Román Gómez: tango-samba, una fusión que se cocina en Grecia

El músico se instaló en este país mediterráneo por una chica, pero también encontró ahí el sitio donde maduró su arte; en esta conversación narra su travesía a Europa y adelanta planes

Arrastrados por las olas del mar Egeo, 31 mil 244 migrantes llegaron a las costas de Grecia en la primera mitad de enero de este año, según datos de la Organización Internacional para las Migraciones. Obligados por la guerra, sirios, afganos, iraquíes, paquistaníes e iraníes han aumentado 21 veces más las mil 472 llegadas a la República Helénica que hubo en enero de 2015.

Para ellos, ese país es apenas un puente hacia Alemania. Pero para el músico Román Gómez (Buenos Aires, 1975) no es así. Él nada tiene que ver con la guerra, pero a pesar de venir de un país que ha pasado por varias crisis, hizo de Grecia su hogar.

No solo por una chica que lo motivó a establecerse allí, sino también por amor a la música. A sus 27 años decidió salir de su natal Argentina. Antes de llegar a Atenas, en 2008, vivió en Italia y recorrió otros países como Rusia y Hungría.

Para Gómez estos viajes por Europa pueden significar, también, el cumplimiento de una inquietud que lo ha acompañado durante años: mezclar la música argentina con la brasileña.

¿Cómo ha sido vivir en Grecia ahora que se encuentra en la lucha por superar esta incertidumbre económica?

Lo que se dice en las noticias es cierto: los negocios se cierran, hay desempleo, mucha gente no llega a fin de mes, pero a pesar de todo esto los griegos tienen una manera de ser muy positiva, es como si no les tocara tanto la crisis. Obviamente sucede, pero no es una depresión que se sienta en el aire.

Como artista noto que empezaron a aparecer más oportunidades, sobre todo a nivel humano, como si la gente hubiera tenido un reset general y empezaran a surgir nuevas formas de arte. Muchos grupos musicales, teatro y danza desaparecieron o buscaron opciones en el extranjero, pero también dieron paso a nuevas generaciones.

Desde mi percepción he visto cómo gradualmente se van renovando muchas más cosas a nivel creativo, no estoy hablando a nivel monetario, porque ahí la crisis se siente. Pero en Italia, con menos problemas, siento más la crisis europea, y no solo yo, también otros artistas griegos e incluso amigos italianos que me dicen: “Si acá están en crisis, nosotros estamos muriéndonos de hambre”. Pero eso es cuestión mental.

¿Trabajar con artistas locales te ha dado una visión de la escena artística en Grecia, que debe ser algo limitada porque el griego no es un idioma dominante en el mundo?

Sí. Grecia es un país en el que no te puedes desarrollar internacionalmente como artista por una cuestión idiomática. Un cantante griego puede tener fama, pero si no habla otro idioma lo más probable es que se quede en Grecia toda la vida. Sí o sí el circuito se termina acá, ya sea por el idioma o porque tienen una identidad muy fuerte y tratan de mantenerla: cuando terminó la dominación turca, los griegos sacaron todo rastro de Turquía. Son muy nacionalistas como cultura, por lo mismo es muy raro que puedan desarrollar un interés por música en otros idiomas y sucede, porque es una nación como cualquiera otra, con gente que tiene diferentes intereses, pero su nacionalismo hace que sea más complicado. Hay algo curioso que solo he visto acá, y es que cuando hay presentaciones de un artista extranjero la gente siempre espera que cante por lo menos una canción en griego. Creo que es una cuestión que tiene mucho que ver con el sentimiento nacionalista.

Puede parecer que tienes cierta ventaja ante los artistas locales, pero también depende del género en el que te desarrollas. ¿Cómo defines tu música?

Cuando terminé el conservatorio empecé a estudiar jazz, pero también surgió el interés por ritmos búlgaros y húngaros, porque vi que en Europa tenían un nivel impresionante de música y de posibilidades para este tipo de expresión artística. Salí con el deseo de desarrollarme, pero nunca terminas de hacerlo.

Hago colaboraciones con otros artistas basado en estos ritmos y géneros. Ahora estoy trabajando con Suzanna van Moyland, cantante inglesa que hace una especie de poesía, y con ella toco un piano estilo clásico-romántico. También trabajo con Mario Strofalis, pianista y compositor griego con el que estoy preparando un dúo.

Llevar una carrera acá todavía es difícil para mí porque toco en circuitos muy cerrados. He tocado en la Radiotelevisión Pública Griega (ERT), pero en un programa donde se tocan las cosas extrañas. También toco jazz en verano, cuando es temporada de festivales y, por supuesto, tango, pero no de manera cotidiana.

Pero buscas siempre la manera de mantener una relación estrecha con el tango…

Doy seminarios: me llaman para tocar y dar clases de cómo se toca el tango, porque acá está muy de moda; hay muchos grupos musicales y gente interesada. Creo que lo que les llama la atención es el modo de tocar así, argentino, sobre todo por el baile.

Además de los seminarios, ¿estás desarrollando algún proyecto musical en el que involucres este ritmo tan particular de tu tierra?

