Raúl Castro, último patriarca de Cuba

El mandatario asistirá hoy por última vez al aniversario del asalto al cuartel Moncada o Día de la Rebeldía Nacional.
El presidente dejará el gobierno en febrero de 2018.
El presidente dejará el gobierno en febrero de 2018. (Octavio Hoyos)

La Habana

Nadie en Cuba reúne hoy más poder, autoridad y secretos que Raúl Castro. El anciano general, que sorprendió al mundo al tender su mano a EU, flexibilizó el único sistema comunista de Occidente.

El mandato de Castro entró en cuenta regresiva. Hoy asistirá por última vez como presidente a los actos del 26 de julio, Día de la Rebeldía Nacional, que conmemora el ataque al Cuartel Moncada. El 24 de febrero próximo dejará la presidencia, que ejerció desde 2006, cuando enfermó su hermano Fidel, pero seguirá al frente del Partido Comunista, el único legal en Cuba.

Leal a Fidel, tan discreto como pragmático, Raúl emergió de la sombra de su hermano para llevar a Cuba por una senda de cambios económicos. De discursos breves y voz enérgica, el líder de 86 años combina la administración del poder con la reserva sobre su salud.

“No podría aparecer ante el enemigo como un hombre de alma caritativa”. Así justificó el apodo de Temible en una entrevista con El Sol de México en 1993. Castro transformó un ejército de rebeldes en un eficiente aparato militar y ha sido implacable: Estuvo detrás del juicio de 1989 al general Arnaldo Ochoa, fusilado junto a otros tres oficiales por narcotráfico, y en 2009 expulsó del círculo de poder a dos protegidos de Fidel: el vicepresidente Carlos Lage y el canciller Felipe Pérez por “ambiciones desleales”.

También excarceló a decenas de opositores por mediación de la Iglesia católica y bajo su mandato se multiplicaron los arrestos temporales y el enjuiciamiento de disidentes por delitos comunes.

Es “una represión de baja intensidad, contramediática para que no tenga impacto”, dice Manuel Cuesta, un opositor moderado.

Castro pregonó su apertura a las reformas siempre que no tocaran el régimen de partido único. A finales de 2014 anunció el restablecimiento de relaciones con EU; en 2016 fue el anfitrión de Barack Obama y ese año ayudó a firmar la paz con la guerrilla más antigua de Colombia.

Con Venezuela (fuente de petróleo barato) en crisis, el embargo de EU vigente y el recuerdo del colapso del protector soviético, amplió el trabajo privado y autorizó la compra y venta de viviendas y vehículos. Además, eliminó las restricciones de viajes para los cubanos e impulsó la inversión extranjera.

Raúl Modesto Castro Ruz nunca le disputó el protagonismo a su hermano. “Fidel y Raúl funcionaron como un equipo complementario”, señala Arturo López-Levy, autor del libro Raul Castro and the New Cuba: a Close-up view of change.

En noviembre anunció al mundo la muerte de Fidel. Años antes, fue testigo de la agonía de Hugo Chávez. Raúl guarda los detalles de ambos decesos. “Es hombre de poder porque es hombre de secretos”, dijo el empresario mexicano Mario Vázquez Raña en 1993.

Los Castro ocultaron por años el enfriamiento de relaciones con la ex URSS, que llegó a retirarles el apoyo militar frente a EU. “Sufrimos en silencio”, confesó Raúl. Solo él y sus más cercanos conocen quién será su sucesor. El vicepresidente Miguel Díaz-Canel (57 años) parece contar con su bendición.

El ex agente de Moscú Nicolás Leonov, autor del libro Raúl Castro, un hombre en Revolución, destaca su amor por los árboles, el gusto por la natación y las caminatas, además de su chispa bromista.

Castro estuvo casado 48 años con Vilma Espín, su compañera de armas fallecida en 2007. Tiene tres hijas y un varón, nueve nietos y una bisnieta.

Su hijo Alejandro es un oficial muy influyente, pero ni él ni los héroes revolucionarios que aún viven podrían jamás tener su autoridad. Previsor, Castro ya dispuso el sitio donde será enterrado: un nicho de piedra en una montaña de Santiago (oriente) junto a los restos de su esposa.