue sin respiro: su aprobación entre la población es de apenas un 10%, según un sondeo divulgado hoy. No obstante el pobre desempeño de esta economista de 67 años, el estudio de CNI/Ibope mostró una mejora de un punto porcentual respecto de la medición anterior de junio, que marcó el piso de su respaldo.

La pregunta central del trabajo fue "¿Cómo evalúa al Gobierno de Dilma?". En este Brasil sumido en una crisis que recorre desde la política hasta la economía, el 69% de los ciudadanos respondió que consideraba la gestión como mala o pésima (un punto más que en junio), un 21% respondió que regular, en línea con el sondeo precedente, y un 10% dijo que era óptimo o bueno.

La encuesta, una de las más seguidas en el país, indicó que se detuvo la caída desenfrenada del respaldo a Rousseff, aunque es aún uno de los peores registros históricos para una figura presidencial desde la vuelta de la democracia tres décadas atrás.

"La popularidad de la presidenta Dilma se mantuvo inalterada entre junio y septiembre. Ninguno de los indicadores del estudio presenta una variación mayor que el margen de error", señaló CNI/Ibope, que detalló que los números empeoraron entre la población más joven y se fortalecieron levemente entre la de mayor edad.

Al poco de haber iniciado su segundo mandato en enero, Rousseff entró en una zona de turbulencia provocada por las revelaciones del desvío de miles de millones de dólares de la estatal Petrobras en simultáneo con un derrumbe de la economía que arrojó al país a la recesión.

Su capital político se agotó rápidamente. "Perder popularidad en el inicio del segundo mandato no es novedad, pero la caída de la presidenta Dilma fue más intensa" que la de quienes la precedieron en el cargo, agregó la firma.

El ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva fue quien menos sintió ese bajón y se mantuvo en torno al 57% de aprobación en su peor momento, mientras que su antecesor Fernando Henrique Cardoso llegó a tener un magro apoyo de solo 16%.

Todas las áreas medidas por el trabajo de CNI/Ibope en septiembre -pobreza, desempleo inflación, salud, educación, seguridad, medio ambiente y el nivel de impuestos y de tasas- fueron evaluadas negativamente y los rechazos oscilaron entre 65 y 90%.

La desconfianza de la población en Rousseff alcanza el 77%, reflejo de la frustración que genera el gobierno del izquierdista Partido de los Trabajadores, hace más de doce años en el poder.

El PT hizo de las reivindicaciones sociales y la ética sus banderas tras alcanzar en 2003 la presidencia con Luiz Inacio Lula da Silva, pero en 2015 impulsa un ajuste fiscal ortodoxo y es permanente blanco de acusaciones de corrupción.

El 82% de los consultados considera que el segundo mandato consecutivo de Rousseff comenzado el 1 enero es peor que el anterior, y el 63% cree que el resto del mandato hasta el 31 de diciembre de 2018 será malo. Uno de los capítulos más oscuros para el Gobierno, de acuerdo con el sondeo, es su política impositiva, que fue desaprobada por el 90% de los consultados.

El ajuste fiscal en curso plantea resucitar un impopular impuesto a todas las transacciones financieras -que tasa todos los saques de dinero de cajero automático, los cheques, cada vez que se usa la tarjeta de crédito- que aún debe ser aprobado por el Congreso, donde enfrenta gran resistencia. El trabajo fue realizado del 18 al 21 de septiembre sobre una muestra de 2,002 entrevistas y el margen de error estimado es de dos puntos porcentuales.

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