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Martes , 16.10.2018 / 19:17 Hoy

Reportaje:Más allá de las palabras irritadas, una coordinación eficaz croata-húngara

A pesar de las acusaciones mutuas entre los gobiernos de Budapest y Zagreb por la crisis de los inmigrantes, en realidad se ha impuesto una actuación común bien negociada entre ambos países.

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Más allá de las acusaciones a alto nivel entre Zagreb y Budapest en torno a la gestión de la crisis de los inmigrantes, en el terreno se ha consolidado una coordinación bien negociada y eficaz entre ambos vecinos.

Después de afirmar inicialmente que no existía ningún acuerdo entre ambos países y después del firme desmentido de Budapest, Zagreb admitió el sábado que había forzado la mano a Hungría devolviendo en autocar y tren a su frontera a inmigrantes de Oriente Medio que quieren llegar a Europa occidental.

Budapest acusaba a Zagreb de alentar a los inmigrantes a cruzar "ilegalmente" su frontera, mientras que el primer ministro croata Zoran Milanovic aseguraba que su país "no se va a convertir en el centro de refugiados de Europa".

Sin embargo, la realidad en el terreno mostraba un sistema particularmente eficaz, como la noche del sábado en el paso fronterizo croata-húngaro de Baranjsko Petrovo Selo - Beremend, en el noreste de Croacia, cuando once autobuses croatas condujeron a unos 600 inmigrantes.

Un autobús croata se detenía a un paso de la frontera. Los pasajeros bajaban en territorio croata, cruzaban a pie los pocos metros que les separaban de Hungría y se subían a un autobús húngaro que partía de inmediato. Se presentaba entonces el siguiente autobús y así los demás. Un cuarto de hora para gestionar los pasajeros de un autobús.

Destino Alemania

"Viajo desde hace veinte días. Es horrible. Estoy muy cansado", dice Oras, de 21 años, iraquí de Anbar. "Toda mi familia fue asesinada, mi hermana, mi padre, todos. Soy el único sobreviviente. Sólo quiero vivir mi vida. Es todo", dice mientras se aleja este joven enjuto con barba de días.

Un nuevo autobús se detiene. Las puertas se abren y los equipajes se esparcen por el asfalto. Ammar, un joven atlético, con camiseta blanca y bermudas a cuadros, salta del autobús y se pone a ordenar los bultos.

"Estoy con los cinco miembros de mi familia pero en realidad somos un grupo de quince, todos sirios, que nos conocimos en el mar, a bordo de una lancha neumática entre Turquía y Grecia", cuenta este parlanchín estudiante de Derecho oriundo de Damasco.

"Aquí estamos, todos juntos, acercándonos a nuestro destino, cualquier ciudad de Alemania", se congratula. Mientras espera que le toque pasar a territorio húngaro, otro joven sirio confía: "Estuvimos un poco deprimidos cuando supimos que Hungría había cerrado sus fronteras, pero ahora estamos felices".

Caminando por los campos, cientos de inmigrantes, algunos desde zonas de conflicto como Siria, Irak o Afganistán, siguieron llegando el sábado desde Serbia a Croacia, la nueva ruta de su exilio desde que Hungría cerró con una alambrada de púas sus 175 km de frontera con Serbia.

Pero ahora, el sistema para conducirlos vía Croacia a Europa occidental está bien rodado. En Letenye, paso fronterizo en el norte de Croacia, unos 60 autobuses condujeron a unos tres mil inmigrantes entre la noche del viernes y la tarde del sábado. Hungría los recibió para conducirlos de inmediato a la vecina frontera con Austria.

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