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Viernes , 25.05.2018 / 23:15 Hoy

“¿Qué hemos hecho para merecer esto?”

En el campo de refugiados de Marj, en el este de Líbano, sirios que han perdido todo al ser obligados a abandonar su país lamentan que Trump vete su ingreso a Estados Unidos.

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La Aldea

"¿Qué ha hecho el pueblo sirio para merecer esto?" Tiritando de frío en un campamento del territorio libanés, Abu Mahmud al Ghul alza la voz contra el decreto del presidente Donald Trump que prohíbe la entrada de refugiados sirios en Estados Unidos.

Este hombre de 44 años es uno de los millones de sirios que huyeron de la guerra en busca de un refugio en países de acogida.

Al Ghul, de la ciudad siria de Quseir, en la provincia de Damasco, y con seis hijos, se refugió en un campamento improvisado en Marj, en el este de Líbano, un país vecino de cuatro millones de habitantes que pese a ser pequeño acogió a un millón de refugiados sirios.

“¡Cuando uno piensa que es un país democrático el que lo hace...! Tanto si nos prohíben entrar como si no, ¿qué puede hacer el pueblo?”, pregunta, resignado Al Ghul.

En el campamento de Marj, en la meseta de Bekaa, donde los refugiados instalaron barracas, los niños están ateridos, con temperaturas que rondan los cero grados centígrados.

Según la Agencia de la Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), la región de la Bekaa acoge a más de 360 mil refugiados sirios forzados a abandonar sus hogares por la violencia que ha causado más de 310 mil muertos en casi seis años de guerra entre el ejército que apoya al mandatario Bashar Asad, los grupos insurgentes pro Occidente y las huestes rebeldes unidos a los yihadistas, principalmente del Estado Islámico (EI)

¿PAÍS DEMOCRÁTICO?

El viernes pasado, el nuevo presidente estadunidense anunció un giro en la política migratoria y de acogida de los refugiados, contra algunos países de mayoría musulmana como Siria para detener, según argumentó el magnate, la posible entrada a territorio estadunidense de “terroristas islámicos radicales”.

Según el decreto del republicano, los refugiados sirios no podrán entrar hasta nueva orden en el país norteamericano, que solo aceptó a 18 mil de ellos desde 2011.

En otro campamento improvisado de la Bekaa, cerca de la localidad de Bar Elias, los refugiados viven el decreto como una gran injusticia.

“Él (Trump) no tiene el derecho de tomar semejante decisión”, afirma Ibtisam Yusef al Faraj, una mujer de 41 años con cuatro hijos. Es oriunda de la región de la Ghuta oriental, un bastión rebelde cerca de Damasco, la capital siria.

“Pretenden ser un país democrático y no lo son. Somos refugiados ¿dónde está el problema si entramos legalmente en Estados Unidos? ¡Qué más le dará!”, afirma, tocada con un velo verde.

Abu Mahmud e Ibtisam llegaron a Líbano, como la mayoría de los refugiados, en los primeros años de la guerra que estalló en 2011. Beirut no es un país firmante de la Convención de Ginebra sobre los refugiados y no reconoce su estatuto.

Las reacciones de estos refugiados fueron recogidas antes de la firma del decreto de Trump, aunque un juez de EU limitó ayer el alcance de esta orden ejecutiva.

Los refugiados viven en condiciones muy duras pese a las ayudas internacionales y muchos niños no están escolarizados. Además, según Naciones Unidas, la tasa de natalidad es muy alta entre ellos.

El decreto de Trump “es un error. Esperemos que cambie de opinión sobre los refugiados sirios. No tiene más que ver cómo vivimos en los campamentos. Tiene que ser solidario con nosotros, y los países europeos también”, insiste Ibtisam.

Incluso, los refugiados más jóvenes también demuestran su profunda decepción. “Es una injusticia para el pueblo sirio, una gran injusticia”, afirma Qusai Yusef, de 12 años. “Espero poder volver a mi país”.

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