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Domingo , 24.06.2018 / 02:27 Hoy

Rousseff busca reconstruir su coalición de gobierno

La presidenta de Brasil, decidida a revertir su impopularidad, intenta retener en el gabinete a ministros del PMDB y buscar nuevos aliados para retomar la iniciativa e impedir el juicio por destitución.

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AFP

La presidenta brasileña Dilma Rousseff, debilitada por la deserción del principal aliado de la coalición de gobierno, el centrista Partido Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) y con una popularidad en mínimos, trataba hoy de retomar la iniciativa para impedir su destitución por el Congreso.

El PMDB del vicepresidente Michel Temer oficializó el martes la ruptura de la alianza con el Partido de los Trabajadores (PT) de Rousseff y dio su apoyo abierto al impeachment impulsado por la oposición, que acusa a la mandataria de supuesta manipulación de las cuentas públicas.

Mientras, Rousseff, ante la amenaza del juicio político, comenzó a mover piezas hoy para retener a algunos de los seis ministros del PMDB al tiempo que abrió negociaciones con otras formaciones.

Su primer movimiento fue conceder "créditos extraordinarios" para seis ministerios, entre los que están los de Agricultura y Ciencia y Tecnología, controlados por el PMDB y cuyos titulares, Katia Abreu y Celso Pansera, dieron a entender que pudieran no acatar la decisión del partido, que implica entregar los cargos antes del 12 de abril.

El PMDB ocupa también las carteras de Minas y Energía, Salud, Puertos y Aviación Civil, pero en esos casos los ministros se han mostrado más dispuestos a renunciar en los próximos días.

La salida el martes de la mayor fuerza política del país, liderada por el vicepresidente, Michel Temer, fue interpretada como un claro apoyo a un eventual juicio político contra la mandataria, que depende del análisis de una comisión parlamentaria.

Fuentes del PMDB que pidieron anonimato dijeron a Efe que la mandataria ha optado por "jugar al divide y vencerás" y admitieron que puede llegar a retener a algún ministro de esa formación, aunque aclararon que el partido "está unido".

En el caso de Abreu, indicaron que ni siquiera fue propuesta como ministra por el PMDB, al que se afilió a fines de 2013, sino que fue escogida por Rousseff, con quien tiene una firme amistad, al punto de que fue su madrina de bodas.

En un acto ante beneficiarios de programas sociales de vivienda, Rousseff, de 68 años, volvió a denunciar una tentativa de "golpe de Estado" y criticó a sus adversarios por instaurar un clima "de intolerancia y odio". "El impeachment está inscrito en la Constitución, pero aquí estamos discutiendo un impeachment muy concreto, sin crimen de responsabilidad, y eso se llama 'golpe'", declaró en la ceremonia, realizada en el Palacio de Planalto en Brasilia.

Popularidad bajo mínimos de Rousseff

La mandataria, elegida en 2010 y reelegida en 2014, enfrenta una dura crisis económica y una multiplicación de escándalos que derrumbaron su popularidad. Las personas que afirmaban no confiar en la presidenta de izquierda llegaron en marzo a un 80%, según una encuesta realizada por el instituto Ibope para la Confederación Nacional de Industrias (CNI).

Apenas un 10% de los brasileños considera que el gobierno es "óptimo o bueno", una cifra que se mantiene por cuarto trimestre consecutivo entre las peores desde el fin del mandato de José Sarney (1985-90), aunque mejora un punto porcentual respecto a fines de 2015. La economía tampoco da respiro y el país se prepara para vivir su segundo año de recesión, con una agravación del desempleo y un deterioro de las cuentas públicas.

El sector público consolidado acumulaba en febrero un rojo fiscal de 2.11% del PIB a doce meses, según datos publicados este miércoles por el Banco Central. El 2015 había cerrado con un déficit de 1.88%.

Las prioridades de Rousseff para resistir a la embestida de la oposición pasan por crear una "agenda positiva" y por reconstruir una base de apoyo parlamentario para su gobierno, negociando con otros partidos los cargos que dejará vacante el PMDB.

El gobierno cuenta aún con seis ministros de esa formación centrista, quienes aún no han presentado su renuncia, pese al estruendoso anuncio de ruptura hecho la víspera por la dirección de ese partido.

Según fuentes del PMDB, tendrían un plazo implícito para entregar sus cargos hasta el 12 de abril, aunque algunos se muestran reticentes a entregar sus carteras. El jefe del gabinete personal de Roussseff, Jacques Wagner, dio a entender el martes que el viernes podría haber una remodelación ministerial.

El PMDB, en alianza con el opositor socialdemócrata PSDB, arrancó en paralelo gestiones para ofrecer ministerios y puestos en un eventual gobierno de Temer, quien completaría el mandato de Roussef, hasta 2018, en caso de que prospere el impeachment.

