Ocho segundos de historia hace 54 años, ocho segundos de historia hoy...

Fue medio siglo de un asta sin bandera que reflejaba enconos y disputas ideológicas. Ayer, bastaron unos cuantos acordes del himno estadunidense a unos metros del Malecón de La Habana, para dejar ...
Jim Tracy, Larry Morris y Mike East (los tres de cachucha), quienes en 1961 arriaron la bandera, observan a soldados en activo izar la Old Glory.
Jim Tracy, Larry Morris y Mike East (los tres de cachucha), quienes en 1961 arriaron la bandera, observan a soldados en activo izar la Old Glory. (Paola Garcia)

La Habana

Ocurrió a las 10:38 de la mañana. Fueron tan solo unos segundos. Exactamente ocho segundos que hoy, aquí en La Habana, hicieron un poquito de Historia...

Tres marines, vestidos de gala con trajes azules, zapatos de charol, sombreros y guantes blancos, empapados por el malvado calor veraniego de La Habana, caminaron marcialmente hasta que se detuvieron frente a tres ancianos, que también lucían uniformados.

Esos viejos no eran hombres comunes: en enero de 1961 fueron conocidos en La Habana como el sargento de artillería Mike East, el cabo Larry Morris, y el sargento mayor de artillería Jim Tracy.

Ellos fueron quienes, hace 54 años, arriaron la bandera estadunidense cuando su país rompió relaciones con Cuba. Era el 4 de enero de 1961. Los tres se ofrecieron como voluntarios para hacer descender la Old Glory del asta. El gobierno de Estados Unidos buscaba a los más rudos, feos e intimidantes marines que hubiera en la embajada para que salieran del edificio y lidiaran con alrededor de 300 cubanos que ya estaban apostados a las afueras del edificio con actitud retadora.

"Fue un momento conmovedor ver nuestra bandera ondeando por última vez. Luego parecía que algo no estaba bien. Que faltaba algo", recuerda East ante las cámaras del Departamento de Defensa, que el jueves pasado difundió un video de ocho minutos acerca de la historia de estos hombres.

Ayer Tracy, el ex marine de mayor grado, fue quien entregó una bandera nueva y doblada de Estados Unidos a un joven marine.

El secretario de Estado John Kerry, recién había terminado un discurso en el que se había dirigido a los tres militares retirados:

"Hace 54 años, ustedes, caballeros, prometieron volver a La Habana para izar la bandera en la embajada de Estados Unidos, la bandera que ustedes arriaron en aquel enero de hace muchos años. Hoy, yo los invito a que, en nombre del presidente Barak Obama y el pueblo estadunidense, cumplan esa encomienda entregando las barras y las estrellas para que sean izadas por nuestros militares".

Los tres militares en activo recibieron la bandera entregada por Tracy, giraron 180 grados sobre su eje, dieron siete pasos y se detuvieron frente al asta. Desdoblaron lentamente el lábaro.

El percusionista de una banda militar estadunidense tamborileaba acordes de suspenso mientras los marines engarzaban la bandera al cordel que la elevaría a lo largo del tubo de metal.

La bandera —discreta, no muy grande, no descomunal, menor a la bandera cubana que ondea en la llamada Tribuna Antiimperialista, un "manifestódromo" ubicado ahí en frente, a unos cuantos metros— ascendió hasta el punto más alto del asta.

Ocho segundos hoy. Y ya: la bandera de Estados Unidos ondeaba de nuevo en La Habana.

Ocho segundos ayer, en 1961, y la bandera de Estados Unido desaparecía de La Habana.

Dieciséis segundos para resumir un larguísimo periodo de historia.

De inmediato los acordes del himno nacional de Estados Unidos también sonaban por primera vez en La Habana en 54 años, desde aquel 3 de enero de 1961, faltaban unos días para que el presidente Dwight Eisenhower traspasara el poder a John F. Kennedy, y se rompieron las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y la Cuba del comandante Fidel Castro, apenas dos años después de que triunfara la Revolución Cubana.

El secretario de Estado John Kerry sonreía. Decenas de invitados al patio de la embajada de Estados Unidos, justo al lado del Malecón habanero, agitaban fervorosamente abanicos del color de su bandera, más que por patriotismo, por la severa humedad que les hacia chorrear cascadas de sudor. Aplaudían. Algunos proferían grititos de júbilo.

Afuera, cientos de cubanos que llegaron a curiosear, y que eran contenidos por vallas metálicas, murmuraban de asombro y tomaban fotos con sus celulares hacia el patio de la, ahora sí, Embassy of the United States of America.

Una mujer cubana ataviada con una camiseta estampada con la bandera gringa, lloraba:

"Mi país va a cambiar, mi país va a cambiar...", anhelaba.

Algunos jóvenes a su lado decían que nada cambiará aquí mientras no haya plena libertad de expresión. Otros le entraban al debate y alzaban la voz para decir que lo importante es que termine el embargo y eso derive en mejoras económicas para los bolsillos de los cubanos.

Los cubanos todo el tiempo debaten y por todo. Pero por hoy, más allá de las cálidas frases de Kerry en español y sus amistosas oraciones en inglés:

—Este es momento de acercarnos como dos pueblos que ya no son ni rivales ni enemigos, sino vecinos.

—Es tiempo de izar nuestras banderas para que el mundo sepa que nos deseamos el bien.

—La política de Estados Unidos hacia Cuba (la del embargo) no era correcta.

—El futuro de Cuba debe ser forjado por los cubanos (en alusión al patrocinio de Estados Unidos hacia disidentes y las exigencia de que se realicen elecciones pluripartidistas).

—No hay nada que temer: serán muchos los beneficios de los que gozaremos cuando permitamos a nuestros ciudadanos visitarse con más frecuencia, realizar negocios de forma habitual, intercambiar ideas y aprender unos de los otros.

Más allá de todas esas frases diplomáticas, la imagen histórica fue la que duró ocho segundos a partir de las 10:38 de la mañana: al ondear la bandera de Estados Unidos en La Habana, y al ondear la bandera de Cuba en Washington D.C desde julio pasado, el último vestigio de la guerra fría en América se esfumó. Se acabó. Un poco de Historia en 16 segundos...