La rebelión de los militares que incomoda a Morales

No se trata de un golpe de Estado, pero los reclamos de miembros del ejército son un reto para la reelección del presidente.
Los soldados se han manifestado desde el jueves en las calles de La Paz.
Los soldados se han manifestado desde el jueves en las calles de La Paz. (David Mercado/ Reuters)

La Paz

La baja de 700 suboficiales que protestaban para acabar con la discriminación entre militares agravó la crisis castrense en Bolivia, en un año electoral en el que el presidente Evo Morales busca su tercer mandato.

El conflicto fue un golpe inesperado para el gobierno, que cuenta con el firme apoyo del sector militar.

Ayer por cuarto día consecutivo y pese a las sanciones impuestas, grupos de militares volvieron a tomar las calles vestidos de combate en La Paz y otras ciudades bolivianas, una imagen que no tiene precedentes en los últimos 30 años, desde la década de los ochentas cuando protagonizaban golpes de Estado.

"Ha ocurrido una fractura interna en las Fuerzas Armadas entre jefes y suboficiales, probablemente la más grave que ha conocido el país en mucho tiempo, ya que se trata de una ruptura en la base de la institución", explica Jorge Lazarte, sociólogo y analista político de la universidad San Andrés.

La cúpula militar respondió a los reclamos con una baja masiva para huelguistas que rompieron la estructura de mandos, y el gobierno de Evo Morales decidió apoyar, hasta el momento, esa decisión.

"Abandonar el cuartel es traición a la patria", sentenció Morales. "Unas Fuerzas Armadas sin disciplina, dejan de ser Fuerzas Armadas", apuntó.

El mandatario boliviano tiene un firme apoyo en las cúpulas militares, ganado a fuerza de responder a sus requerimientos, indican los expertos. "Ha habido pocos gobiernos que hayan dado tantos beneficios a los militares", afirma Lazarte.

Así, en los últimos años, las Fuerzas Armadas recibieron más recursos, mayores ingresos a los altos mandos, y hasta beneficios como el pago de bonos sociales.

Pero en los últimos días, aferrados al concepto de 'descolonización' que pregona el gobierno para todos los sectores desde la nueva Constitución de 2010, los militares de bajo rango, que suelen ser aymaras y quechuas, salieron a denunciar la discriminación y excesos que imponen jefes y oficiales, mayoritariamente de origen mestizo o blancos.

La inédita protesta de suboficiales, que son un 30 por ciento de los casi 38 mil 500 efectivos de las Fuerzas Armadas bolivianas, reivindica acceso a estudios superiores, ascensos de rango, mejoras salariales y atención en hospitales militares en similares condiciones a los uniformados de alta graduación, entre otros aspectos.

Los expertos destacan que la llamada 'descolonización' tuvo en este caso un efecto bumerán.

"La descolonización es un caballito de batalla de Morales en todos los ámbitos, pero en el caso de las Fuerzas Armadas el invento le está reventando en la cara", explica Lazarte.

"El gobierno quedó atrapado entre mantener esa consiga y su lealtad a la cúpula militar, que le es fiel y de la que necesita cada vez más", precisa.

Esta crisis militar estalla poco antes de que Morales inicie su campaña para las elecciones generales de octubre, en las que buscará un tercer mandato para el período 2015-2020.

Y el impacto puede sentirse. Aunque, de momento, la oposición tiene pocas posibilidades de arrebatarle el poder al mandatario izquierdista, según recientes sondeos.

"El gobierno puede perder el apoyo de un sector amplio de las Fuerzas Armadas y la oposición puede pretender mostrar que el gobierno es débil y que no tiene control del aparato militar", opina el analista Marcelo Silva, docente en la privada Universidad Nuestra Señora de La Paz.

Incluso, varios expertos advirtieron que el conflicto podría extenderse y agravarse rápidamente porque los suboficiales y sargentos son la base estructural de las fuerzas.

"Ellos conducen los tanques, los camiones, son los que siempre están en contacto con la tropa. Son la base esencial", recuerda Samuel Montaño, analista de asuntos militares, consultado por el diario La Razón.

"Podríamos hablar de que la situación se encamina a un motín", advierte al recordar que se trata de un reclamo interno que no ha sido atendido ni por los jefes militares ni por el Ministerio de Defensa.

Si bien es una de las peores crisis castrenses de la historia, tanto analistas como los propios militares descartan un golpe militar.

"Nosotros estamos reclamando justicia, que se acabe la discriminación, no estamos promoviendo un golpe", señaló el jueves el suboficial Erick Magne, uno de los principales líderes de los rebeldes, para responder a las acusaciones de "sedición".