Desde hace mucho he tenido la inquietud de hacer una fusión entre tango y música brasileña. En Argentina existe una rivalidad futbolística con Brasil y a mí me gustaría plasmarla en la música. No existe un grupo de tango que fusione ritmos de Brasil, en el que se cante en portugués o se utilicen armonías más complejas como las que tiene la música de este país.

Tengo un amigo brasileño que está en Suecia y los estamos trabajando; empezamos los ensayos en febrero, en Oslo, con más músicos suecos. Es esencialmente un tango, pero mucho más rico armónica y rítmicamente. Después de tener presentaciones en Europa, queremos grabar un CD y mi sueño es presentarlo en Brasil.

¿Cómo traducirías esta rivalidad en la cancha hablando musicalmente?

La música argentina está dividida en dos partes: está el tango, que tiene un origen netamente europeo, pero con el toque del puerto enriquecido con la mezcla de los inmigrantes, un poco lo que pasó con el jazz; está el tango que no tiene percusión y después está la música del resto del país, sobre todo la del norte, que tiene influencia sirio-libanesa y la polaca-alemana, siempre con un estilo argentino, ésta sí con ritmo.

Por otro lado, la música brasileña tiene una influencia netamente africana: samba mezclada con un elemento moderno de armonías riquísimas. Son dos cosas opuestas porque en Argentina, aunque hubo negros, la influencia de la música africana no se siente, en cambio en Brasil sí, toda esa riqueza rítmica es gracias a los descendientes africanos. Más que una rivalidad es una diferencia neta.

¿Cuáles son tus influencias?

El músico brasileño Hermeto Pascoal es una de mis más grandes influencias; en la música clásica moderna mis referencias han sido Stravinsky y Béla Bartók; el jazz fue una especie de hito en mi vida musical con artistas como Bill Evans y Keith Jarrett.

De la música peruana me sorprende la manera en que tocan sus guitarristas y más adelante la música búlgara con su microtono y sus segundas menores enriquecieron mucho mi crecimiento musical. Pero en realidad encuentro belleza en todo, para mí la música es todo.

Hoy la música es todo para ti, pero entrar al circuito no siempre es fácil, ¿cómo fue que te iniciaste en este ámbito?

Empecé tocando el piano a los 10 años, a los 12 me llamó la guitarra y así comencé el camino estudiando música en un conservatorio, en Buenos Aires. Desde pequeño me interesé por adaptar todo lo que aprendía en el piano para guitarra y empecé a componer de modo autodidacta.

Ir por el camino de la música fue una decisión propia, pero mi familia es de músicos. Mi papá canta tangos en la Orquesta de José Colangelo, tengo un tío que es bailarín de tango, además de mi abuelo, que tocaba el bandoneón, instrumento del que ahora estoy buscando aprender mucho más.

Antes de los 18 años ya era un músico que trabajaba en circuitos comerciales. Me armé una sala de ensayo en Argentina, allá igual que en México, funciona mucho la música tropical mezclada con pop y otros ritmos. Yo entré a un circuito comercial en esa época, pero cuando empecé a viajar al extranjero lo hice porque en realidad quería ser músico, no un empresario de la música.

¿Qué te hace sentir la música?

Cuando hago música me siento en un mundo solo para mí. Siento que estoy en una película en la que soy el protagonista. Hay ciertos momentos musicales que son los que me hacen emocionar, esa sensación no cambió de cuando fui niño hasta ahora. La diferencia es, tal vez, que ahora es mi trabajo y a veces lo tengo que alejar un poco del placer para buscar el lado objetivo de la música. Además de tocar y componer también soy arreglista, así que cuando tengo que hacer un disco para un cantante griego o italiano, cosas con las cuales no crecí, bueno, tengo que dejar mis emociones a un lado. Pero cuando estoy haciendo mi música tengo momentos reflexivos y de introspección. Es un avistamiento fluctuante que permea todo; una experiencia casi psicodélica que amplifica todas las emociones por las que estoy pasando en ese momento.

Cuando quieres tener estos momentos de éxtasis solo para ti, ¿qué haces?

Tengo un cuarto en donde grabo, me pongo los auriculares, apago todo (vivo en lo alto de una loma, no tengo vecinos, así que estoy un poco aislado) y me pongo a tocar la guitarra sin ningún propósito, solo por el placer de hacerlo, lo mismo con el piano.

¿Qué otra cosa, además de la música, disfrutas hacer?

Me gusta leer. Alejandro Jodorowsky es uno de mis escritores favoritos porque es muy práctico. No escribe en un lenguaje difícil, da muchos inputs en sus historias, es quizá hasta repetitivo, pero me gusta porque hace énfasis en el mensaje que quiere transmitir.

El cine de Andréi Tarkovski me emociona mucho. Mi película favorita es Solaris, una adaptación de la novela de Stanisław Lem. En teoría es una película de ciencia ficción, pero en realidad es un filme introspectivo.

¿Qué significa Grecia para ti?

Acá me gusta, acá está mi casa, por ahora…