La salida del PMDB dejará ministerios vacantes para negociar, "pero el problema es que el PMDB y el PSDB también están en esa negociación", explicó a la AFP Michael Mohallen, doctor en derecho público y derechos humanos y profesor de la universidad privada FGV en Rio de Janeiro.

De todos modos, el Gobierno ya admitió que la salida del PMDB impondrá una profunda reforma de su gabinete. Para cubrir las vacantes que dejará el PMDB, el Gobierno comenzó a negociar hoy con otras formaciones y especialmente con el Partido Progresista (PP), que representa la tercera minoría en la Cámara de Diputados, con 51 de los 513 escaños.

De los 31 ministerios del Gobierno, el PP solo ocupa la cartera de Integración Nacional y siempre ha reclamado mayor participación en el gabinete, que podría obtener con la salida del PMDB. Sin embargo, en el PP también existen corrientes que presionan por seguir al PMDB y abandonar el Gobierno, lo que fue discutido hoy durante una reunión de la dirección de ese partido.

"No hay una decisión. Hay parlamentarios en contra (de romper) y otros a favor", declaró tras esa reunión el jefe del grupo del PP en la Cámara Baja, Aguinaldo Ribeiro, quien dijo que el PP definirá el asunto el 12 de abril, el mismo día que se sabrá qué ministros del PMDB seguirán en el Gobierno.

Según medios de prensa, el ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva, mentor y predecesor de Rousseff, se reunió con líderes de varios partidos para intentar retenerlos en la coalición ofreciéndoles ministerios y cargos públicos a cambio de su apoyo crucial.

El objetivo es ganar ahora la votación contra el impeachment en la Cámara de Diputados, sumamente parcelada, antes de que llegue al Senado, donde los partidarios de Temer podrían tener más fuerza.

"Agenda positiva" y marchas

El anuncio con bombos y platillos del plan de vivienda "Minha Casa, Minha Vida", se inscribe en los esfuerzos para crear esa "agenda positiva" que la presidenta busca crear. Pese a las "dificultades públicas y notorias" de la economía, el gobierno optó por no cortar los programas sociales, porque Brasil debe enfrentar "un pasivo histórico" de "inmensa desigualdad", proclamó Roussseff en el acto.

Tenemos el orgullo de subsidiar [viviendas] porque sabemos que las cuentas de los trabajadores (...) no cierran si el gobierno no se muestra capaz de restituir recursos tributarios para garantizar la mejora de las condiciones de vida", agregó.

volvió a subir el tono y convirtió una ceremonia sobre planes de viviendas populares en un acto político, en el que recibió el respaldo de diversos movimientos sociales e insistió en que está en curso un "golpe" para derrocarla.

"Tenemos que estar atentos, porque quien no tiene razones para sacar a un Gobierno con base en la Constitución, quiere sacarlo para golpear los derechos conquistados por la población", aseguró.

Rousseff incluso planteó que si eso ocurre con una presidenta elegida democráticamente, "qué no harán contra el pueblo" aquellos que, en su opinión, "no aceptaron nunca" los programas sociales que han beneficiado a millones de brasileños en los últimos años.

A lo largo del acto, en el Palacio presidencial de Planalto, fue interrumpida una y otra vez al grito de "no habrá golpe", que se repite en cada manifestación en favor de la mandataria.

Activistas gritan "Temer golpista"

Los activistas también citaron en sus cánticos al vicepresidente Michel Temer, líder del PMDB y primero en la línea sucesoria en caso de una destitución de Rousseff. "Temer golpista", se escuchó por momentos en el salón del palacio presidencial en el que se celebró el acto.

Aunque llegó a unirse al grito de "no habrá golpe", Rousseff mantuvo un discreto silencio cada vez que el coro citó a Temer, que pese a la decisión de su partido permanecerá en el cargo, pues fue elegido en la misma fórmula que la mandataria.

En diciembre pasado, en una carta en la que anticipó la ruptura, Temer afirmó que Rousseff siempre lo trató como un vicepresidente "decorativo". Consumado el divorcio, esa figura parece más real, al punto de que el jefe de Gabinete del Gobierno, Jaques Wagner, declaró que desde el momento en que el PMDB optó por la ruptura, la relación con Temer "está bloqueada".

El PT llamó a manifestaciones el jueves para apoyar a Rousseff. Una marcha similar había movilizado el 19 de marzo a casi 270 mil personas, según la policía. En marzo, la oposición había sacado a la calle a tres millones de ciudadanos para pedir la partida de la mandataria.

Rousseff nombró jefe de gabinete a Lula, pero la justicia bloqueó la desigación por sospechar que podría tratarse de un ardid para obtener fueros privilegiados en las investigaciones que el juez de primera instancia Sergio Moro le abrió por supuesta corrupción en el megaescándalo de la estatal Petrobras. Ese caso envenena desde hace dos años la vida política y el clima de negocios de Brasil, salpicando a dirigentes de prácticamente todo el arco político.

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