“No queremos más guerra, el pueblo ruso es hermano”

El 24 de agosto de 1991 la antigua Rus de Kiev celebró 23 años de vida independiente, aunque su búsqueda de soberanía e integridad territorial siguen en entredicho.
“México fue el primer país que reconoció nuestra independencia.”
“México fue el primer país que reconoció nuestra independencia.” (Javier Ríos)

Ciudad de México

Entrevista con Ruslán Spírin, embajador de Ucrania


Hace 500 años, Rus de Kiev, hoy Ucrania, fue la tierra más grande y fuerte de Europa, dividida luego entre el Imperio ruso y el austro-húngaro. En  1922, Ucrania se adhiere a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) cuando el mundo era bipolar y EU y Rusia, los peores enemigos. Con el colapso de la URSS en 1991, Ucrania se independiza el 24 de agosto de ese año, pero sus metas de soberanía y seguridad —a cambio de haber entregado en 1994 su arsenal como tercera potencia nuclear mundial— siguen a la espera. Desde noviembre, Ucrania vio caer al presidente pro ruso Viktor Yanukóvich, perdió la península de Crimea, que volvió a ser rusa y una rebelión armada en el sur desafía al nuevo gobierno pro europeísta de Petro Poroshenko.


Pareciera que Ucrania está marcada por la división. ¿Hay dos Ucranias?

¡Claro que no! La gente salió a las calles en noviembre porque el presidente Yanukóvich —hoy fugitivo— no quiso firmar el memorando de Asociación con la Unión Europea, cuando el objetivo principal de nuestra política exterior es la integración con Europa. Pero la gente también quiso decir que ya no se puede vivir manipulados. A Yanukóvich quisieron imponerlo en 2004 y la gente se organizó en la Revolución Naranja. Ahora eso ya es historia, pero cuando afirman que  hay dos Ucranias, una pro rusa y otra pro europea, es la propaganda rusa la que lo dice. Porque cuando en marzo pasado Rusia, de manera agresiva, ingresó en Crimea, la sociedad ucraniana se unió y ahora está más unida que nunca.


Los gobiernos de Rusia y de Alemania dicen que las fuerzas que luchan en Donetsk y en Lugansk son “separatistas”. ¿Por qué su gobierno los llama “terroristas”?

Hay una expresión, “turistas de Putin”, para hablar de esos jóvenes bien preparados que llegaron a Ucrania, enviados por Moscú para desestabilizar. Rusos y ucranianos tenemos la misma apariencia, hablamos el mismo idioma y la tarea de esta gente, como se vio en Crimea y ahora en el este, es fingir que son ucranianos que quieren separarse. Oficiales rusos dirigen a estos terroristas mercenarios, pagados por Moscú. De 46 millones de habitantes, algunos miles nada más son realmente ucranianos pro rusos. Y esto se vio en las elecciones presidenciales de abril, cuando todos votaron por el candidato Petro Poroshenko, que logró un triunfo sin precedente porque antes una mitad del país votaba por un candidato y la otra por otro. Esta vez, todas las regiones, incluso el sureste, votaron por él. Esto muestra que Ucrania quiere integrarse a la Unión Europea y, a la vez, seguir haciendo negocios y conviviendo con Rusia porque somos vecinos. Pero necesitamos que el deseo sea mutuo para lograrlo.


¿Cuál es la solución a la crisis, cuándo ya han muerto miles de personas en el sureste?

No se puede vivir en este mundo, nuestro mundo en el siglo XXI con las intenciones del siglo XIII, cuando pretendes recuperar y anexar tierras vecinas con ataques ofensivos. De hecho, si cerramos la frontera entre Rusia y Ucrania, en dos semanas terminaríamos con ese conflicto y tendríamos la paz. Es Rusia la que permite que esas tropas entren a Ucrania con tanques, cohetes, técnicas tan sofisticadas que permiten a los terroristas derribar aviones a una altura de diez mil metros, como ocurrió con el vuelo de Malaysia Airlines el 17 de julio. Esperamos el dictamen de la comisión investigadora a comienzos de septiembre… A la vez, el presidente Poroshenko está descentralizando su gobierno para darle más autonomía a las regiones, según la reforma constitucional que ya está en vigor.


¿Hay optimismo ante la cumbre del próximo martes en Minsk entre líderes de la región?

Sí, la puerta de la paz está abierta y con este fin —además del comercial y aduanal— se organizó el 26 de agosto una reunión entre Ucrania y la Unión Euroasiática —Rusia, Kazajastán, Bielorrusia— en Minsk, capital de Bielorrusia y ahí los presidentes van a conversar, también el presidente ruso Vladimir Putin y Poroshenko, para  resolver la situación de manera pacífica. Ya no más guerra, no más muertes.


En lo personal, nunca imaginé que Rusia y Ucrania entraran en guerra por el reintegro de Crimea a Moscú. ¿Existió ese riesgo?

Nunca, porque hemos vivido así por cientos de años. Moscú tiene 800 años y Kiev, que es más antigua, mil 500 años. Los primeros alcaldes de Moscú eran hijos de alcaldes de Kiev. Todo ruso sabe que Kiev es considerada la madre de las ciudades rusas. Tenemos una historia integrada entre ambas sociedades, el pueblo ruso es considerado por Ucrania como un pueblo no solo amigo, sino hermano. Solo los planes ambiciosos de los políticos rusos han abierto la posibilidad de esta guerra no declarada, híbrida. Pero lo que ocurrió con Crimea nunca lo pudimos imaginar, porque siempre hemos luchado juntos contra amenazas externas. En la Segunda Guerra Mundial vencimos juntos a la ocupación nazi. Nunca pensamos que un día los rusos se iban a convertir en los ocupantes.


¿Tiene familia en Rusia?

Sí, tengo parientes rusos, no hay que olvidar que durante siete décadas las catorce repúblicas que adherimos a la URSS como estados subnacionales, estábamos muy integradas. Tengo familia también en Ucrania y una hija que estudia en México… Todos somos familia y no pretendemos luchar unos contra otros. Los pueblos son hermanos. Por cierto, quiero agradecer el apoyo completo y continuo que México siempre le dio a Ucrania. México fue el primer país que reconoció nuestra independencia hace 23 años y también el primero que declaró oficialmente su apoyo a la integridad territorial del país y rechazó las acciones agresivas de Rusia en Crimea. México también le ha explicado a sus vecinos qué es lo está sucediendo allá y ya estamos sintiendo ese apoyo, gracias en gran parte al papel de México.